Las mujeres sabias, Laura Gutman

Las mujeres sabias

Con la ilusión y la ambivalencia de devenir abuelas, las mujeres maduras nos disponemos a afrontar esta nueva etapa, procurando ofrecer a nuestros nietos lo que quizás no pudimos ofrecer a nuestros hijos: tiempo disponible.
Sin embargo, la “abuelidad” tiene un objetivo mucho más pleno y necesario, que es la función de transmitir los secretos de la maternidad a las mujeres más jóvenes, ofreciendo nuestro conocimiento acerca del mundo interior, ya que ahora no necesitamos alimentar al niño, sino que superamos ese rol nutriendo espiritualmente a la comunidad de mujeres que devienen madres. Es posible que en el pasado hayamos padecido situaciones penosas, y a partir de esas vivencias hoy podamos optar entre dos posturas: ser duras y críticas desaprobando el modo en que ellas crían a sus hijos –con lo cual nuestras hijas necesitarán distanciarse de nosotras- o bien abrir el corazón con nuestra experiencia de antaño a cuestas, y ponerla al servicio de las madres jóvenes apoyándolas, comprendiéndolas, aceptándolas, amándolas y admirándolas. Y así constatar la cercanía y el entendimiento que podemos producir entre las diversas generaciones, cosa que redundará a favor del niño.
Es verdad que hemos desmerecido globalmente la sabiduría profunda de las mujeres maduras a causa de la mala reputación que han adquirido las arrugas y algunos cabellos blancos. Pero que nuestro físico pierda fuerza y belleza en la madurez es imprescindible para desapegarnos de lo aparente y sumergirnos en la complejidad del ser. Si quedáramos muy atadas a lo físico, difícilmente estaríamos dispuestas a zambullirnos en lo insondable de la vida espiritual. Necesitamos la belleza de las arrugas, el grosor de la piel algo más curtida y la fluidez de los tejidos un poco más blandos, para desparramar la sabiduría de la experiencia sobre quien esté dispuesto a aprovecharla.
Tengamos en cuenta que hoy son muchas las mujeres jóvenes con niños en brazos necesitando huir del hecho materno. Si las mujeres maduras estamos dispuestas a revisar nuestra historia sin aferrarnos a ella, y si logramos darnos cuenta que tal vez hemos sido innecesariamente hostiles o severas en el pasado, podremos resarcirnos abriendo las puertas de la conciencia femenina para que nuestras hijas y nueras puedan transitar el camino de la maternidad con mayor sostén, apoyo y generosidad. Sólo entonces mereceremos ser llamadas mujeres sabias.

Laura Gutman

3 comentarios:

tam tam dijo...

Después de leer este artículo sólo se me ocurre ahora mismo el ole!ole! y ole!. Después de un día como el de hoy necesitaba ke algo calmara mi interior y este artículo de laguna manera lo ha hecho. No tengo hijxs, pero soy hija y tengo la suerte de poder disfrutar de mi madre y de mi padre, aunque a veces parece que es una lucha entre generaciones, pero hay mucho que aprender y que enseñar.
besos a todxs!

Mundo de Ariadna dijo...

yo tengo la suerte de contar con una madre sabia que a parte de que si estuvo y tubo tiempo (dentro de las posibilidades) para mi cuando yo era pequeña...tambien cumple maravillosamente bien su funcion "abuelil" transfiriendome esa sabiduria que tiene del saber ser persona y madre
gracias mama-nana

Luisina dijo...

qué genial que es Gutman...ayer me compré su último libro "La revolución de las madres". Es el único que me falta leer...me encanta.
Saluditos desde argentina!!! Tu hijita está preciosa...veo que ya llegó el calor, por acá aún no se va pero ya entramos en otoño.
Besotes