La raíz de la violencia, ALICE MILLER

La raíz de la violencia - 12 Puntos - ALICE MILLER

Actualmente estoy leyendo el libro "Por tu propio bien" de Alice Miller y estoy viviendo todo un proceso interno que bien merece una parada y reflexión. El libro narra y analiza las infancias de tres personas que hicieron cosas terribles y busca la conexión entre esos actos y la aplicación de la llamada "pedagogía negra", de ahí el título. ¿Cuántas veces hemos oído o incluso hemos utilizado esa expresión? Por tu propio bien. Cuando en realidad no es para nada así, es por el bien de cada uno, o lo que es peor...nos convencemos de que es por el bien del otro por nuestra incapacidad para analizar realmente que ocurre en nuestro interior y de dónde viene ese resorte que nos hace acabar diciendo algo así.

Tuve la maravillosa suerte de no ser educada así, aunque eso no quiere decir que nunca haya oído esa expresión aplicada a mi persona, pero no se me educó en la pedagogía negra, crecí rodeada de amor y de respeto. El libro por tanto no remueve nada de mi infancia, pero si que me toca analizar cómo actúo como adulta, con mi hija, con mi entorno, cómo enfrento las situaciones que me encuentro, cuando veo a unos padres ejercer cualquier tipo de violencia con sus hijos, o cuando yo ejerzo una autoridad mal entendida con mi hija. ¡Qué poco conscientes somos como sociedad de las futuras repercusiones de esta mal llamada educación que damos a los niños!
Siempre que pienso en este tema recuerdo a una buena amiga que suele decir que la forma en que los demás educan a sus hijos SÍ es de nuestra incumbencia, ya que esos niños serán los compañeros de vida de los nuestros y afectarán a su desarrollo como seres.

Hoy rescato un artículo de Alice Miller, el cual os invito a leer y a comentar si os parece adecuado.

Hace ya varios años que está científicamente comprobado que los efectos devastadores de los traumatismos infligidos a los niños repercuten inevitablemente sobre la sociedad. Esta verdad concierne a cada individuo por separado y debería –si fuese suficientemente conocida– llevar a modificar fundamentalmente nuestra sociedad, y sobre todo a liberarnos del crecimiento ciego de la violencia. Los puntos siguientes ilustrarán esta tesis.
  • Cada niño viene al mundo para expandirse, desarrollarse, amar, expresar sus necesidades y sus sentimientos.
  • Para poder desarrollarse, el niño necesita el respeto y la protección de los adultos, tomándolo en serio, amándolo y ayudándolo a orientarse.
  • Cuando explotamos al niño para satisfacer nuestras necesidades de adulto, cuando le pegamos, castigamos, manipulamos, descuidamos, abusamos de él, o lo engañamos, sin que jamás ningún testigo intervenga en su favor, su integridad sufrirá de una herida incurable.
  • La reacción normal del niño a esta herida sería la cólera y el dolor. Pero, en su soledad, la experiencia del dolor le sería insoportable, y la cólera la tiene prohibida. No le queda otro remedio que el de contener sus sentimientos, reprimir el recuerdo del traumatismo e idealizar a sus agresores. Más tarde no le quedará ningún recuerdo de lo que le han hecho.
  • Estos sentimientos de cólera, de impotencia, de desesperación, de nostalgia, de angustia y de dolor, desconectados de su verdadero origen, tratan por todos los medios de expresarse a través de actos destructores, que se dirigirán contra otros (criminalidad, genocidio), o contra sí mismo ( toxicomanía, alcoholismo , prostitución, trastornos psíquicos, suicidio).
  • Cuando nos hacemos padres, utilizamos a menudo a nuestros propios hijos como víctimas propiciatorias: persecución, por otra parte, totalmente legitimada por la sociedad, gozando incluso de un cierto prestigio desde el momento en que se engalana con el título de educación. El drama es que el padre o la madre maltratan a su hijo para no sentir lo que le hicieron a ellos sus propios padres. Así se asienta la raíz de la futura violencia.
  • Para que un niño maltratado no se convierta ni en un criminal, ni en un enfermo mental es necesario que encuentre, al menos una vez en su vida, a alguien que sepa pertinentemente que no es él quien está enfermo, sino las personas que lo rodean. Es únicamente de esta forma que la lucidez o ausencia de lucidez por parte de la sociedad puede ayudar a salvar la vida del niño o contribuir a destruirla. Esta es la responsabilidad de las personas que trabajan en el terreno del auxilio social, terapeutas, enseñantes, psiquiatras, médicos, funcionarios, enfermeros.
  • Hasta ahora, la sociedad ha sostenido a los adultos y acusado a las víctimas. Se ha reconfortado en su ceguera con teorías, que están perfectamente de acuerdo con aquellas de la educación de nuestros abuelos, y que ven en el niño a un ser falso , con malos instintos, mentiroso, que agrede a sus inocentes padres o los desea sexualmente. La verdad es que cada niño tiende a sentirse culpable de la crueldad de sus padres. Y como, a pesar de todo, sigue queriéndolos, los disculpa así de su responsabilidad .
  • Hace solamente unos años, se ha podido comprobar, gracias a nuevos métodos terapeúticos, que las experiencias traumatizantes de la infancia, reprimidas, están inscritas en el organismo y repercuten inconscientemente durante toda la vida de la persona. Por otra parte, los ordenadores que han grabado las reacciones del niño en el vientre de su madre, han demostrado que el bebé siente y aprende desde el principio de su vida la ternura, de la misma manera que puede aprender la crueldad.
  • Con esta manera de ver, cada comportamiento absurdo revela su lógica , hasta ahora ocultada, en el mismo instante en que las experiencias traumatizantes salen a la luz.
  • Una vez conscientes de los traumatismos de la infancia y de sus efectos podremos poner término a la perpetuación de la violencia de generación en generación.
  • Los niños, cuya integridad no ha sido dañada, que han obtenido de sus padres la protección, el respeto y la sinceridad necesaria, se convertirán en adolescentes y adultos inteligentes, sensibles, comprensivos y abiertos. Amarán la vida y no tendrán necesidad de ir en contra de los otros, ni de ellos mismos, menos aún de suicidarse. Utilizarán su fuerza únicamente para defenderse. Protegerán y respetarán naturalmente a los más débiles y por consecuencia a sus propios hijos porque habrán conocido ellos mismos la experiencia de este respeto y protección y será este recuerdo y no el de la crueldad el que estará grabado en ellos.

Alice Miller 2008

7 comentarios:

Montse y Lidia dijo...

Gracias por la entrada. Me ha gustado mucho. He leído algunos libros de Alice Miller y siempre me remueve por dentro. Aprendo mucho de ellos y de mí misma.
Por cierto, en relación a lo que cuentas de que te ha hecho vigilar de qué manera algunas veces aplicamos una crianza sin conexión con las necesidades del niño, acabo de leer un libro que quizás conoces, "Ser pladres conscientes" de Siegel. Seguro te gustará. He escrito una entrada sobre él, te adjunto el enlace por si te interesa leerlo. Un saludo y enhorabuena por tu blog.

http://jugandoenfamilia.blogspot.com.es/2012/08/ser-padres-cosncientes.html


Montserrat Reyes

Montse y Lidia dijo...

Hola María. Gracias por tu entrada, me ha gustado mucho. He leído varios libros de Alice Miller y siempre me remueven. Respecto a lo que dices de que a tí te ha hecho pensar en cuando la comunicación con tu propia hija se vuelve algo autoritaria (nos pasa a todos), te recomiendo un libro que acabo de leer. Quizás lo conoces "Ser padres conscientes" de Siegel. Acabo de escribir una entrada sobre lo que he aprendido. Te paso el enlace por si te interesa. Enhorabuena por tu blog:

http://jugandoenfamilia.blogspot.com.es/2012/08/ser-padres-cosncientes.html

Montserrat Reyes

Maria dijo...

Muchísimas gracias Montse, me paso ahora mismo a leer tu entrada y buscaré el libro que comentas, para seguir profundizando en este tema que para mi es primordial

Montse Reyes dijo...

Gracias María. Un abrazo
Montse Reyes

Normis dijo...

Cuanto para aprender y cuanto para practicar , para que los niños de hoy en dia sean buenos hombres en el mañana .... entrada mas que interesante , te dejo un abrazo y mil cariños !!!!!!

Carol dijo...

Me ha gustado eso de "la forma en que los demás educan a sus hijos SÍ es de nuestra incumbencia, ya que esos niños serán los compañeros de vida de los nuestros y afectarán a su desarrollo", tiene mucha razón.

Me he leído algún libro de Alice Miller y siempre me ha removido. Nos influye mucho lo que vivimos de niños, y cuando somos padres puede salir mucho a la luz. Si somos conscientes podremos evitar (o intentarlo, no siempre es fácil) repetir los mismos patrones.

Un saludo

Maria dijo...

Gracias Carol por tu comentario, estoy de acuerdo en lo de ser conscientes...pero se requiere un trabajo con uno mismo y un autocontrol grandes, cuando menos nos lo esperamos...sale a relucir el "por tu bien" o similiares...