“Queremos que los bebés coman más que los adultos, ¡y luego que están obesos!”

Entrevista de Nuria Casas a Carlos González en Heraldo.es

Tras leer sus tesis, da la impresión de que el bebé es como el cliente, que siempre tiene la razón.

En realidad, sí, según va creciendo se le quita un poco, pero el bebé solo pide cosas razonables. Un niño mayor a lo mejor llora porque quiere un bicicleta, pero un bebé solo llora para que le cojan en brazos. Quiere el cariño y el amor de sus padres.

Se pregunta si creemos que los reformatorios y las cárceles están poblados de personas a los que cogieron demasiado en brazos. Es una forma de verlo.

Cuando doy conferencias me gusta hacer una pequeña encuesta: ¿A cuántos de los padres y madres presentes les ha dicho alguna vez un profesional sanitario que no cojan a su hijo en brazos? ¿Y cuántas veces les han dicho que pongan tapones de seguridad a los enchufes para que el niño no meta los dedos? Parece que el mayor peligro que corre un bebé es que lo cojan en brazos. Insisten más en eso que en que le vacunen.

Respecto a la alimentación, defiende que no hay que obligarles a los niños a comer.

Jamás.

¿Por qué?

Porque es innecesario, contraproducente y peligroso. Innecesario porque todos los niños comen lo que necesitan. Contraproducente, porque la mayoría de los niños lo que hacen es enfadarse muchísimo y comer todavía menos. Y peligroso porque algunos pobrecicos son tan buenas personas que si ven que sus padres insisten, por no llevarles la contraria comen de más, y en este momento tenemos una epidemia de obesidad infantil en España. Y la obesidad infantil es debida a que los niños comen demasiado, no tiene otra explicación.

¿Queremos que coman como adultos?

Mucho más que adultos, porque la típica papilla infantil que se da a bebés de seis meses, de media pera, media naranja, media manzana y cuando viene la abuela una galleta María, eso se lo dan a niños de seis kilos. Es decir, yo tendría que comer doce veces esa cantidad. ¡A ver cómo me como yo seis peras, seis naranjas, seis manzanas y doce galletas María!

Sí defiende que se les acostumbre a comer de todo.

Que se les ofrezca la comida normal de la familia, que es el objetivo, que vaya aprendiendo a comer normal. Luego te encuentras a muchos padres que se quejan de que niños de dos y tres años solo comen triturado. Es que había que empezar mucho antes, si no se les pasa las ganas, los niños a los seis, los ocho y los nueve meses están deseando llevarse a la boca comida normal. A los bebés les encanta probar de todo, de hecho se comen hasta las llaves del coche.

Considera que dar el pecho es mano de santo, vale para todo.

Para casi todo. Los niños no siempre lloran por hambre, no siempre que piden el pecho es por hambre. El pecho va bien para cuando se despierta por la noche, está despierto y no sabe por qué.

¿Hay que dárselo a demanda y el tiempo que quiera?

El tiempo que madre e hijo quieran. Lo importante es que cada cual pueda decidir, porque en esto hay un poco de discriminación, porque hay madres que deciden dar el pecho y hay madres que deciden dar el biberón, cada una toma sus decisiones. Pero nunca he oído a una madre que intente dar el biberón y fracase, ni que el médico le dijera: “No hay que ser fanáticos, si rechaza el biberón dale el pecho que también se cría”.

Pero es más fácil compaginar el biberón que el pecho cuando la mujer trabaja.

Sí, pero es que llevamos una vida un poco arrastrada. Tradicionalmente siempre se ha dicho que trabajabas para dar de comer a tus hijos, y ahora resulta que dejas a tus hijos para irte a trabajar. Si lo importante en esta vida es cuidar a nuestros hijos, todo lo demás está supeditado a eso.

Ese recado también irá destinado a los padres.

Claro, a todo el mundo. Y así ha sido siempre, en la Edad Media un campesino no decía: trabajo para hacerme rico o trabajo para realizarme como persona, sino para darle de comer a los hijos. Ahora parece que trabajar es un bien en sí mismo y, si nos sobra tiempo, cuidamos al niño.

Dice que acostumbrar a los niños a un horario no tiene ninguna ventaja.

No, y además sería un serio problema, porque si lo acostumbras a desayunar a las siete, ¿qué pasa el domingo? Tú quieres que el domingo desayune a las 9.30. El otro día me contó una madre que en la guardería donde iba a llevar a su hijo un mes más tarde le dijo la directora: “Es muy importante que los niños tengan un horario fijo”. Y la madre respondió: “Sí, eso ya lo hago bien porque mi hijo siempre come a las dos”. “Ah, no, pues eso lo tienes que cambiar porque aquí se come a la una”.

Así que el horario es bueno para el que lo pone, no para el niño.

Claro. Si fuera tan importante el horario del niño, se acomodaría la guardería en lugar del pequeño.

Tampoco cree en la teoría de que si el bebé duerme mal es porque está mal criado.

No, salvo en el sentido que se considere malcriar. Pegar bofetones es criarlo mal. Abandonar a un niño, no hacerle caso, es malcriar. Un niño al que por la noche no hacen caso, no consuelan y no atienden pues es posible que duerma mal. Un bebé se despierta cada dos horas para comprobar si su mamá está. Si es así, se vuelve a dormir, y si no, llora hasta que mamá viene.

¿Está diciendo que el método Estivill, basado en dejar llorar al niño es un caso de maltrato?

No maltrato en el sentido de pegar o hacer daño, pero no está bien. No me gustaría que me tratasen así. Imagina que estás en el hospital con una pierna enyesada, llamas al timbre y la enfermera no viene. Se asoma a la puerta y te dice: es de noche, tienes que dormir de un tirón, adiós. Pues no dirías que en ese hospital te tratan bien.

Pero si el enfermo es un pesado que no para de tocar al timbre para llamar la atención… ¿o no hay bebés así?

Es que a los bebés sí les pasa algo. A un niño que está llorando lo coges en brazos, le dices unas cuantas cositas y se calma.

Caso práctico: mi hijo de cinco años viene a las cuatro de la madrugada a nuestra cama. ¿Qué hacemos?

Nada, salvo un hueco. Es lo más cómodo que se me ocurre.

A él también le parece lo más cómodo.

¿Qué otras soluciones hay? Irse a dormir con él requiere más esfuerzo. A los padres les han hecho muy difícil el sueño de los niños. Nuestros abuelos ni se lo planteaban, ha empezado a ser un problema cuando los padres han considerado que es obligatorio que duerman en otra habitación

Minas de aluminio

Hoy me llegó este video por e-mail y aunque ya sabemos que hay cosas así en todo el mundo, no por ello deja de merecer la pena difundirlo



¿Por qué elegimos este camino?

Quiero compartir hoy un fragmento de un texto de La Serrada. que me parece que resume a la perfección los sentimientos de muchos de nosotros

… Este camino no es otra cosa que el tratar de criar a nuestros hijos con unos valores y principios muy claros: cariño y respeto, y con la confianza total en que ellos mismos son capaces de trazar su propio ritmo en su evolución, su crecimiento, y en las formas de relacionarse con el entorno y con otras personas. Lo que llamamos autorregulación.
Cuando hablamos de respeto hablamos de respetar al niño como persona, sus derechos, sus necesidades básicas, su integridad física y moral, su ritmo personal y único de crecimiento, su necesidad de apego, su dependencia…
Criar en base a estos principios requiere una maternidad/paternidad consciente, vivida plenamente y con intensidad, sin dejarse arrastrar por lo que lleva la corriente o hace la mayoría, planteándose ante cada paso qué es lo que nos hace sentir mejor a nosotros y a nuestros hijos y no qué es lo que ha hecho mi vecino o qué es lo que hicieron mis padres.
No es un camino fácil ya que normalmente los padres que en algún momento nos decantamos por vivir de esta manera con nuestros hijos no tenemos una experiencia que nos sirva como base. Casi todos hemos sido criados de una manera muy distinta a la que intentamos aplicar, y de manera casi automática, cuando se plantea una nueva situación con nuestros hijos, la respuesta que nos sale es la que utilizaron nuestros padres o la que en múltiples ocasiones hemos visto utilizar a otros padres en situaciones similares. Cometemos errores, en algunos momentos podemos incluso salirnos del camino, nos falta información, referencias y además la sociedad no acaba de entender esta forma de crianza, confundiéndola a menudo justo con lo contrario: permisividad, pasotismo y falta de límites.
Todo lo que expongo a continuación seria un planteamiento aproximado de una familia que ya desde el embarazo tiene unas ideas claras del camino a seguir con sus hijos. Esta sería una situación ideal, pero no es la más común. Muchas familias no se plantean estas cuestiones hasta después de conocer a su hijo, porque es tras conocerlo cuando todas las prácticas estándares de crianza de nuestra sociedad les resultan difíciles o imposibles de aplicar cuando ya no se habla de aplicarlas a un bebé genérico, sino al suyo. Hay quien descubre que no todo son verdades absolutas en la crianza meses o incluso años después de haber tenido hijos, y se replantean totalmente su relación con ellos.
Quién inicia este camino desde su origen, es consciente de que la relación con un bebé no empieza con el nacimiento, sino que se inicia ya durante el embarazo y el parto. Estos dos aspectos son tradicionalmente olvidados en la crianza. Son dos “cosas” que han de pasar, y a partir de ahí ya nos planteamos (si nos lo planteamos) como criaremos a nuestros hijos, cuando en realidad son dos procesos muy importantes y con los que ya se inicia la crianza.
El embarazo, a ojos de la sociedad, es visto más como una enfermedad que como un proceso natural. Esa visión se traslada a las futuras madres, que mayoritariamente ceden el protagonismo al ginecólogo, se centran en las molestias que causa, y solo miran al punto final: las ganas de que eso acabe y conocer a su bebé, perdiéndose por el camino todo un proceso, que aún con sus inconvenientes es el momento para empezar a conectar con el bebé, de empezar a crear ese vínculo invisible que mantendrá unidos a mamá y bebé cuando ya no lo estén físicamente.

Es el momento también de plantearse el parto, con el que socialmente ocurre algo similar al embarazo: el parto duele y eso provoca miedo. Cuando se oye hablar de partos siempre se habla de dolor, o de como evitar el dolor. Queda la impresión de que todo es dolor en el parto, y así no es raro encontrar mujeres que dicen preferir “que me lo saquen” o “yo prefiero no saber demasiado y hacer caso a lo que me digan” para evitar ese momento que intuyen horrible y doloroso. Es una reacción normal, provocada por el miedo, y no es culpa de la futura mamá sentirse así cuando nunca ha oído una palabra bonita acerca de un parto. En un parto natural, respetado, en el entorno seguro y tranquilo que una mujer necesita, el dolor pasa a un segundo plano, el protagonismo ya no se centra en el dolor, sino en la importancia de lo que está ocurriendo allí: mamá está ayudando a nacer a su bebé, ella sola, a su ritmo, segura de si misma y en profunda conexión con él.
Lo primero que podemos hacer por respetar a ese bebé en su llegada al mundo, es permitirle que nazca de la mejor manera posible; y los bebés están preparados para nacer de una manera natural, con una mamá tranquila e ilusionada que sabe que es capaz de ayudarlo a nacer por si misma, sin que la tengan que dirigir ginecólogos o matronas. El hecho de llevar los partos al hospital y someterlos a protocolos estrictos y la mayoría de las veces poco respetuosos con las madres, ha provocado dos efectos: uno bueno, que es facilitar los partos difíciles y otro malo que es complicar los partos sencillos.
Aunque no nos solemos acordar, pertenecemos al reino animal, a los mamíferos concretamente, y como cualquier hembra de mamífero una mujer necesita un entorno favorable para tener un parto sin dificultades. El miedo dificulta e incluso paraliza los partos en todos los mamíferos, y la especie humana no es una excepción. Es un mecanismo de protección que la selección natural ha hecho que perdure: ante una situación de peligro real en un entorno natural, lo mejor es no parir, pues la cría, e incluso la madre, tendrían pocas posibilidades de subsistir. Como la evolución no entiende de años, sino de miles o millones de años, ese mecanismo sigue activo en las mujeres por más que no haya un peligro real en el hospital, y se dispara ante el miedo e inseguridad que provoca un protocolo hospitalario deshumanizado. Así pues se da la paradoja de que muchos de esos partos que se intentan acelerar en el hospital con oxitocina sintética, se han parado o ralentizado por efecto del propio hospital.
Así pues, quien tiene la suerte de plantearse estas cuestiones antes de que nazca su hijo suele empezar por buscar un parto natural, respetado, en el que las matronas acompañen a la madre en lugar de dirigirla, en el que sean su apoyo y no las que marquen el ritmo, y en el que los médicos y protocolos hospitalarios solo entren en juego ante un peligro real para la madre o el bebé.
Nuestro bebé ha nacido, y tanto el sentido común como la teoría del apego (John Bowlby) nos dicen que ese bebé necesita contacto con mamá. Esta teoría dice entre otras muchas cosas que el bebé nace con una serie de conductas que tienen como finalidad provocar nuestra respuesta (llanto, succión, sonrisas reflejas, calmarse al ser acunado…) y curiosamente la respuesta que provoca en nosotros cualquiera de esas acciones es la de acercarnos al bebé. Los bebés nacen con una necesidad de contacto físico casi continuo que hay que respetar, durante todo el tiempo que nos lo demanden y empezando por el momento en que nacen, evitando que sean separados de su madre por protocolos inútiles como pesarlos, lavarlos o aspirarles las vías respiratorias. Durante la primera hora tras el nacimiento el bebé suele estar más despierto, instintivamente busca el pezón y empieza a succionar. Es básico no separar al bebé de su mamá en esta primera hora para un correcto inicio de la lactancia.
La lactancia materna es la manera natural y la más respetuosa de alimentar a un bebé. Una lactancia en exclusiva hasta que se inicie la alimentación complementaria y que se puede prolongar hasta que ambos decidan. La OMS recomienda la lactancia en exclusiva hasta los 6 meses y prolongarla al menos hasta los dos años. Hay muchos mitos acerca de la lactancia prolongada, no merece la pena comentarlos: todos son falsos. No hay ningún problema ni para el niño ni para la mamá en lactar durante dos o más años. La lactancia, además de ser el mejor alimento para el bebé, tiene también otras funciones tan importantes como la alimentación en el plano emocional: ofrece contacto, consuelo, favorece el estrechamiento del vínculo materno.
No son pocos los problemas con los que se encuentran las madres que deciden amamantar a sus hijos. En nuestra sociedad no se ve apenas a madres amamantando a sus hijos en la vida cotidiana, y dar el pecho de manera correcta es algo que se aprende viendo a otras madres hacerlo. De ahí la importancia de los grupos de apoyo a la lactancia que están surgiendo en muchas ciudades como respuesta a esa necesidad que las madres que quieren dar pecho tienen de relacionarse con otras madres que ya lo han hecho o lo están haciendo, para no sentirse solas en este mundo en el que parece que apenas quedan madres que dan el pecho y para corregir hábitos incorrectos o problemas debidos precisamente a eso, a no tener ninguna referencia válida en cuanto a la forma correcta de hacerlo.
Ya hemos comentado que el contacto con mamá, el contacto físico en general, es una necesidad primaria de los bebés y los niños, y es una necesidad que debemos respetar. Mamá será además su figura principal de apego, aquella con la que establecerá su primera relación humana, aquella en la que principalmente buscará consuelo y cobijo y desde la que iniciará su relación con otras personas. Ese contacto ofrece también algo muy importante no solo cuando nuestro niño es un bebé, sino también durante todas las fases de su desarrollo y crecimiento: seguridad.
La seguridad es básica para que un niño pueda desarrollarse plenamente y necesaria para que la autorregulación funcione. Un niño con miedo sólo está pendiente de su miedo y no es capaz de relacionarse de manera completa con su entorno ni con otras personas, y para nuestros hijos, desde que nacen y durante muchos años, la seguridad somos nosotros. Si algo debe tener un niño claro siempre, sin lugar a dudas, es que sus padres están ahí cuando los necesita, y que lo quieren incondicionalmente pase lo que pase y haga lo que haga. Una de las cosas que a toda costa hay que evitar, es que un niño pueda sentir que sus padres le quieren según como se comporte, o que acudirán cuando los llame según las circunstancias Un niño que no está seguro de cómo reaccionarán sus padres si se lanza a un reto que le produce cierto respeto, abordará ese reto temeroso, o evitará abordarlo. Un niño que tiene el respaldo incondicional de sus padres ante cualquier situación abordará ese mismo reto de otra manera, pues sabe sin lugar a dudas que basta llamar a mamá o papá si ocurre algo y ahí estarán para ayudarle.
Llevar al bebé mucho tiempo en brazos o en portabebés que los mantienen pegados a nuestro cuerpo ayuda a satisfacer esa necesidad de contacto continuo cuando son pequeños, dormir con ellos también.
El sueño de los bebés es muy diferente al de los adultos. No sigue los mismos tiempos ni tiene las mismas fases (más información en “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové). Existen varios métodos que prometen ser capaces de ajustar su sueño al nuestro. En realidad es un mismo método sin ningún rigor científico que diversos autores se han ido copiando entre si y que se basa en una premisa clave: desatender el llanto del bebé hasta que este se de cuenta de que por la noche es inútil llamarnos llorando. Realmente nuestro bebé no dormirá más, pero obtendremos la comodidad de que ya no nos moleste cuando se despierte, a cambio eso si, de quebrar algo que ya hemos comentado que es absolutamente necesario para el desarrollo pleno de un bebé: la total confianza y seguridad en que su mamá y su papá le atenderán en cualquier momento en que los necesite. La responsabilidad de la utilización de estos métodos no puede recaer toda en los padres, que a veces los aplican con un profundo sufrimiento porque se creen las falsas amenazas que según los autores de estos best-seller ocurrirán a sus hijos si no duermen de tirón desde poco después de nacer.
Los bebés necesitan sentirse seguros para dormir tranquilos, y esa seguridad se la proporciona el contacto con mamá (y con el tiempo con papá). Ese y no otro es el motivo por el que muchos bebés se despiertan en cuanto los dejan en la cuna, o lloran desconsolados cuando se despiertan por la noche y se sienten solos. Una forma de proporcionar ese contacto, que además favorece el descanso de mamá, es dormir con ellos. El colecho suele favorecer el sueño del bebé y además permite a mamá darle pecho sin tener que levantarse ni hacer viajes por la casa.
Hay una tendencia a llevar a los bebés cada vez más pronto a su propia habitación, en defensa de una mal entendida independencia. Son muchos los supuestos “expertos” que nos amenazan con los mil males que nos ocurrirán si dormimos con nuestros hijos. Parece que estos “expertos” no saben que lo de dormir padres e hijos separados solo se da de manera mayoritaria en EE.UU., Canadá y parte sur de Europa, y que por ejemplo, en los países nórdicos, las cifras de colecho rondan el 80%, y en Japón el 90%. De nuevo hablamos de respeto: si dormir acompañado es una necesidad de nuestro bebé ¿qué problema hay en respetarla?
Desde el momento del nacimiento la ignorancia bienintencionada del entorno empieza a aconsejar: si lo tienes mucho en brazos se va a hacer dependiente y no te lo quitarás de encima. Como dice Yolanda González, a un bebé no se le puede hacer dependiente, porque nace dependiente. Podemos respetar esa necesidad de dependencia y contacto o podemos ignorarla, pero la dependencia esta ahí, no la creamos nosotros. No hay ningún mamífero que nazca más indefenso y por tanto con mayor necesidad de cuidados que un bebé humano, que tardará al menos 7 u 8 meses en poder desplazarse mínimamente por si mismo. ¿Como no va a ser dependiente una criatura sin ninguna capacidad de desplazarse por si misma y cuya mamá es su única fuente de alimento?
Con todo, no resulta demasiado difícil llevar una crianza respetuosa en los primeros meses de vida si se consigue dejarse llevar por lo que el bebé demanda y se ignoran consejos inadecuados. Aunque puede resultar físicamente agotador casi todo consiste en lactancia, mucho contacto y mucho cariño.
Cuando empezará a costarnos mantener nuestros principios y valores será cuando nuestro bebé deje de ser ese sujeto pasivo que va con nosotros a todas partes en la mochila o la bandolera, y empiece a explorar el mundo primero a través del gateo y después caminando. Sobre estas etapas iniciales en cuanto al “despertar de la voluntad” de nuestros hijos conviene buscar información válida que nos ayudará a no caer en pensamientos en la línea de “me está tomando el pelo”.
Este modelo de crianza requiere también una forma de ver a los niños y bebés, y desarrollar una capacidad de empatía con ellos que no siempre es fácil, ya que sus esquemas mentales no se parecen en nada a los nuestros, y por tanto no nos suele resultar nada fácil ponernos en su lugar. Los bebés y niños son buenas personas. Por más que nos digan no intentan tomarnos el pelo, ni buscan los límites de nuestra paciencia, ni hacen cosas a propósito para enfadarnos. Primero porque nos quieren, y la mayor satisfacción para un bebé o un niño es ver a sus padres felices, y sobretodo porque son incapaces de hacerlo: su cerebro tardará muchos años en tener la capacidad de desarrollar alguno de esos comportamientos maquiavélicos que les asignamos a veces a los pocos meses de nacer. Esa impresión general de que los bebés intentan tomar el pelo a sus padres, o enfadarlos, nace de la incomprensión hacia ellos, de juzgarlos con ojos de adulto, de intentar averiguar el origen de su comportamiento con un esquema mental adulto.
A partir de este momento, en la crianza en general entran en juego unos métodos que chocan frontalmente con nuestra idea de respetar en todos los aspectos a nuestros hijos. El respeto excluye totalmente la violencia. Esto se entiende perfectamente con la violencia física, pero hay una violencia que pasa desapercibida y que también es muy perjudicial. Es la violencia verbal: amenazas, chantajes, ridiculización e insultos. La forma de crianza mayoritaria, a partir de que el niño tiene capacidad de actuar y decidir algo por si mismo, se basa de manera tenaz en dos de estos principios: la amenaza y el chantaje.
Especialmente entran en juego a partir de los dos años (aproximadamente), cuando se despierta totalmente la voluntad, aparecen las ideas propias, las rabietas, y entran de lleno en la etapa egocéntrica de quererlo “todo para mi y ahora”. Es una etapa muy crítica donde hasta los convencidos empiezan a dudar si realmente su hijo no les está retando o enfadándolos a propósito. En esta etapa es fundamental la formación, buscar información que nos permita entender o al menos intuir qué pasa por esas cabecitas que tan pronto ríen a carcajadas como se echan al suelo entre grandes berridos, que de pronto quieren una cosa como la contraria, que se niegan a obedecer en cosas que antes lo hacían, que convierten un cambio de ropa en un drama…
Sólo entendiendo e interiorizando que no lo hacen para fastidiarnos, que también sufren cuando están así, estaremos en el camino de facilitarles las cosas y contenerlos en esos momentos tan difíciles de sus vidas. La psicóloga Violeta Alcocer define esta etapa como “el primer duelo”. La primera vez que nuestros hijos se ven en la encrucijada de dejar algo atrás: deben abandonar los comportamientos de “bebés” que ya no les sirven en la nueva etapa en la que entran y adquirir nuevos comportamientos de “niño”. Tanto una cosa como la otra les provoca tensión y confusión: ¿qué me dejo en el camino? ¿qué me llevo a esta nueva aventura? Es una etapa de lo que se suelen llamar “recaídas”: de repente vuelven a pedir muchos brazos, que los acunemos, niños que ya tomaban poco pecho vuelven a demandarlo con ansia, muchos de ellos incluso dicen claramente que quieren ser bebés de nuevo. Entre toda esta confusión debemos tratar de ser coherentes y mantener la calma. Nuestro enfado e incomprensión ante estas situaciones no hará otra cosa que confundirlos más y ponerlos más nerviosos. Y por supuesto los castigos deben ser excluidos totalmente: todos esos comportamientos forman parte de su crecimiento como persona, son normales, inevitables en muchas ocasiones. No tienen otra manera de sacar fuera su malestar, su nerviosismo, su miedo, su demanda de satisfacción de necesidades que no hemos sabido atender. Su forma de decirnos que necesitan más tiempo con nosotros y más mimos puede ser una descomunal rabieta por una galleta que se rompe al caer al suelo: no tienen recursos para pedirlo de otra forma, posiblemente porque ni siquiera saben qué quieren pedir, solo saben que se sienten mal. Castigar estos comportamientos es por tanto castigar a nuestros hijos por ser como son, por crecer de una manera normal.
Los castigos en general, no solo en estos casos, son algo a evitar cuando se habla de criar con cariño y respeto. Merecería un texto aparte hablar de este apartado, porque si ya se hace difícil en muchas ocasiones pensar en una crianza sin amenazas, una crianza sin castigos parece poco menos que imposible. El castigo suele ser el resultado de una amenaza o bien una reacción a un comportamiento que no nos ha gustado. Si evitamos las amenazas evitamos de paso una parte de los castigos. Cuando una acción es de verdad incorrecta acarrea unas consecuencias desagradables, y esas consecuencias son las que hay que hacer ver y vivir al niño para que entienda por qué es incorrecta esa acción. Si la acción no tiene consecuencias desagradables para nadie deberemos plantearnos si realmente es incorrecta. Inventarnos unas consecuencias desagradables para una acción con el fin de evitar que se repita no logra ninguno de sus fines: no se entiende por qué esa acción es incorrecta, y por tanto no cumple su función de educar, y no consigue que la acción no se repita: solo logra que no se repita en nuestra presencia, pues el niño no entiende por qué no debe repetirlo, solo que no debe repetirlo si estamos mirando. El castigo induce a los niños a mentir y merma su confianza en nosotros.
Volvemos a la amenaza y el chantaje: para conseguir que el niño haga lo que quiero o bien le amenazo con algo que no le gusta o bien le hago chantaje con algo que le gusta. Si cuando hablamos de adultos amenazar o chantajear son actos detestables no deberían ser menos cuando hablamos de niños. La amenaza y el chantaje provocan miedo en el niño, miedo a perder algo que le gusta o a que le obliguen a hacer algo que no le gusta. El miedo no es buen caldo de cultivo para nada, y no debería utilizarse en la crianza si pretendemos un desarrollo pleno y armónico. Estos dos comportamientos son los que más cuestan de erradicar de la crianza, porque los vemos a diario, porque los han utilizado con nosotros, nos han quedado grabados y nos salen de manera casi instintiva, y sobretodo porque evitarlos exige el esfuerzo de entender a nuestros hijos, de confiar plenamente en ellos en momentos en que parece que están en nuestra contra, y de encontrar caminos alternativos. Los tenemos tan interiorizados que no es difícil caer en ellos incluso cuando uno ya se ha planteado criar prescindiendo de ellos.
La ridiculización también se utiliza ampliamente en la crianza y en muchos colegios. Es muy habitual comparar a nuestros hijos con otros niños destacando aquello que los otros hacen y el nuestro no, o al revés, de manera que siempre hay al menos un niño menospreciado respecto a otro. Y en los colegios todavía es muy habitual el castigo frente a toda la clase, aunque ahora lo llamen “silla de pensar” en lugar de “de cara a la pared”, que por más carga pedagógica que se le quiera echar encima no tiene otro objetivo que cambiar el comportamiento del niño ridiculizándolo frente a sus compañeros. Otro tema que debería hacernos pensar, es qué va a pasar con toda esta generación de niños que está creciendo teniendo como primera asociación mental de la palabra “pensar” la de “castigo” o “ridículo”. ¿Les apetecerá pensar en el futuro?
La autorregulación es el otro pilar en el que se apoya este modelo de crianza. La autorregulación exige mucho de nuestra parte, ya que obliga a esconder nuestro ego y a aceptar que nuestros hijos son capaces de encontrar su camino por si mismos en todos aquellos aspectos que de manera natural han de desarrollar. Así pues se trata de aceptar que no necesitan que les enseñemos a comer, ni a gatear, ni a caminar, ni a controlar esfínteres…
No necesitan que les socialicemos a la fuerza, porque ellos mismos marcarán el ritmo con el que quieran ampliar su círculo de relaciones, no necesitan que dirijamos su juego porque si tienen donde elegir sabrán a qué o con qué les interesa más jugar… y más adelante, que es lo que nos lleva a La Serrada, no necesitan que les digamos qué, como, o cuando aprender, ya que la curiosidad y las ganas de aprender son algo innato y natural en el ser humano.
No siempre es fácil confiar en la autorregulación. En la alimentación por ejemplo es algo que cuesta si nuestro hijo tarda en aceptar la comida sólida, pero en estos casos son nuestras expectativas y no nuestros hijos los que causan el problema. Si tenemos la expectativa de que nuestro hijo empezará a comer con 6 meses y no empieza hasta que tiene un año estamos creando un problema donde no lo hay, si pensamos que caminará con 12 meses y a los 15 aun no camina también nos preocupamos, aunque sea perfectamente normal, si a los tres años aun lleva pañales también nos preocupa… y es cuando no se cumplen nuestras expectativa cuando tendemos a intervenir, con lo que solemos complicar el proceso: convertimos cada comida en una batalla, nos rompemos la espalda arrastrando a nuestros niños de los dedos cuando aun no están listos para caminar, probamos mil métodos para quitarles el pañal que suelen acabar con enfados y tensiones…..
La autorregulación requiere olvidarse de plazos y confiar en que lo que es natural que pase, pasará. Eso sí, siempre y cuando el niño se sienta seguro, confiado, querido y aceptado tal cual es No podemos pretender que la autorregulación funcione en un niño al que se presiona para comer, o se le castiga si no come, al que se fuerza a tener un comportamiento no adecuado para su edad porque es lo socialmente bien visto. No podemos pretender que un niño se autorregule en el control de esfínteres si alguien le está presionando para que deje los pañales, ni que su socialización se desarrolle adecuadamente si es forzado a socializar tempranamente y en entornos que le resultan hostiles, ni podemos pretender que se autorregule en cuanto a conocimiento del mundo y aprendizaje si hay quien decide a priori qué es lo que tiene que aprender, cuando tiene que aprenderlo y cómo tiene que hacerlo.
En resumen diría que todo consiste en tratar a nuestros hijos como a cualquier otra persona a la que queremos y confiar en que no son un entorno que tiende al caos si no intervenimos, sino todo lo contrario: confiando en ellos plenamente se desarrollarán de manera libre, armónica, y sobre todo, felices.
Y eso es lo que pretende La Serrada, crear un espacio donde los niños de familias que creen en esta visión de la crianza puedan desarrollarse y aprender todo lo que necesiten de una manera respetuosa, con cariño y a su propio ritmo. Un espacio en el que no se delega la educación en los profesionales sino que se comparte esa responsabilidad entre profesional y familia, que sigue siendo el pilar básico de la educación. Un espacio en el que la importancia recae en el cómo, no el qué.

Este camino no es otra cosa que el tratar de criar a nuestros hijos con unos valores y principios muy claros: cariño y respeto, y con la confianza total en que ellos mismos son capaces de trazar su propio ritmo en su evolución, su crecimiento, y en las formas de relacionarse con el entorno y con otras personas. Lo que llamamos autorregulación.Cuando hablamos de respeto hablamos de respetar al niño como persona, sus derechos, sus necesidades básicas, su integridad física y moral, su ritmo personal y único de crecimiento, su necesidad de apego, su dependencia…Criar en base a estos principios requiere una maternidad/paternidad consciente, vivida plenamente y con intensidad, sin dejarse arrastrar por lo que lleva la corriente o hace la mayoría, planteándose ante cada paso qué es lo que nos hace sentir mejor a nosotros y a nuestros hijos y no qué es lo que ha hecho mi vecino o qué es lo que hicieron mis padres.No es un camino fácil ya que normalmente los padres que en algún momento nos decantamos por vivir de esta manera con nuestros hijos no tenemos una experiencia que nos sirva como base. Casi todos hemos sido criados de una manera muy distinta a la que intentamos aplicar, y de manera casi automática, cuando se plantea una nueva situación con nuestros hijos, la respuesta que nos sale es la que utilizaron nuestros padres o la que en múltiples ocasiones hemos visto utilizar a otros padres en situaciones similares. Cometemos errores, en algunos momentos podemos incluso salirnos del camino, nos falta información, referencias y además la sociedad no acaba de entender esta forma de crianza, confundiéndola a menudo justo con lo contrario: permisividad, pasotismo y falta de límites.Todo lo que expongo a continuación seria un planteamiento aproximado de una familia que ya desde el embarazo tiene unas ideas claras del camino a seguir con sus hijos. Esta sería una situación ideal, pero no es la más común. Muchas familias no se plantean estas cuestiones hasta después de conocer a su hijo, porque es tras conocerlo cuando todas las prácticas estándares de crianza de nuestra sociedad les resultan difíciles o imposibles de aplicar cuando ya no se habla de aplicarlas a un bebé genérico, sino al suyo. Hay quien descubre que no todo son verdades absolutas en la crianza meses o incluso años después de haber tenido hijos, y se replantean totalmente su relación con ellos.Quién inicia este camino desde su origen, es consciente de que la relación con un bebé no empieza con el nacimiento, sino que se inicia ya durante el embarazo y el parto. Estos dos aspectos son tradicionalmente olvidados en la crianza. Son dos “cosas” que han de pasar, y a partir de ahí ya nos planteamos (si nos lo planteamos) como criaremos a nuestros hijos, cuando en realidad son dos procesos muy importantes y con los que ya se inicia la crianza.El embarazo, a ojos de la sociedad, es visto más como una enfermedad que como un proceso natural. Esa visión se traslada a las futuras madres, que mayoritariamente ceden el protagonismo al ginecólogo, se centran en las molestias que causa, y solo miran al punto final: las ganas de que eso acabe y conocer a su bebé, perdiéndose por el camino todo un proceso, que aún con sus inconvenientes es el momento para3empezar a conectar con el bebé, de empezar a crear ese vínculo invisible que mantendrá unidos a mamá y bebé cuando ya no lo estén físicamente.Es el momento también de plantearse el parto, con el que socialmente ocurre algo similar al embarazo: el parto duele y eso provoca miedo. Cuando se oye hablar de partos siempre se habla de dolor, o de como evitar el dolor. Queda la impresión de que todo es dolor en el parto, y así no es raro encontrar mujeres que dicen preferir “que me lo saquen” o “yo prefiero no saber demasiado y hacer caso a lo que me digan” para evitar ese momento que intuyen horrible y doloroso. Es una reacción normal, provocada por el miedo, y no es culpa de la futura mamá sentirse así cuando nunca ha oído una palabra bonita acerca de un parto. En un parto natural, respetado, en el entorno seguro y tranquilo que una mujer necesita, el dolor pasa a un segundo plano, el protagonismo ya no se centra en el dolor, sino en la importancia de lo que está ocurriendo allí: mamá está ayudando a nacer a su bebé, ella sola, a su ritmo, segura de si misma y en profunda conexión con él.Lo primero que podemos hacer por respetar a ese bebé en su llegada al mundo, es permitirle que nazca de la mejor manera posible; y los bebés están preparados para nacer de una manera natural, con una mamá tranquila e ilusionada que sabe que es capaz de ayudarlo a nacer por si misma, sin que la tengan que dirigir ginecólogos o matronas. El hecho de llevar los partos al hospital y someterlos a protocolos estrictos y la mayoría de las veces poco respetuosos con las madres, ha provocado dos efectos: uno bueno, que es facilitar los partos difíciles y otro malo que es complicar los partos sencillos.Aunque no nos solemos acordar, pertenecemos al reino animal, a los mamíferos concretamente, y como cualquier hembra de mamífero una mujer necesita un entorno favorable para tener un parto sin dificultades. El miedo dificulta e incluso paraliza los partos en todos los mamíferos, y la especie humana no es una excepción. Es un mecanismo de protección que la selección natural ha hecho que perdure: ante una situación de peligro real en un entorno natural, lo mejor es no parir, pues la cría, e incluso la madre, tendrían pocas posibilidades de subsistir. Como la evolución no entiende de años, sino de miles o millones de años, ese mecanismo sigue activo en las mujeres por más que no haya un peligro real en el hospital, y se dispara ante el miedo e inseguridad que provoca un protocolo hospitalario deshumanizado. Así pues se da la paradoja de que muchos de esos partos que se intentan acelerar en el hospital con oxitocina sintética, se han parado o ralentizado por efecto del propio hospital.Así pues, quien tiene la suerte de plantearse estas cuestiones antes de que nazca su hijo suele empezar por buscar un parto natural, respetado, en el que las matronas acompañen a la madre en lugar de dirigirla, en el que sean su apoyo y no las que marquen el ritmo, y en el que los médicos y protocolos hospitalarios solo entren en juego ante un peligro real para la madre o el bebé.Nuestro bebé ha nacido, y tanto el sentido común como la teoría del apego (John Bowlby) nos dicen que ese bebé necesita contacto con mamá. Esta teoría dice entre otras muchas cosas que el bebé nace con una serie de conductas que tienen como finalidad provocar nuestra respuesta (llanto, succión, sonrisas reflejas, calmarse al ser acunado…) y curiosamente la respuesta que provoca en nosotros cualquiera de esas acciones es la de acercarnos al bebé. Los bebés nacen con una necesidad de contacto físico casi continuo que hay que respetar, durante todo el tiempo que nos lo demanden y empezando por el momento en que nacen, evitando que sean separados de su madre por protocolos inútiles como pesarlos, lavarlos o aspirarles las vías respiratorias. Durante la primera hora tras el nacimiento el bebé suele estar más despierto, instintivamente busca el pezón y empieza a succionar. Es básico no separar al bebé de su mamá en esta primera hora para un correcto inicio de la lactancia.La lactancia materna es la manera natural y la más respetuosa de alimentar a un bebé. Una lactancia en exclusiva hasta que se inicie la alimentación complementaria y que se puede prolongar hasta que ambos decidan. La OMS recomienda la lactancia en exclusiva hasta los 6 meses y prolongarla al menos hasta los dos años. Hay muchos mitos acerca de la lactancia prolongada, no merece la pena comentarlos: todos son falsos. No hay ningún problema ni para el niño ni para la mamá en lactar durante dos o más años. La lactancia, además de ser el mejor alimento para el bebé, tiene también otras funciones tan importantes como la alimentación en el plano emocional: ofrece contacto, consuelo, favorece el estrechamiento del vínculo materno.No son pocos los problemas con los que se encuentran las madres que deciden amamantar a sus hijos. En nuestra sociedad no se ve apenas a madres amamantando a sus hijos en la vida cotidiana, y dar el pecho de manera correcta es algo que se aprende viendo a otras madres hacerlo. De ahí la importancia de los grupos de4apoyo a la lactancia que están surgiendo en muchas ciudades como respuesta a esa necesidad que las madres que quieren dar pecho tienen de relacionarse con otras madres que ya lo han hecho o lo están haciendo, para no sentirse solas en este mundo en el que parece que apenas quedan madres que dan el pecho y para corregir hábitos incorrectos o problemas debidos precisamente a eso, a no tener ninguna referencia válida en cuanto a la forma correcta de hacerlo.Ya hemos comentado que el contacto con mamá, el contacto físico en general, es una necesidad primaria de los bebés y los niños, y es una necesidad que debemos respetar. Mamá será además su figura principal de apego, aquella con la que establecerá su primera relación humana, aquella en la que principalmente buscará consuelo y cobijo y desde la que iniciará su relación con otras personas. Ese contacto ofrece también algo muy importante no solo cuando nuestro niño es un bebé, sino también durante todas las fases de su desarrollo y crecimiento: seguridad.La seguridad es básica para que un niño pueda desarrollarse plenamente y necesaria para que la autorregulación funcione. Un niño con miedo sólo está pendiente de su miedo y no es capaz de relacionarse de manera completa con su entorno ni con otras personas, y para nuestros hijos, desde que nacen y durante muchos años, la seguridad somos nosotros. Si algo debe tener un niño claro siempre, sin lugar a dudas, es que sus padres están ahí cuando los necesita, y que lo quieren incondicionalmente pase lo que pase y haga lo que haga. Una de las cosas que a toda costa hay que evitar, es que un niño pueda sentir que sus padres le quieren según como se comporte, o que acudirán cuando los llame según las circunstancias Un niño que no está seguro de cómo reaccionarán sus padres si se lanza a un reto que le produce cierto respeto, abordará ese reto temeroso, o evitará abordarlo. Un niño que tiene el respaldo incondicional de sus padres ante cualquier situación abordará ese mismo reto de otra manera, pues sabe sin lugar a dudas que basta llamar a mamá o papá si ocurre algo y ahí estarán para ayudarle.Llevar al bebé mucho tiempo en brazos o en portabebés que los mantienen pegados a nuestro cuerpo ayuda a satisfacer esa necesidad de contacto continuo cuando son pequeños, dormir con ellos también.El sueño de los bebés es muy diferente al de los adultos. No sigue los mismos tiempos ni tiene las mismas fases (más información en “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové). Existen varios métodos que prometen ser capaces de ajustar su sueño al nuestro. En realidad es un mismo método sin ningún rigor científico que diversos autores se han ido copiando entre si y que se basa en una premisa clave: desatender el llanto del bebé hasta que este se de cuenta de que por la noche es inútil llamarnos llorando. Realmente nuestro bebé no dormirá más, pero obtendremos la comodidad de que ya no nos moleste cuando se despierte, a cambio eso si, de quebrar algo que ya hemos comentado que es absolutamente necesario para el desarrollo pleno de un bebé: la total confianza y seguridad en que su mamá y su papá le atenderán en cualquier momento en que los necesite. La responsabilidad de la utilización de estos métodos no puede recaer toda en los padres, que a veces los aplican con un profundo sufrimiento porque se creen las falsas amenazas que según los autores de estos best-seller ocurrirán a sus hijos si no duermen de tirón desde poco después de nacer.Los bebés necesitan sentirse seguros para dormir tranquilos, y esa seguridad se la proporciona el contacto con mamá (y con el tiempo con papá). Ese y no otro es el motivo por el que muchos bebés se despiertan en cuanto los dejan en la cuna, o lloran desconsolados cuando se despiertan por la noche y se sienten solos. Una forma de proporcionar ese contacto, que además favorece el descanso de mamá, es dormir con ellos. El colecho suele favorecer el sueño del bebé y además permite a mamá darle pecho sin tener que levantarse ni hacer viajes por la casa.Hay una tendencia a llevar a los bebés cada vez más pronto a su propia habitación, en defensa de una mal entendida independencia. Son muchos los supuestos “expertos” que nos amenazan con los mil males que nos ocurrirán si dormimos con nuestros hijos. Parece que estos “expertos” no saben que lo de dormir padres e hijos separados solo se da de manera mayoritaria en EE.UU., Canadá y parte sur de Europa, y que por ejemplo, en los países nórdicos, las cifras de colecho rondan el 80%, y en Japón el 90%. De nuevo hablamos de respeto: si dormir acompañado es una necesidad de nuestro bebé ¿qué problema hay en respetarla?Desde el momento del nacimiento la ignorancia bienintencionada del entorno empieza a aconsejar: si lo tienes mucho en brazos se va a hacer dependiente y no te lo quitarás de encima. Como dice Yolanda González, a un bebé no se le puede hacer dependiente, porque nace dependiente. Podemos respetar esa necesidad de dependencia y contacto o podemos ignorarla, pero la dependencia esta ahí, no la creamos5nosotros. No hay ningún mamífero que nazca más indefenso y por tanto con mayor necesidad de cuidados que un bebé humano, que tardará al menos 7 u 8 meses en poder desplazarse mínimamente por si mismo. ¿Como no va a ser dependiente una criatura sin ninguna capacidad de desplazarse por si misma y cuya mamá es su única fuente de alimento?Con todo, no resulta demasiado difícil llevar una crianza respetuosa en los primeros meses de vida si se consigue dejarse llevar por lo que el bebé demanda y se ignoran consejos inadecuados. Aunque puede resultar físicamente agotador casi todo consiste en lactancia, mucho contacto y mucho cariño.Cuando empezará a costarnos mantener nuestros principios y valores será cuando nuestro bebé deje de ser ese sujeto pasivo que va con nosotros a todas partes en la mochila o la bandolera, y empiece a explorar el mundo primero a través del gateo y después caminando. Sobre estas etapas iniciales en cuanto al “despertar de la voluntad” de nuestros hijos conviene buscar información válida que nos ayudará a no caer en pensamientos en la línea de “me está tomando el pelo”.Este modelo de crianza requiere también una forma de ver a los niños y bebés, y desarrollar una capacidad de empatía con ellos que no siempre es fácil, ya que sus esquemas mentales no se parecen en nada a los nuestros, y por tanto no nos suele resultar nada fácil ponernos en su lugar. Los bebés y niños son buenas personas. Por más que nos digan no intentan tomarnos el pelo, ni buscan los límites de nuestra paciencia, ni hacen cosas a propósito para enfadarnos. Primero porque nos quieren, y la mayor satisfacción para un bebé o un niño es ver a sus padres felices, y sobretodo porque son incapaces de hacerlo: su cerebro tardará muchos años en tener la capacidad de desarrollar alguno de esos comportamientos maquiavélicos que les asignamos a veces a los pocos meses de nacer. Esa impresión general de que los bebés intentan tomar el pelo a sus padres, o enfadarlos, nace de la incomprensión hacia ellos, de juzgarlos con ojos de adulto, de intentar averiguar el origen de su comportamiento con un esquema mental adulto.A partir de este momento, en la crianza en general entran en juego unos métodos que chocan frontalmente con nuestra idea de respetar en todos los aspectos a nuestros hijos. El respeto excluye totalmente la violencia. Esto se entiende perfectamente con la violencia física, pero hay una violencia que pasa desapercibida y que también es muy perjudicial. Es la violencia verbal: amenazas, chantajes, ridiculización e insultos. La forma de crianza mayoritaria, a partir de que el niño tiene capacidad de actuar y decidir algo por si mismo, se basa de manera tenaz en dos de estos principios: la amenaza y el chantaje.Especialmente entran en juego a partir de los dos años (aproximadamente), cuando se despierta totalmente la voluntad, aparecen las ideas propias, las rabietas, y entran de lleno en la etapa egocéntrica de quererlo “todo para mi y ahora”. Es una etapa muy crítica donde hasta los convencidos empiezan a dudar si realmente su hijo no les está retando o enfadándolos a propósito. En esta etapa es fundamental la formación, buscar información que nos permita entender o al menos intuir qué pasa por esas cabecitas que tan pronto ríen a carcajadas como se echan al suelo entre grandes berridos, que de pronto quieren una cosa como la contraria, que se niegan a obedecer en cosas que antes lo hacían, que convierten un cambio de ropa en un drama…Sólo entendiendo e interiorizando que no lo hacen para fastidiarnos, que también sufren cuando están así, estaremos en el camino de facilitarles las cosas y contenerlos en esos momentos tan difíciles de sus vidas. La psicóloga Violeta Alcocer define esta etapa como “el primer duelo”. La primera vez que nuestros hijos se ven en la encrucijada de dejar algo atrás: deben abandonar los comportamientos de “bebés” que ya no les sirven en la nueva etapa en la que entran y adquirir nuevos comportamientos de “niño”. Tanto una cosa como la otra les provoca tensión y confusión: ¿qué me dejo en el camino? ¿qué me llevo a esta nueva aventura? Es una etapa de lo que se suelen llamar “recaídas”: de repente vuelven a pedir muchos brazos, que los acunemos, niños que ya tomaban poco pecho vuelven a demandarlo con ansia, muchos de ellos incluso dicen claramente que quieren ser bebés de nuevo. Entre toda esta confusión debemos tratar de ser coherentes y mantener la calma. Nuestro enfado e incomprensión ante estas situaciones no hará otra cosa que confundirlos más y ponerlos más nerviosos. Y por supuesto los castigos deben ser excluidos totalmente: todos esos comportamientos forman parte de su crecimiento como persona, son normales, inevitables en muchas ocasiones. No tienen otra manera de sacar fuera su malestar, su nerviosismo, su miedo, su demanda de satisfacción de necesidades que no hemos sabido atender. Su forma de decirnos que necesitan más tiempo con nosotros y más mimos puede ser una descomunal rabieta por una galleta que se rompe al caer al suelo: no tienen recursos para pedirlo de otra forma, posiblemente porque ni siquiera saben qué quieren pedir, solo6saben que se sienten mal. Castigar estos comportamientos es por tanto castigar a nuestros hijos por ser como son, por crecer de una manera normal.Los castigos en general, no solo en estos casos, son algo a evitar cuando se habla de criar con cariño y respeto. Merecería un texto aparte hablar de este apartado, porque si ya se hace difícil en muchas ocasiones pensar en una crianza sin amenazas, una crianza sin castigos parece poco menos que imposible. El castigo suele ser el resultado de una amenaza o bien una reacción a un comportamiento que no nos ha gustado. Si evitamos las amenazas evitamos de paso una parte de los castigos. Cuando una acción es de verdad incorrecta acarrea unas consecuencias desagradables, y esas consecuencias son las que hay que hacer ver y vivir al niño para que entienda por qué es incorrecta esa acción. Si la acción no tiene consecuencias desagradables para nadie deberemos plantearnos si realmente es incorrecta. Inventarnos unas consecuencias desagradables para una acción con el fin de evitar que se repita no logra ninguno de sus fines: no se entiende por qué esa acción es incorrecta, y por tanto no cumple su función de educar, y no consigue que la acción no se repita: solo logra que no se repita en nuestra presencia, pues el niño no entiende por qué no debe repetirlo, solo que no debe repetirlo si estamos mirando. El castigo induce a los niños a mentir y merma su confianza en nosotros.Volvemos a la amenaza y el chantaje: para conseguir que el niño haga lo que quiero o bien le amenazo con algo que no le gusta o bien le hago chantaje con algo que le gusta. Si cuando hablamos de adultos amenazar o chantajear son actos detestables no deberían ser menos cuando hablamos de niños. La amenaza y el chantaje provocan miedo en el niño, miedo a perder algo que le gusta o a que le obliguen a hacer algo que no le gusta. El miedo no es buen caldo de cultivo para nada, y no debería utilizarse en la crianza si pretendemos un desarrollo pleno y armónico. Estos dos comportamientos son los que más cuestan de erradicar de la crianza, porque los vemos a diario, porque los han utilizado con nosotros, nos han quedado grabados y nos salen de manera casi instintiva, y sobretodo porque evitarlos exige el esfuerzo de entender a nuestros hijos, de confiar plenamente en ellos en momentos en que parece que están en nuestra contra, y de encontrar caminos alternativos. Los tenemos tan interiorizados que no es difícil caer en ellos incluso cuando uno ya se ha planteado criar prescindiendo de ellos.La ridiculización también se utiliza ampliamente en la crianza y en muchos colegios. Es muy habitual comparar a nuestros hijos con otros niños destacando aquello que los otros hacen y el nuestro no, o al revés, de manera que siempre hay al menos un niño menospreciado respecto a otro. Y en los colegios todavía es muy habitual el castigo frente a toda la clase, aunque ahora lo llamen “silla de pensar” en lugar de “de cara a la pared”, que por más carga pedagógica que se le quiera echar encima no tiene otro objetivo que cambiar el comportamiento del niño ridiculizándolo frente a sus compañeros. Otro tema que debería hacernos pensar, es qué va a pasar con toda esta generación de niños que está creciendo teniendo como primera asociación mental de la palabra “pensar” la de “castigo” o “ridículo”. ¿Les apetecerá pensar en el futuro?La autorregulación es el otro pilar en el que se apoya este modelo de crianza. La autorregulación exige mucho de nuestra parte, ya que obliga a esconder nuestro ego y a aceptar que nuestros hijos son capaces de encontrar su camino por si mismos en todos aquellos aspectos que de manera natural han de desarrollar. Así pues se trata de aceptar que no necesitan que les enseñemos a comer, ni a gatear, ni a caminar, ni a controlar esfínteres…No necesitan que les socialicemos a la fuerza, porque ellos mismos marcarán el ritmo con el que quieran ampliar su círculo de relaciones, no necesitan que dirijamos su juego porque si tienen donde elegir sabrán a qué o con qué les interesa más jugar… y más adelante, que es lo que nos lleva a La Serrada, no necesitan que les digamos qué, como, o cuando aprender, ya que la curiosidad y las ganas de aprender son algo innato y natural en el ser humano.No siempre es fácil confiar en la autorregulación. En la alimentación por ejemplo es algo que cuesta si nuestro hijo tarda en aceptar la comida sólida, pero en estos casos son nuestras expectativas y no nuestros hijos los que causan el problema. Si tenemos la expectativa de que nuestro hijo empezará a comer con 6 meses y no empieza hasta que tiene un año estamos creando un problema donde no lo hay, si pensamos que caminará con 12 meses y a los 15 aun no camina también nos preocupamos, aunque sea perfectamente normal, si a los tres años aun lleva pañales también nos preocupa… y es cuando no se cumplen nuestras expectativa cuando tendemos a intervenir, con lo que solemos complicar el proceso: convertimos cada comida en una batalla, nos rompemos la espalda arrastrando a nuestros niños de los dedos cuando aun no7están listos para caminar, probamos mil métodos para quitarles el pañal que suelen acabar con enfados y tensiones…..La autorregulación requiere olvidarse de plazos y confiar en que lo que es natural que pase, pasará. Eso sí, siempre y cuando el niño se sienta seguro, confiado, querido y aceptado tal cual es No podemos pretender que la autorregulación funcione en un niño al que se presiona para comer, o se le castiga si no come, al que se fuerza a tener un comportamiento no adecuado para su edad porque es lo socialmente bien visto. No podemos pretender que un niño se autorregule en el control de esfínteres si alguien le está presionando para que deje los pañales, ni que su socialización se desarrolle adecuadamente si es forzado a socializar tempranamente y en entornos que le resultan hostiles, ni podemos pretender que se autorregule en cuanto a conocimiento del mundo y aprendizaje si hay quien decide a priori qué es lo que tiene que aprender, cuando tiene que aprenderlo y cómo tiene que hacerlo.En resumen diría que todo consiste en tratar a nuestros hijos como a cualquier otra persona a la que queremos y confiar en que no son un entorno que tiende al caos si no intervenimos, sino todo lo contrario: confiando en ellos plenamente se desarrollarán de manera libre, armónica, y sobre todo, felices.

Fuente: http://www.laserrada.org/

Una reptílica manera de educar

En teoría, la tarea educativa tiene por finalidad reproducir generacionalmente las pautas reguladoras del auto-sostenimiento humano; en la praxis -más realista-, la educación como institución se ha puesto al servicio del mercado, reproduciendo el individualismo y la paradoja de almas atrapadas en un egoísmo del que solo deviene el aislamiento -reptílico- existencial de la soledad. Así es como los economistas y los tecnócratas del sistema requieren de los educadores, la función de forjar nuevas camadas de seres emprendedores, con iniciativa para la productividad, competitivos, multiplicadores de bienes, devoradores de los productos y servicios que de modo inagotable ofrece el mercado; ¡ah! y además, ávidos e insaciables.

Aunque, la crisis no es solo económica, abarca todos los sistemas de la vida: la explotación de la naturaleza, la deteriorada calidad de la relación con nuestros congéneres, la negación de nuestro mundo interior, por mencionar algunas de las dimensiones críticas más sobresalientes de lo que los ecologistas llaman un 'ecocidio'.

Algo ocurre con nuestra negligencia -irresponsable ¿o inconsciente?- como educadores que contribuimos a reproducir ad-infinitum un modelo que está en crisis y que genera una existencia limitada y reptílica. Lo que nos mantiene atados a la equivocación, de seguro no se corrige con un retoque cosmético al currículum, ni con privilegiar objetivos educativos más o menos progresistas o relacionados con la cibernética de los nuevos tiempos, aquí el tema es más profundo e integral, es una cuestión de paradigma; ideas que permanecen por largos periodos y que, sin embargo, representan cada vez menos el espíritu de totalidad y de unidad desde el que es urgente repensar el mundo. Orientar la acción de lo humano hacia el futuro, que en realidad es mañana mismo, nos obliga al reconocimiento primario de los vicios y las limitaciones de nuestra reptílica manera de educar.

¿Cómo contribuir desde el modelo educativo a preparar seres humanos que se enamoren del mundo del que forman parte?

¿Cómo hacer seres emocionalmente maduros, contactados con su ser interior y espiritual, auto-observantes, vigías del Universo?

El paradigma controla no sólo las teorías y los razonamientos científicos, sino también el campo cognitivo general de una cultura y, por supuesto, la praxis derivada de los principios teóricos, explícita o implícitamente formulados. El paradigma está implícito en la lógica que reproduce el sistema educativo, y queda impreso en los conceptos, sentimientos y actitudes respecto de la manera de pensar la propia vida, la realidad circundante y el mundo en toda su vastedad.

Si no incorporamos otra manera de ver la realidad, de la que se desprenda un sentimiento de hermandad con la creación entera, es muy difícil que cambie nuestra actitud hacia todos los sistemas vivos, en los que se halla 'lo humano'.

Transformar los contenidos de los objetivos educativos para posicionarnos en un nuevo paradigma requiere forjar un meta-punto-de-vista, integrador y abarcativo (como la analogía de los 'pájaros'). Contagiar ese espíritu de totalidad y de unidad que es propia del Universo, requiere de un acercamiento psico-histórico que deconstruya el aspecto interno de los problemas, tratando de detectar aquello en lo que desde lo microsocial e individual contribuye a que suceda, reconociendo con honestidad los vicios y aciertos legados de nuestro proceso civilizatorio. Sin ello, tampoco le hincaremos el diente a la revisión de las variables más estructurales en la que se monta nuestro modelo de desarrollo ya agotado. Y no habrá provisión hecha que pueda alcanzarnos para devolvernos a la sustancia de los sueños, que es la materia originaria de nuestra propia alma silenciada. Sólo habrá dirección, ascensión y diligencia hacia algo, a través de la completud que aparezca con el sentimiento de integración al Universo y estese logrará, indudablemente, por nuestra conexión a un orden superior que nos contiene, que nos da pertenenencia y que es inútil desconocer. Ese orden superior es el Universo al que estamos integrados en 'red'.

Como dijimos, créase o no, de las características del paradigma se sirven los tecnócratas que insisten en permanecer estancos en un modelo de desarrollo que presta utilidades egoístas y millonarias a los mismos oligopolios; y los oligopolios económicos necesitan de las conductas reptílicas de las personas. Estos a su vez, seguirán enviando a sus retoños a un sistema educativo que les prometerá devolverles a sus pequeñines con una formación valórica y técnica que los haga -tan o más- competitivos, -tan o más- emprendedores, -tan o más- explotadores de ganancias, para que acumulen -ojalá- más objetos y controlen -mayores- cuotas de poder de lo que fueron o hicieron sus antepasados... ¡lo peorcito de los reptiles! (*)

Un paradigma para enamorarnos del mundo...
Hemos sido mal enseñados respecto de las cualidades, limitaciones y potencialidades del 'capital natural', tanto interno, del 'si mismo', y externo, del mundo externo, objetivo, desconociendo que ambos funcionan de modo co-relacionado, en un solo sistema de la vida. Por ello, sería indispensable abandonar la concepción antropocéntrica presente en la educación, realizando una campaña de alfabetización paradigmática para que todos -educadores y educandos- volvamos a aprender a deletrear el mundo, -partiendo desde el kinder hasta los doctorados universitarios- desde una mirada por la que cada uno solamente se sienta un minúsculo punto dentro del universo, incorporando una visión eco-sistémica en la que todas las coordenadas de los sistemas vivos converjan y sean espontáneamente respetadas. Como lo decía el maestro Bateson: la verdadera belleza es la que aparece como tributo cuando es posible visualizar la interconexión entre lo que aparentemente está disociado. Pues para ello hace falta un meta-punto-de-vista que recree el tejido en red del Universo, lo que en términos metafóricos se alcanza desde la altura que logra el pájaro cuando alza su vuelo...

Sin un sentimiento de hermandad con la creación entera es muy difícil que cambie una actitud de este tipo. Sentirse en hermandad con la creación, integrado a la red del Universo es comprender que a través de cada una de nuestras minúsculas acciones, se desconstruye y reconstruye de modo incesante lo que nos afecta humanamente de modo silencioso, y que durante generaciones y siglos, ha sido imperceptible a nuestro ojo ciego por un paradigma que deberemos abandonar mal que nos pese.

Hagamos de nuestros retoños una bandada de pájaros.
La verdadera enseñanza para asegurarles los insumos para una vida más plena, es que se contagien de un tipo de humanismo del que devenga un respeto sagrado del Universo, constituido de la misma materia respetable que la propia humanidad; ....almas salvajes recuperadas y vibrantes por estar enamoradas del mundo...

"...Si deseo fundar en tí al montañero que marcha en la noche hacia la cima de estrellas, fundo la imagen que evidencia tu necesidad de abrevar esa leche de estrellas sobre la cima. Y si te veo, marino sobre el mar, es a causa de un rostro que ha hecho de la ausencia un tesoro, a causa del retorno que te cuentan los cantos antiguos de las galeras, a causa de las historias de islas milagrosas y de los arrecifes de corales allá lejos..."

"...Nosotros también somos árbol. El árbol no es semillas, después tallo, tronco flexible, después madera muerta. El árbol es esa fuerza que lentamente desposa al cielo. Eres aquel que se realiza. Y si sabes descubrirte rama balanceada, bien pegada al olivo, saborearás la eternidad en tus movimientos. Y todo alrededor de ti se hará eterno..."

"... Tejemos infatigablemente esa comunidad de los hombres, esa red de lazos que hace que si uno muere, arranque algo a todos los demás..."

Todo lo que tenía que decirse, ya fue dicho, solo se trata de educar para vivir de un modo más armonioso con el Universo, si esto se logra, encontraremos un nuevo sentido a la vida pedestre, en el que el Otro diverso se erija como un referente visible al que estamos necesitados de respetar, porque sino aparecerá el riesgo de empobrecer o perder la propia alma

Meditación durante el embarazo

La visión cuántica del mundo (el nuevo paradigma de la ciencia), ha demostrado la relación dinámica real entre todo lo que existe en el
Universo. Esto significa que nos encontramos en continuo intercambio de
energía e información con el resto de las existencias, entre las cuales
se encuentran nuestros hijos, aún en el estado prenatal.

Como seres nacidos de una Inteligencia Suprema (a menudo llamada Dios) portamos un natural poder para crear. No hay límites para esto. Cuando nos hacemos concientes de nuestra inteligencia interior y nos permitimos
experimentar sus efectos sucede un verdadero milagro de creación para
nosotros y en nuestro mundo cotidiano.

La fuerza que nos conecta y nos comunica ya sea con otras personas, la naturaleza o el cosmos, es el mismo impulso que nos lleva también a desear y concretar la concepción y el nacimiento de un hijo. Estamos hablando del Amor.

Tal vez, entre todas las posibles manifestaciones del amor, la que corra
mas riegos de pasar inadvertida es la del amor de los padres por el
hijo que aún se encuentra en el seno materno. Sin embargo, es en este
período en el cual deben instalarse las bases de una adecuada
interacción de modo que el vínculo resulte verdaderamente potenciador
para ambas partes.

La comunicación pre-natal es muy intensa en virtud de esta interconexión de energía e información que mencionamos al inicio. Y se lleva a cabo fundamentalmente a través de las transmisiones psíquicas (emocionales y mentales) e intuitivas. Si bien es cierto que el bebé en el útero de la mamá se encuentra mucho mas estrechamente ligado a todo lo que a ella le suceda durante el embarazo y el parto, la presencia del padre es también condicionante (favorecedora o limitante del desarrollo emocional y espiritual) y complementaria a la construcción de esas bases de crecimiento mutuo.

Siguiendo una Ley Universal e Inmutable que dice que “El Universo es Mental”, ubicamos nuestro poder creador en nuestros pensamientos. La práctica de la Meditación y de las Visualizaciones contribuye a tomar conciencia de ese poder creador en nuestra mente, a delimitar el tipo de pensamientos acordes a los resultados que deseamos manifestar y acelerar su manifestación en cada caso.

Las imágenes mentales son verdaderas fuerzas dinámicas que pueden resultar altamente positivas o marcadamente negativas y obstaculizadoras de la armonía, el bienestar y la evolución personal y colectiva.
Es común que durante el embarazo se despierten miedos inconscientes (ej. enfermedades o malformaciones del bebé, temor a morir en el parto, a no ser buenos padres, a no tener suficientes recursos para abastecer al niño, etc.), automatismos mentales negativos y prejuicios culturales que es necesario desprogramar para que esta información y este tipo de vibraciones
energéticas no contamine el vínculo con el bebé y afecten el desarrollo
ulterior de su personalidad.

Es importante aclarar, que si bien es muy agradable y productivo generar condiciones especiales para ambientar una sesión de meditación, la práctica en sí misma no requiere la obligatoriedad de una relajación muy profunda ni de la clásica postura de loto sino que es algo sumamente adaptable a cualquier momento o circunstancia en la vida cotidiana de la pareja embarazada. Es de destacar que la efectividad de esta técnica se acelera con el disciplinado uso de la respiración consciente.

También es enriquecedor el hecho de permitirse este espacio de trabajo interno para nutrir y fortalecer la relación vincular de la pareja.
La presencia de ambos progenitores, en este tipo de práctica, abre un
canal de comunicación directa con la energía propia de ese hijo que, si
bien no ha nacido aún, ya existe y puede igualmente percibir y
emitir información, asumiendo un protagonismo activo en la construcción
del lazo afectivo con sus padres.

Como dijimos que el Amor es la fuerza que nos mueve hacia nuestros propios milagros, sosteniendo voluntariamente los pensamientos e imágenes positivas en nuestras mentes creamos un campo de energía protectora, contenedora, beneficiosa y facilitadora de todo lo bueno a nuestro alrededor y alrededor de nuestros hijos y demás seres queridos. ¡Qué mejor que ofrecerle esta particular manifestación de amor como primer bienvenida al hijo que está por nacer y que necesita del calor del seno materno para sentirse amparado!

Y para empezar con esta práctica les comparto este bello pensamiento de Eileen Cady: “Ve lo positivo en cada cosa y te encontrarás rodeado de lo mejor, porque lo atraerás todo hacia ti, como hace el imán con el acero.”

Tomado de: http://fuerza-positiva-notas.blogspot.com/2007/05/el-poder-de-la-meditacin-durante-el.html

MAGICAL CHILD: Joseph Chilton Pearce

“El corazón es el principal centro de inteligencia en los seres humanos. Los neurocardiólogos han encontrado que del 60 al 65% de las células del corazón son en realidad las células neuronales, y no células musculares. (…) El corazón es también un generador electromagnético muy poderoso. (…) Nuestra respuesta emocional cambia el espectro electromagnético del corazón, que es de lo que el cerebro se alimenta. En última instancia, todo en nuestra vida depende de nuestra respuesta emocional a cada acontecimiento específico”

“Todo comienza con niños que se sienten incondicionalmente queridos, aceptados y amados. Esta es la clave de toda la operación. Usted puede tener todo lo demás: un alto nivel de vida, el sistema escolar más caro, los mejores maestros del mundo, pero si los niños carecen de esa experiencia inicial de SER AMADOS POR LO MENOS POR UNA PERSONA, y si no se sienten seguros y tranquilos en su ambiente de aprendizaje, entonces nada positivo va a suceder. Esto no es exagerado”


“Así que muchos adolescentes de hoy han sido privados de contacto y de amor desde el mismo comienzo de sus vidas. Tratan de compensar esa carencia con todo tipo de SUCEDÁNEOS OFRECIDOS POR LA CULTURA”

“Los adolescentes empiezan a buscar modelos de referencia de quiénes pueden ser, alguien para ayudarles a definir y dar perspectiva a ese profundo anhelo. ¿Y qué encuentran? MTV, estrellas del rock y el resto de personajes basura de películas y televisión”


“La televisión, literalmente, impide el crecimiento neuronal en el cerebro en desarrollo de los niños. El cerebro tiende a cerrarse en respuesta a las fuentes de luz radiante (…) El problema con la actual programación televisiva es que no hay descanso, y el cerebro de un niño promedio, que ha observado desde 5.000 hasta 6.000 horas a la edad de cinco o seis años, está viviendo una gran confusión como resultado. El enorme exceso de estímulo de la televisión hace que el cerebro se dañe y se adapte mal de una manera que antes se pensaba imposible”


“La obra Un Mundo Feliz de A. Huxley era tímida, una piruleta, en comparación con el tipo de condicionamiento que sucede al INTERFERIR EN LOS PROCESOS NATURALES ENTRE UNA MADRE Y UN NIÑO. Tenemos que darnos cuenta de que la educación realmente comienza en el útero y que los tres primeros años de vida son cuando 90% de ella tiene lugar”

“NADIE VA A CAMBIAR TODO EL SISTEMA. Todo lo que podemos hacer es un llamamiento a los padres que tienen oídos para oír y que están dispuestos a asumir el riesgo de llevar a sus hijos fuera de esta locura y protegerlos en contra de ella (…) En lugar de gastar millones de dólares tratando de arreglar lo que está mal con los adolescentes, se debe invertir en la educación de las personas para que SEAN BUENOS PADRES y amen y cuiden a sus bebés y niños pequeños para no tener grandes problemas más adelante”

Joseph Chilton Pearce es un famoso autor estadounidense especializado en desarrollo infantil y la mente humana, principalmente en la relación entre el corazón y el cerebro. Científico iconoclasta, su obra incluye disciplinas como la psicología, antropología, biología y física, a las que integra la dimensión energética.

Ha publicado numerosos libros siendo su mayor éxito editorial “Magical Child” que destacó en su momento por una visión novedosa sobre la crianza centrada en el enfoque no violento del nacimiento -como Leboyer y Michel Odent-, algo radicalmente diferente a los partos muy medicalizados y deshumanizados que se producen en EEUU y que explica el documental El Negocio del Nacimiento, y la trascendencia del vínculo con los padres, el amor incondicional, la lactancia materna prolongada, el contacto físico o el juego activo e imaginativo como la actividad más importante en la niñez.


Joseph Chilton Pearce es un experto incómodo para el establisment porque critica con dureza la cultura americana contemporánea y todas sus prácticas que impiden nutrir las necesidades, anhelos y el desarrollo intelectual, emocional y espiritual de los niños y jóvenes.

En 1999, la revista Journal Family Life publicó una contundente entrevista con este autor que, incluso una década después, resulta políticamente incorrecta. En este artículo reproducen la mayor parte de su contenido que se centra en los siguientes puntos:

El cerebro emocional y lo que implican los nuevos descubrimientos de la neurocardiología
La diferencia entre aprendizaje natural y condicionamiento
Las consecuencias de una crianza poco afectiva y su relación con los sucedáneos/adicciones posteriores (tema que también explica en profundidad Laura Gutman en “Crianza, violencias invisibles y adicciones“)
La TV y sus efectos nocivos en el crecimiento neuronal por la luz radiante, los sobresaltos, las imágenes violentas continuas y las horas de exposición. Algo muy documentado posteriormente en estudios como este, este o este
La edad apropiada para introducir las pantallas en la vida de los niños, una vez desarrollada su capacidad de pensamiento
Las dificultades de los adolescentes actuales de dar respuesta a sus anhelos profundos en una sociedad con referentes sociales poco recomendables
La prevención en forma de crianza consciente, amorosa, presencial y apoyada por el estado
Es una pena que los libros de Joseph Chilton Pearce no hayan sido traducidos al español porque su trabajo es anterior y coherente al de los autores famosos de crianza natural, incluye la perspectiva neurológica -que también trata ahora Punset- y sus conclusiones son importantes para los padres que quieren ofrecer una mejor futuro emocional a sus hijos.

Hemos avanzado muy poco en estos 10 años en todo lo que apunta este investigador, esperemos que haya más suerte y más conciencia en los siguientes…

Estas son sus palabras:

La neurociencia moderna ha estado haciendo algunos descubrimientos sorprendentes sobre el corazón humano. ¿Puede contarnos un poco acerca de ellos en los términos de una persona “laica“?
La idea de que podemos pensar con el corazón ya no es sólo una metáfora, sino que es, de hecho, un fenómeno muy real. Ahora sabemos esto por que la investigación combinada en dos o tres campos está demostrando que el corazón es el principal centro de inteligencia en los seres humanos. Los biólogos moleculares han descubierto que el corazón es la glándula endocrina más importante del cuerpo.

En respuesta a nuestra experiencia del mundo, produce y libera una hormona importante, ANF - que significa “Atriol Neuriatic Factor” - que afecta profundamente cada operación en la estructura del sistema límbico, o lo que nos referimos como el “CEREBRO EMOCIONAL”. Esto incluye el área del hipocampo donde la memoria y el aprendizaje tienen lugar, y también los centros de control de todo el sistema hormonal. Y los neurocardiólogos han encontrado que del 60 al 65% de las células del corazón son en realidad las células neuronales, y no células musculares, no como se creía anteriormente. Son idénticas a las células nerviosas en el cerebro, operando a través de los mismos enlaces de conexión llamados ganglios, con las mismas conexiones andendríticicas axonales que tienen lugar en el cerebro, así como a través de los mismos tipos de neurotransmisores que en el cerebro.

Literalmente, en otras palabras, hay un “cerebro” en el corazón, cuyos ganglios están vinculados a todos los órganos importantes en el cuerpo, a todo el sistema muscular que permite a los seres humanos expresar sus emociones. Alrededor de la mitad de las células nerviosas del corazón sirven para tratar de traducir la información que les llega enviada de todo el cuerpo de cara a mantener el cuerpo funcionando como un todo armónico. Y la otra mitad representan una gran conexión neuronal que media con el cerebro emocional en la cabeza y lleva a cabo un diálogo de veinticuatro-horas-al día entre el corazón y el cerebro del que ni siquiera somos conscientes.

¿Cómo funciona eso?
El corazón es también un generador electromagnético muy poderoso. Crea un campo electromagnético que abarca el cuerpo y se extiende hacia cualquier lugar alrededor a tres metros de distancia de él. Es tan poderoso que usted puede tomar un electrocardiograma de tan lejos como un metro de distancia del cuerpo. El campo que el corazón produce es holográfico, lo que significa que se puede leer desde cualquier punto en el cuerpo y desde cualquier punto dentro del campo. No importa lo microscópica de la muestra sea, usted puede recibir la información de todo el campo. Lo curioso es cuan profundos son los efectos del campo electromagnético sobre el cerebro. Todo indica que emite la totalidad del espectro de ondas de radio de la que el cerebro extrae su material para crear nuestra experiencia interna del mundo.

Tal vez lo más importante, ahora sabemos que el espectro radioeléctrico del corazón se ve profundamente afectado por nuestra respuesta emocional al mundo. Nuestra respuesta emocional cambia el espectro electromagnético del corazón, que es de lo que el cerebro se alimenta. En última instancia, todo en nuestra vida depende de nuestra respuesta emocional a cada acontecimiento específico.

¿Cómo se aplica este conocimiento emergentes a los niños y su sano desarrollo ?
La experiencia emocional de los niños, cómo se sienten a sí mismos y al mundo alrededor de ellos, tiene un tremendo impacto en su crecimiento y desarrollo. Es la base sobre la cual se basa todo el aprendizaje, la memoria, la salud y el bienestar futuro. Cuando esa estructura emocional no es estable y positiva para un niño, ningún otro proceso de desarrollo dentro de él funcionará plenamente. Su desarrollo posterior será solo compensatorio a las deficiencias.

Por lo tanto, lo primero y más importante que debe suceder, si deseamos un niño inteligente, exitoso y saludable, es que debe tener una experiencia emocional positiva. Hay cuarenta o cincuenta años de buena investigación en lugares como la Universidad de Harvard, la escuela de medicina de la Universidad de Arizona con gente como Schwartz y Russick, y HeartMath en California para apoyar esta declaración anterior. Todo comienza con niños que se sienten INCONDICIONALMENTE QUERIDOS, ACEPTADOS Y AMADOS. Esta es la clave de toda la operación. Usted puede tener todo lo demás: un alto nivel de vida, el sistema escolar más caro, los mejores maestros del mundo, pero si los niños carecen de esa experiencia inicial de ser amados por lo menos por una persona, y si no se sienten seguros y tranquilos en su ambiente de aprendizaje, entonces nada positivo va a suceder. Esto no es exagerado.

Parece que esto implicaría muchos cambios en la manera en que educamos a nuestros hijos.
El quid de la cuestión de la educación es que sólo hay dos tipos de aprendizaje: uno es el verdadero aprendizaje y el otro es el condicionamiento. El condicionamiento es una respuesta llena de temor, parte del cerebro primario, el más antiguo, el que llamamos el cerebro “posterior” o “reptil”. Este funciona por reflejos, es el cerebro de la supervivencia y del mantenimiento vital, es el que responde como si se sintiera amenazado. Una forma de aprendizaje tiene lugar aquí, pero es el aprendizaje condicionado, y está íntimamente asociado con los estados emocionales de hostilidad, ira y ansiedad.

Si desea verdadero aprendizaje, el aprendizaje que involucra a los lóbulos frontales superiores -el cerebro intelectual y creativo-, de nuevo, el entorno emocional debe ser positivo y de apoyo. Esto se debe a que a la primera señal de ansiedad, el cerebro cambia sus funciones desde los lóbulos prefrontales arriba al viejo cerebro reptil implicado en la supervivencia.

Parece que usted puede defender que nuestro desarrollo se basa, tal vez, más en el afecto que en la naturaleza.
En una edición de mayo de la revista Science, había un artículo que discutia cómo el estado emocional de la madre durante el embarazo determina el sentido de la evolución que se llevará a cabo dentro de su feto en desarrollo. Su estado de bienestar determina si el desarrollo del cerebro fetal se concentra en el lóbulo frontal o en el viejo cerebro reptiliano de la supervivencia.

Esta es probablemente la información más explosiva que hemos recibido últimamente. Y esto tiene mucho sentido porque el corazón es el primer órgano en formarse en el feto, en el plazo de unos diez días después de la concepción, y tiene que ser así debido a que proporciona el campo electromagnético del que el ADN mismo depende para sus instrucciones.

Muy bien, ¿qué pasa con los niños que fueron criados en hogares negativos y que no han recibido ese amor incondicional? ¿Qué podemos hacer para revertir este proceso y darles la posibilidad de llegar a ser personas completas?
Bueno, para mí, todo se reduce a una vez más al corazón. Los niños de los que usted está hablando han sido privados de adecuada nutrición a su corazón-cerebro. Ellos han estado viviendo en un entorno de gran carestía y lo único que puede hacerse de una manera u otra es proporcionarles un entorno propicio en el que puedan sentirse seguros, amados y queridos.

Sé que suena demasiado simplista, pero en realidad es toda la historia.

Estos jóvenes necesitan comunicación oral y escucha, afecto, juego, movimiento corporal, contacto visual, los sonidos dulces y contacto con el corazón de su padres a un nivel físico.



Miren el nuevo libro de Mariana Caplan que acaba de salir titulado Untouched (sin tocar). Es un trabajo muy bien documentado y brillante, que está a la altura del libro ya clásico de Ashley Montagu sobre contacto escrito hace treinta años. Trata sobre esos niños muertos de hambre de contacto físico que nunca han recibido suficiente crianza afectiva, ni emocional ni física. Debemos entender aquí que lo emocional y lo físico son esencialmente uno y lo mismo. Así que muchos adolescentes de hoy han sido privados de contacto y de amor desde el mismo comienzo de sus vidas.

¿Qué les sucede como resultado?
Tratan de compensar esa carencia con todo tipo de sucedáneos ofrecidos por la cultura, que no se cubrirán nunca sus necesidades.

¿No dijo usted una vez que los niños con imaginación nunca son violentos?
Bueno, en Suecia hay un grupo de médicos que dicen que esto es cierto. Sus estudios demuestran que los niños que tienen una buena capacidad de crear imágenes del mundo interior no son nunca violentos. Además, cada vez que estén frente a la violencia, serán capaces de imaginar y poner en práctica soluciones alternativas.

Creo que también le he oído decir que la televisión es el archi-enemigo de la imaginación. ¿Exactamente que es lo que está haciendo la televisión a nuestros hijos?
La televisión, literalmente, impide el crecimiento neuronal en el cerebro en desarrollo de los niños.

Cuando los niños pequeños la ven, anula la capacidad del cerebro para crear una imagen interna de algo o alguien, o de algún evento que no haya sido visto en el medio ambiente, anula la esencia de lo que llamamos “imaginación”.

Los investigadores solían pensar que era sólo el contenido de la programación el que estaba afectando negativamente a los niños. Ahora tenemos pruebas de que la tecnología y el dispositivo son muy perjudiciales por sí mismos.

En otras palabras: el simple acto de ver la televisión tiene efectos profundamente negativos en la fisiología de los seres humanos.

¿Cómo es eso?
Es una larga historia, que recorre todo el camino de vuelta a principios de los años 1960, cuando se descubrió que la mente de los niños se volvía catatónica frente al televisor. Esto tiene que ver con la forma en que el cerebro reacciona ante la luz radiante, que es la fuente de luz de la televisión y monitores de ordenador, y la luz reflejada, que es la que nos trae el resto de nuestra experiencia visual.

Esto es demasiado complicado para recorrer todo el camino hacia aquí ahora, así que permítanme simplemente decir que el cerebro tiende a cerrarse en respuesta a las fuentes de luz radiante. Todos hemos visto a los niños cómo hipnotizados cuando ven la televisión durante un periodo de tiempo.

Mi mayor preocupación tiene que ver con la forma en la industria de la televisión intenta contrarrestar este efecto mediante la introducción de lo que se conoce como “efectos sorpresa o sobresalto” en la programación de los niños. Un efecto de sobresalto es cualquier cosa que desencadene en el cerebro el pensamiento de que podría haber una situación de emergencia y lo ponga alerta para prestar atención a la fuente de la perturbación.

La televisión logra esto con los cambios repentinos y dramáticos de la intensidad de la luz o de sonido y un rápido desplazamiento de los ángulos de cámara. Eventualmente, sin embargo, el cerebro comienza a habituarse a la situación, dándose cuenta de que estos golpes son sólo falsas alarmas, y comienza a desconectarse de nuevo. Como resultado, cada diez años más o menos la industria de la televisión ha tenido que subir la apuesta haciendo golpes emocionales y sustos cada vez más grandes, hasta que finalmente lo que tenemos hoy son estallidos periódicos de imágenes violentas en los dibujos de los niños y así sucesivamente, hasta el punto en el que hay un promedio de 16 GOLPES DE VIOLENCIA CADA MEDIA HORA.

Aquí, la naturaleza del contenido del programa no importa. Mientras que el cerebro superior, o neocórtex, sabe que las imágenes en la televisión no son reales, el menor, o el cerebro “reptil” no lo sabe. Esto significa que cuando un niño ve la televisión y ve violencia, el cerebro reptil envía una serie de mensajes de alarma hasta el cerebro emocional, que a su vez contacta inmediatamente con el corazón. En el momento en que el corazón recibe una indicación de negatividad o de peligro, rompe de su habitual modo armónico en uno incoherente, provocando la liberación de la hormona más potente en el cuerpo humano, conocida como cortisol. El cortisol inmediatamente despierta el cerebro y hace que se producen billones de conexiones neuronales con el fin de preparar el individuo para enfrentarse a esa emergencia.

Entonces, tan pronto como el corazón recibe el mensaje de que el peligro era falso y no hay problema, otra hormona se libera para disolver todas las vías neurales hechas para hacer una rápida reacción de adaptación a la amenaza percibida. El problema con la actual programación televisiva es que no hay descanso, y el cerebro de un niño promedio, que ha observado desde 5000 hasta 6000 horas a la edad de cinco o seis años, está viviendo una gran confusión como resultado. El enorme exceso de estímulo de la televisión hace que el cerebro se dañe y se adapte mal de una manera que antes se pensaba imposible.

La TV está, literalmente, rompiendo todos los niveles de desarrollo neuronal.

Cuando la televisión se introdujo por primera vez se la presentó como una maravillosa y democrática tecnología que haría la vida de todos mejor y serviría como una herramienta educativa disponible de forma gratuita para todos. Y la cultura de los años cincuenta compró este engaño. Así que ¿qué hay de los ordenadores desde los años 90?
Bueno, los ordenadores entran esencialmente en la misma categoría. Le cuento un ejemplo que demuestra cómo pueden tener el mismo efecto debilitante en la mente que la televisión tiene. Unos investigadores tomaron una sola página de un libro de texto de cuarto nivel en el que había un texto explicativo y un par de diagramas o cuadros y pidió a tres grupos de personas que estudiaran esa información. Al grupo A se le dio el pedazo de papel mismo. Al Grupo B se mostró una película de la página, y el grupo C la vieron en una pantalla de televisión - que es exactamente lo mismo que un monitor de ordenador. Veinte minutos más tarde se puso a prueba en su comprensión y retención del material. El grupo A, que tenía una copia en papel en sus manos, tuvo un promedio de retención del 85%. Los que la vieron en película tuvieron un nivel de retención de entre el 25 y el 30%, y los que la estudiaron en el monitor tenía un nivel de comprensión y retención de entre el 3 y el 5%. Cuando se mezclaron los grupos y se probó otra vez con diferentes páginas del libro, en cada caso la retención y la comprensión era idéntico.

De nuevo, esto tiene que ver con cómo el cerebro fue construido y la forma en que responde a la luz radiante y a la luz reflejada como fuentes de información. Y esto debería hacernos parar y pensar, pero no lo hará.

(…)

Pero, muchos trabajos en la actualidad implican el uso de ordenadores. ¿Cómo podemos enseñar a los jóvenes lo que necesitan saber sobre ordenadores sin tener que depender demasiado de ellos?
En ese simposio de cuatro días en Berkeley llegamos a la conclusión de que todo depende de la edad apropiada. Un profesor del MIT, hizo una apasionada defensa sobre que debemos animar a los niños a desarrollar la capacidad de pensar primero, y luego darles el equipo. Después de eso, el cielo es el límite.

Pero si se introduce el equipo antes de que el niño resuelva los procesos de pensamiento, entonces usted tiene desastre en ciernes. Esto es porque, como señala Piaget, en los 12 primeros años de vida se establecen las estructuras de conocimiento que permiten a los jóvenes comprender información abstracta, metafórica y simbólica. La capacidad de pensamiento abstracto desarrollado como resultado de los procesos naturales concretos que han estado sucediendo durante millones de años. El peligro aquí es que el ordenador, que opera por la misma tecnología artificial de rayos catódicos que la televisión, interrumpa el desarrollo.

Dejando el tema de la TV y ordenadores a un lado, me da la impresión de que una gran cantidad de jóvenes que conozco sienten que falta algo en sus vidas. ¿Ha notado esto en tus viajes?

A menudo he hablado de tres características importantes de todos los adolescentes.

La primera es que tienen la expectativa de que algo enorme se supone que sucederá en sus vidas alrededor de la edad de 15 ó 16 años
La segunda es la sensación que tienen muchos de la grandeza que existe dentro de ellos
La tercera es un anhelo tan intenso que nunca puede ser aplacado. Y en este punto, los adolescentes empiezan a buscar modelos de referencia de quiénes pueden ser, alguien para ayudarles a definir y dar perspectiva a ese profundo anhelo. ¿Y qué encuentran? MTV, estrellas del rock y el resto de personajes basura de películas y televisión.
Esta es la etapa de la vida en la que muchas otras culturas fomentan el crecimiento espiritual a través de rituales de paso. ¿Cree usted que la ausencia de estos en nuestra cultura es uno de nuestros errores?
Por supuesto, pero las cosas que estás hablando son bloqueados sistemáticamente por nuestra sociedad porque no son económicamente viables. No se puede dar un valor en dólares. Los jóvenes en busca de algo con sentido y fundamento lo tienen difícil para encontrar lo que están buscando, ya que están encerrados en nuestro sistema cultural. Mira en el nuevo libro de Ralph Nader y Linda de Coco sobre la explotación empresarial de los niños. Es como una bomba. Por ejemplo, cuando se acercó Ralph Nader a Bob Pittman, quien inventó MTV, y le preguntó si era consciente de la profunda influencia que tenían en los jóvenes de 14 años de edad. El tipo se echó hacia atrás y dijo: “Ralph, no influimos en los niños de 14 años, LOS POSEEMOS. ”

¡Actualmente existen empresas de marketing que venden programas a las corporaciones detallando cómo rentabilizar la mente del niño! En otras palabras, estamos totalmente asentados ahora en una sociedad de consumo, y cambiar este hecho significaría, literalmente, una amenaza para nuestra economía. Yo no creo que se pueda cambiar esta realidad a gran escala. Sólo se puede tratar de trabajar en la periferia y con la esperanza de llegar a los individuos de uno en uno. NADIE VA A CAMBIAR TODO EL SISTEMA. Todo lo que podemos hacer es un llamamiento a los padres que tienen oídos para oír y que están dispuestos a asumir el riesgo de llevar a sus hijos fuera de esta locura y protegerlos en contra de ella.



¿Qué consejo le daría a los padres individuales de los adolescentes sobre cómo pueden ayudarles a alcanzar sus más profundos deseos?
Bueno, en primer lugar un gran número de adolescentes no tienen idea de lo que son sus deseos porque no han tenido la oportunidad de averiguarlo. Por lo tanto, podemos comenzar por ayudarles a identificar sus deseos.

A continuación, puede comenzar a ser más proactivo en vez de reaccionario. La mayoría de las crisis que se están produciendo en nuestros jóvenes hoy son artificiales, es decir, que son creadas por la misma cultura. En lugar de gastar millones de dólares tratando de arreglar lo que está mal con los adolescentes, se debe invertir en la educación de las personas para que sean buenos padres y amen y cuiden a sus bebés y niños pequeños para no tener grandes problemas más adelante. LOS CUATRO PRIMEROS AÑOS DE VIDA SON LOS MÁS IMPORTANTES. En Suecia, las nuevas madres cuentan con 3 años de permiso de maternidad. Solía ser uno, y ahora lo han elevado a 3 para que las madres pueden quedarse en casa con sus hijos. Y se está dando a los padres un permiso de un año de ausencia con sueldo completo, para que la madre y el padre puedan estar con su niño ese primer año crítico. Así que cuando usted pregunta qué podemos hacer con nuestros adolescentes, les digo que podemos empezar por la prevención desde el principio.

¿Entonces crees que hay esperanza para nosotros?
Hay algunas cosas extraordinarias sucediendo ahora mismo, en pequeñas parcelas en todo el mundo, ejemplos de coherencia verdadera en un sistema masivamente incoherente. Y cuando esta pesadilla de economía mundial que hemos desatado se autodestruya -como creo que ocurrirá-, esas pequeñas parcelas de inteligencia coherente se manifestarán y darán el impulso y la sabiduría necesarios para el cambio y para crear un mundo en el que los niños puedan alcanzar su pleno potencial. Soy muy optimista al respecto.

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Y de otra entrevista en inglés, destacan las siguientes respuestas:

Cerca de un siglo atrás, Rudolph Steiner, dijo que el mayor descubrimiento de la ciencia del siglo 20 sería que el corazón no es una bomba, sino mucho más, y que el gran desafío de los siglos venideros de la humanidad sería, en efecto, permitir al corazón enseñarnos a pensar de una manera nueva. Ahora, eso nos suena muy ocultista, pero creemos que es exacta y biológicamente el caso.

Yo estuve en Tailandia en una conferencia sobre el parto organizada por la Organización Mundial de la Salud y la UNESCO. Tailandia importó nuestra forma de nacimiento y la televisión hace unos treinta años, y ahora están en la ruina completamente -su estructura familiar destruida, su educación en ruinas, toda su estructura social colapsando. Se les llamó una vez, “La Joya de Oriente, La Tierra de las Sonrisas”. Pocos comprenden ahora el hecho de que Tailandia importó nuestros dos mortales gemelos: el parto tecnológico, médico y no natural seguido por la televisión, ambos de ellos niegan al niño los estímulos sensoriales adecuadas para el crecimiento y los sustituyen por estímulos radicalmente inadecuados que producen una mente totalmente condicionada.

La obra “Un Mundo Felíz” de A. Huxley era tímida, una piruleta, en comparación con el tipo de condicionamiento que sucede al interferir en los procesos naturales entre una madre y un niño. Tenemos que darnos cuenta de que la educación realmente comienza en el útero y que los tres primeros años de vida son cuando el noventa por ciento de ella tiene lugar.

Más información: Wikipedia
Libros de Joseph Chilton Pearce en Amazon

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