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“Queremos que los bebés coman más que los adultos, ¡y luego que están obesos!”

Entrevista de Nuria Casas a Carlos González en Heraldo.es

Tras leer sus tesis, da la impresión de que el bebé es como el cliente, que siempre tiene la razón.

En realidad, sí, según va creciendo se le quita un poco, pero el bebé solo pide cosas razonables. Un niño mayor a lo mejor llora porque quiere un bicicleta, pero un bebé solo llora para que le cojan en brazos. Quiere el cariño y el amor de sus padres.

Se pregunta si creemos que los reformatorios y las cárceles están poblados de personas a los que cogieron demasiado en brazos. Es una forma de verlo.

Cuando doy conferencias me gusta hacer una pequeña encuesta: ¿A cuántos de los padres y madres presentes les ha dicho alguna vez un profesional sanitario que no cojan a su hijo en brazos? ¿Y cuántas veces les han dicho que pongan tapones de seguridad a los enchufes para que el niño no meta los dedos? Parece que el mayor peligro que corre un bebé es que lo cojan en brazos. Insisten más en eso que en que le vacunen.

Respecto a la alimentación, defiende que no hay que obligarles a los niños a comer.

Jamás.

¿Por qué?

Porque es innecesario, contraproducente y peligroso. Innecesario porque todos los niños comen lo que necesitan. Contraproducente, porque la mayoría de los niños lo que hacen es enfadarse muchísimo y comer todavía menos. Y peligroso porque algunos pobrecicos son tan buenas personas que si ven que sus padres insisten, por no llevarles la contraria comen de más, y en este momento tenemos una epidemia de obesidad infantil en España. Y la obesidad infantil es debida a que los niños comen demasiado, no tiene otra explicación.

¿Queremos que coman como adultos?

Mucho más que adultos, porque la típica papilla infantil que se da a bebés de seis meses, de media pera, media naranja, media manzana y cuando viene la abuela una galleta María, eso se lo dan a niños de seis kilos. Es decir, yo tendría que comer doce veces esa cantidad. ¡A ver cómo me como yo seis peras, seis naranjas, seis manzanas y doce galletas María!

Sí defiende que se les acostumbre a comer de todo.

Que se les ofrezca la comida normal de la familia, que es el objetivo, que vaya aprendiendo a comer normal. Luego te encuentras a muchos padres que se quejan de que niños de dos y tres años solo comen triturado. Es que había que empezar mucho antes, si no se les pasa las ganas, los niños a los seis, los ocho y los nueve meses están deseando llevarse a la boca comida normal. A los bebés les encanta probar de todo, de hecho se comen hasta las llaves del coche.

Considera que dar el pecho es mano de santo, vale para todo.

Para casi todo. Los niños no siempre lloran por hambre, no siempre que piden el pecho es por hambre. El pecho va bien para cuando se despierta por la noche, está despierto y no sabe por qué.

¿Hay que dárselo a demanda y el tiempo que quiera?

El tiempo que madre e hijo quieran. Lo importante es que cada cual pueda decidir, porque en esto hay un poco de discriminación, porque hay madres que deciden dar el pecho y hay madres que deciden dar el biberón, cada una toma sus decisiones. Pero nunca he oído a una madre que intente dar el biberón y fracase, ni que el médico le dijera: “No hay que ser fanáticos, si rechaza el biberón dale el pecho que también se cría”.

Pero es más fácil compaginar el biberón que el pecho cuando la mujer trabaja.

Sí, pero es que llevamos una vida un poco arrastrada. Tradicionalmente siempre se ha dicho que trabajabas para dar de comer a tus hijos, y ahora resulta que dejas a tus hijos para irte a trabajar. Si lo importante en esta vida es cuidar a nuestros hijos, todo lo demás está supeditado a eso.

Ese recado también irá destinado a los padres.

Claro, a todo el mundo. Y así ha sido siempre, en la Edad Media un campesino no decía: trabajo para hacerme rico o trabajo para realizarme como persona, sino para darle de comer a los hijos. Ahora parece que trabajar es un bien en sí mismo y, si nos sobra tiempo, cuidamos al niño.

Dice que acostumbrar a los niños a un horario no tiene ninguna ventaja.

No, y además sería un serio problema, porque si lo acostumbras a desayunar a las siete, ¿qué pasa el domingo? Tú quieres que el domingo desayune a las 9.30. El otro día me contó una madre que en la guardería donde iba a llevar a su hijo un mes más tarde le dijo la directora: “Es muy importante que los niños tengan un horario fijo”. Y la madre respondió: “Sí, eso ya lo hago bien porque mi hijo siempre come a las dos”. “Ah, no, pues eso lo tienes que cambiar porque aquí se come a la una”.

Así que el horario es bueno para el que lo pone, no para el niño.

Claro. Si fuera tan importante el horario del niño, se acomodaría la guardería en lugar del pequeño.

Tampoco cree en la teoría de que si el bebé duerme mal es porque está mal criado.

No, salvo en el sentido que se considere malcriar. Pegar bofetones es criarlo mal. Abandonar a un niño, no hacerle caso, es malcriar. Un niño al que por la noche no hacen caso, no consuelan y no atienden pues es posible que duerma mal. Un bebé se despierta cada dos horas para comprobar si su mamá está. Si es así, se vuelve a dormir, y si no, llora hasta que mamá viene.

¿Está diciendo que el método Estivill, basado en dejar llorar al niño es un caso de maltrato?

No maltrato en el sentido de pegar o hacer daño, pero no está bien. No me gustaría que me tratasen así. Imagina que estás en el hospital con una pierna enyesada, llamas al timbre y la enfermera no viene. Se asoma a la puerta y te dice: es de noche, tienes que dormir de un tirón, adiós. Pues no dirías que en ese hospital te tratan bien.

Pero si el enfermo es un pesado que no para de tocar al timbre para llamar la atención… ¿o no hay bebés así?

Es que a los bebés sí les pasa algo. A un niño que está llorando lo coges en brazos, le dices unas cuantas cositas y se calma.

Caso práctico: mi hijo de cinco años viene a las cuatro de la madrugada a nuestra cama. ¿Qué hacemos?

Nada, salvo un hueco. Es lo más cómodo que se me ocurre.

A él también le parece lo más cómodo.

¿Qué otras soluciones hay? Irse a dormir con él requiere más esfuerzo. A los padres les han hecho muy difícil el sueño de los niños. Nuestros abuelos ni se lo planteaban, ha empezado a ser un problema cuando los padres han considerado que es obligatorio que duerman en otra habitación

Entrevista a Carlos González

El reconocido pediatra Carlos González presenta su último libro Entre tu pediatra y tú. Lo que necesitas saber para cuidar a tu hijo de forma natural.


El autor de Bésame mucho presenta su último libro Entre tu pediatra y tú, un recopilatorio de preguntas y respuestas que trata de resolver las dudas de los papás de hoy. Carlos González ha hablado con www.mibebéyyo.com de la publicación de su nueva obra.

Entre tu pediatra y tú es un recopilatorio de más de 200 cartas de mamás. ¿Qué criterio se ha seguido a la hora de seleccionar las cartas que iban a ser publicadas y las que no?

Las más interesantes, las que aportaban suficientes datos para hacerse una idea más o menos cabal de la situación. Y, en la medida de lo posible, las más variadas (porque algunas preguntas, como “no come” o “no duerme”, aparecían cientos de veces).


¿Por qué un libro de preguntas y respuestas?

Porque las preguntas son más interesantes que las respuestas. La mayoría de las respuestas que doy en este libro se pueden encontrar, con palabras parecidas, en otros libros anteriores. Pero pensamos que para los padres puede ser útil leer de primera mano las experiencias de otros padres. Darse cuenta de que su hijo no es tan raro como pensaban.


En más de una ocasión ha tranquilizado a las mamás afirmando que no deben tener miedo, que tanto la madre como el hijo sabrán lo que tienen que hacer en cada momento. ¿Cree que las madres de hoy se sienten tan inseguras porque consideran que han perdido el instinto?

Algunas se sienten inseguras. Seguro que también hay muchas que se sienten muy seguras, y por eso no nos envían preguntas.
A veces, la desinformación contribuye a esa inseguridad. Los padres sienten deseos de consolar a su hijo que llora, de cogerlo en brazos, de metérselo en la cama cuando llora por la noche… pero encuentran libros y expertos que dicen que eso “es malo”, y les hacen dudar. Otras veces, la inseguridad parece estar relacionada con la falta de contacto. Los niños de ahora pasan menos tiempo con su madre que los de hace cuarenta años. Ahora, muchos empiezan a ir a la guardería con pocos meses, se quedan a comer, hacen horas de “acogida”… Son las “horas de vuelo”, el prolongado contacto con su hijo, lo que hace que la madre se sienta segura de sus propias decisiones, de su forma de cuidarlo.

Su libro está impregnado de un toque de humor. En algunas ocasiones ha comentado que utiliza el humor para desdramatizar la situación de cara a las mamás. ¿Cree que las madres le dan demasiada importancia a aspectos que no la tienen? ¿En qué cree que deberían cambiar?

A veces sí. Por supuesto hay niños con verdaderos problemas, con graves enfermedades, con problemas neurológicos… pero no hay mucho de eso en mi libro. Y sin embargo ves familias enteras muy preocupadas por si el niño se acaba la fruta.


En alguna entrevista ha mencionado que el objetivo de que el niño deje de dormir con los papás no es que duerma el bebé, sino los padres. ¿Qué es lo que quiere decir con esta afirmación?

Lo que yo suelo decir que el objetivo no es que duerma el bebé (él no tiene que trabajar, y si no duerme ahora, ya dormirá luego); el objetivo es que duerman los padres.
Por ejemplo, un bebé duerme en la cunita junto a la cama de su madre. Se despierta, la madre lo coge rápidamente sin salir de su propia cama y se lo pone al pecho. El bebé se tranquiliza enseguida. Normalmente, la madre se duerme antes que el bebé, por lo que éste se queda ya en su cama. A la mañana siguiente, la madre no puede decir si su hijo ha mamado dos veces o cinco, porque estaba medio dormida y apenas se acuerda. Pero a otras madres les han dicho que está prohibido dormir con el bebé. Se ven obligadas a hacer el esfuerzo de mantenerse despiertas esperando a que el bebé se duerma para poder volver a dejarlo en la cuna. Y como los bebés tardan 15 o 20 minutos en entrar en la fase de sueño profundo (si intentas dejarlo en la cuna antes, se pone a llorar), para cuando consigue dejar al bebé en la cuna, la madre ya está completamente desvelada y le cuesta mucho dormirse. No digamos la que tiene que levantarse porque el bebé está en otra habitación. Esas madres sí que recuerdan perfectamente las cinco veces que se despertó su hijo. Es lástima que algunas familias estén haciendo esos sacrificios, renunciando a dormir los padres con tal de hacer dormir a los bebés. Y ese es uno de los principales mensajes de mi libro: que tienen derecho a meterse al niño en la cama, si eso les resulta cómodo.

Es Presidente de la Asociación Catalana pro Lactancia Materna. Muchos de sus consejos están destinados a que la mamá pueda seguir dando el pecho a su bebé el máximo tiempo posible. ¿Qué les diría a todas esas mamás que han optado por la lactancia artificial?

Pues que me parece muy bien, cada madre toma su decisión en función de su situación personal, sus deseos, sus conocimientos y su circunstancia.


En sus libros señala que en el hecho de dar de mamar, la madre le está dando muchas cosas más además de leche al bebé. ¿A qué “cosas” se refiere?

Le está dando contacto físico, cariño, consuelo, calor, el latido de su corazón y el suave movimiento de su respiración… por supuesto, es perfectamente posible darle todo eso a un bebé sin darle el pecho. Pero lo que no es posible es darle el pecho sin darle al mismo tiempo todo lo otro. Y hay que tener en cuenta que los bebés no sólo piden pecho cuando necesitan leche; también lo piden cuando necesitan calor, brazos, afecto, contacto…


Es de la opinión de que si un niño llora es por algo, porque se siente mal por algún motivo y nos lo está intentando comunicar a su manera. ¿Qué límites deben establecer los padres para satisfacer los deseos de sus hijos?

El límite de lo posible. Como haríamos con cualquier otra persona. Si un amigo me llama por teléfono llorando, no le cuelgo. Le escucho, intento averiguar cuál es su problema, intento ayudarle en lo posible. Pues con más motivo si no es un simple amigo, sino un hijo.

'Hoy exigimos más a los niños y les damos muy poco'

Extraído de El Mundo

Entrevista a Carlos González

Actualizado miércoles 10/02/2010 19:56
MARÍA SÁNCHEZ-MONGE

MADRID.- Los padres se dividen en dos categorías: los que siguen el método y los que no. El pediatra Carlos González (Zaragoza, 1960), fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), se ha convertido en uno de los más firmes defensores de la no utilización de técnicas para enseñar buenos hábitos de sueño a los niños.

"Mis padres jamás intentaron dejarme llorar por la noche para que durmiese", alega. Sus libros –Mi niño no me come (2002), Bésame mucho: cómo criar a tus hijos con amor (2003) y Un regalo para toda la vida: guía de la lactancia materna (2006)– han sido acogidos con fervor por buena parte de los progenitores más jóvenes. También han servido para avivar el debate sobre los ingredientes más apropiados para criar a los hijos. ¿Hasta dónde debe llegar la libertad de los pequeños? ¿Cuándo es imprescindible imponer límites? Acaba de publicar Entre tu pediatra y tú (Temas de hoy), una selección de preguntas y respuestas sobre las preocupaciones cotidianas de los padres.

Pregunta.- ¿Cómo definiría la crianza natural?

Respuesta.- Es un movimiento ideológico que cada cual entiende de una forma distinta. Habla de cosas como coger al niño en brazos, no rehuir el contacto con él o darle el pecho. En definitiva, criar a los hijos como se ha hecho toda la vida.

P.- ¿Ese modo de proceder implica renunciar a inculcar pautas de comportamiento?

R.- Por supuesto que los padres deben fijar normas. A lo que me opongo es a que no sean ellos los que las decidan, sino terceras personas. Todos estamos de acuerdo en cosas como no dejar que los pequeños tiren macetas, pero en cuestiones como sorber la sopa ya no hay tanto consenso. No todas las familias son iguales; deben tener libertad para poner sus directrices.

P.- ¿Estamos malcriando a los chavales?

R.- Tal vez sí, pero no por lo que la gente piensa. Se cree que es porque se les da todo, pero en realidad se les exige mucho y reciben muy poco. Un niño de 12 años pide una consola y se la dan. Los más pequeños hacen otras peticiones: quieren que se les coja en brazos y se les acompañe por la noche. Nunca habían ido tantos niños a la guardería. Antes sólo tenían que jugar, correr y saltar. Ahora pretendemos que estén sentados, sepan guardar su turno... Lo que los críos necesitan es estar más horas al día con sus padres.

P.- Con la vida que llevamos, ¿cómo se puede conseguir eso?

R.- Con cambios sociales y ayudas a las familias. Educar a los niños es la cosa más importante que se puede hacer. Sin embargo, los estamos dejando en manos de otros. Y no es solamente por la legislación. Ésta refleja las prioridades de la gente. Parece que para muchas personas esta situación no representa ningún problema.

P.- Las preguntas que le hacen llegar los padres reflejan la inseguridad con la que afrontan el cuidado de sus descendientes. ¿A qué se debe ese mar de dudas en el que viven algunos?

R.- Se está intentando tecnificar la crianza de los hijos. Con frecuencia oyes que habría que pedir un título antes de tener un niño. Eso me da un poco de repelús. Para criar un niño lo único que necesitas es ser madre o padre. Los progenitores tendrían que guiarse por cómo les cuidaron a ellos. Yo no contesto como pediatra a las cuestiones que me plantean, sino como padre y como persona que se ha preocupado por este tipo de temas. Muchos médicos y enfermeras dan consejos sobre asuntos que no les corresponden. Por ejemplo, en la facultad no enseñan cuándo hay que coger en brazos a los bebés. Si un pediatra se pronuncia, únicamente está dando su opinión.

P.- Usted promueve la recuperación de la lactancia materna. ¿Ha aumentado el número de madres que optan por este tipo de alimentación?

R.- En las últimas décadas se ha producido un cambio enorme. No hay estadísticas completas, pero ahora son muy pocas las mujeres que no quieren dar el pecho. No llegan ni al 20%. No obstante, sigue habiendo muchas que lo intentan pero lo dejan al poco tiempo por distintos motivos. Quienes tienen la suerte de contar con la información necesaria, continúan durante al menos un año, e incluso llegan hasta dos o tres.

El fin de la lactancia debe ser cuando madre e hijo quieran

Entrevista a Carlos González en el diario ADN el 5 de febrero de 2010

El fin de la lactancia debe ser cuando madre e hijo quieran, según experto



Carlos González saca hoy a la venta 'Entre tu pediatra y tú' (temas'de hoy), una recopilación de preguntas y respuestas sobre los temas que más preocupan a los padres.

La leche materna está compuesta por diversos componentes nutricionales que ayudan al buen desarrollo del bebé, por este motivo, en los últimos años, expertos como el pediatra Carlos González, defienden que "el fin de la lactancia debe ser cuando madre e hijo quieran", siempre teniendo en cuenta que, "por mucho que el niño quiera, si la madre ya no puede, habitualmente gana el adulto".


Esta cuestión es una de las dudas más comunes entre las madres que apuestan por la lactancia materna, aunque no es la única como se puede observar en el libro 'Entre tu pediatra y tú', que hoy sale a la venta, y que expone una recopilación de preguntas y respuestas publicadas desde 1996 en la revista 'Ser Padres' sobre las preocupaciones cotidianas de los padres. Así, su objetivo es resolver o aclarar las dudas que cada día asaltan sobre la salud, el crecimiento, la alimentación --sobre todo la lactancia-- y el desarrollo de los hijos.

"Normalmente lo que se publica es un resumen muy resumido, cuando en realidad muchas preguntas ocupan varias páginas y las respuestas también. Pensábamos que era interesante para muchas madres, y digo madres porque el 99 por ciento lo son, ver cómo otras madres explican sus mismos problemas y darse cuenta de que a veces lo que parece un gran problema es una cosa bastante común y que hacen muchísimos niños", explica este experto en una entrevista a Europa Press.


González aclara todas las preocupaciones con rigor, claridad y con un toque de humor ya que "puede ayudar a la gente a desdramatizar la situación", además de asegurar que "es increíble ver que facilidad la gente se espanta y piensa que son problemas que van a durar toda la vida". Por este motivo, y con el objetivo de dar una visión simple del problema, se pone en la piel del niño y pide a los padres que hagan lo mismo.


"No es que yo este diciendo que es sencillo y que tengo la solución, sino que es sencillo porque como no tiene solución no hay que darle más vueltas. Si el niño no come no digo lo que se tiene que hacer, si no duerme no digo lo que tiene que hacer para que duerma, yo lo que digo es que si el niño no come, si su peso está normal y el niño está sano, es que no tiene que comer más. El niño no duerme, pues al niño no le pasa nada, es lo normal, es comprensible, es un problema para los padres que tampoco pueden dormir, pero si quieren que duerma el objetivo no es que duerma el niño sino los padres", indicó.


Durante gran parte del libro se puede observar la importancia que el autor da a la lactancia que, en su opinión, "es una parte importante de la vida de los niños y de la vida de las madres". En este sentido, reconoce que puede ser criticado por su afán de promover este habito, pero cree que "las madres que desean dar el biberón no necesitan más ayuda de la que ya están consiguiendo; no hablo del biberón porque no hay nadie que quiera dar el biberón y no lo consiga".


Por este motivo, dar el pecho esta dentro del resto de sus libros ya publicados: 'Bésame Mucho: cómo criar a tus hijos con amor', 'Mi niño no me come', 'Un regalo para toda la vida', y 'Comer, amar y mamar' fundamentalmente porque "se trata de que aquellas madres que desean dar el pecho tengan toda la ayuda necesaria para conseguirlo, de modo que puedan disfrutar de la experiencia y sin dolor".


"Ni la lactancia es sólo alimentación, ni la madre es sólo lactancia. El niño necesita muchas cosas de la madre, no solamente que le den de comer, y en el hecho de darle de mamar le está dando muchas cosas además de darle leche", asegura.


"LOS PADRES DEBEN TOMAR LAS DECISIONES"


Otro de los temas tratados con más frecuencias es el sueño del bebé y del niño. En este caso, se muestra contrario a poner en práctica el método desarrollado por el doctor Eduard Estivill, que se basa en una serie de tiempo en los que se debe dejar al niño llorar. Al respecto, confirma su eficacia pero lamenta que los padres lo pongan en práctica. "Lo que más molesta es que se haya presentado a los padres que si no lo haces, el niño va a tener problema de sueño, cuando eso no es cierto. El niño no va a atener problema de sueño", explica.


A su juicio, cuando se publicó este método creó dudas en aquellos padres, que hasta el momento dormían con el niño en la misma habitación. "Me preocupo hace años, cuando salió y se le dio tanta difusión que me encontraba a padres que no deseaban poner al niño en otra habitación, que estaban contentos durmiendo con su hijo en la cama, pero que al leer ese libro empezaban a preocuparse, sin darse cuenta de que al niño no le iba a pasar nada estando con ellos", recuerda.


No obstante, afirma que su intención en ningún caso es decir cómo deben de dormir los niños, sino explicar a los padres porque los niños hacen los que hacen, dejando claro que no se trata de bebes malcriados, caprichosos, etc. "Eso son mitos, el niño tiene una conducta normal de ser humano y de muchos otros animales, están diseñados para no separarse para nada de sus cuidadores, sobre todo de su madre, y cuando se separan de su madre les entra angustia y no paran de llorar hasta que vuelve", advierte.


Asimismo, se niega a pensar que los niños fingen y coaccionan a los padres. En su opinión, "cuando un niño te dice que quiere brazos y quiere brazos; se siente mal y se pone a llorar, no es que este fingiendo, es que quiere llorar; los adultos si que somos capaces del chantaje emocional, es decir de fingir emociones para conseguir un resultado".


La educación en general preocupa a los padres con hijos de todas las edades, en este sentido el fundador y presidente de la Asociación catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), deja claro que "los padres deben tomar las decisiones", por este motivo tres son multitud y los padres no deben dejarse influir por opiniones externas.


"El niño puede pedir una cosa y está en nosotros decidir si se le puede dar o no, no pasa nada, lo que no es bueno es que los padres tengan presiones no autorizadas, el niño tiene derecho a pedir lo que le conviene, los padres por su parte tiene derecho a pedir lo que les conviene a ellos, cuando entre dos personas hay un conflicto se negocia y se llega más o menos a un arreglo", indica.

"Cada cual tiene que buscar la estrategia que les vaya mejor, entonces lo importante es que los padres se den cuenta de que son ellos los que tienen derecho a decidir lo que les va mejor. Lo triste es que meta baza un tercero que no tiene nada que ver", concluye.

Vía: ADN

La semilla del bien

Extraído del libro “Bésame mucho” de Carlos González

Observando el comportamiento de niños de uno a tres años en una guardería, unos psicólogos pudieron comprobar que, cuando uno lloraba, los otros espontáneamente acudían a consolarle. Pero aquellos niños que habían sufrido palizas y malos tratos hacían todo lo contrario: reñían y golpeaban al que lloraba. A tan temprana edad, los niños maltratados se peleaban el doble que los otros, y agredían a otros niños sin motivo ni provocación aparente, una violencia gratuita que nunca se observaba en niños criados con cariño.

Oirá decir que la delincuencia juvenil o la violencia en las escuelas nacen de la “falta de disciplina”, que se hubieran evitado con “una bofetada a tiempo”. Eso son tonterías. El problema no es falta de disciplina, sino de cariño y atención, y no hay ningún tiempo “adecuado” para una bofetada. Ofrézcale a su hijo un abrazo a tiempo. Miles de ellos. Es lo que de verdad necesita.

Tu hijo no tiene prejuicios, Carlos González

Extraído del libro "Bésame Mucho"

Observe a su hijo en el parque. ¿Alguna vez se ha negado a jugar con otro niño porque es negro, o chino, o gitano, o porque su ropa no es de marca o tiene un cochecito viejo y gastado? ¿Alguna vez le oyó decir "vienen en pateras y nos quitan los columpios a los españoles"? Tardaremos aún muchos años en enseñarles esas y otras lindezas.

Tu hijo es buen hermano, Carlos González

Extraído del libro "Bésame Mucho"

Imagínese que su esposa llega un día a casa con un guapo mozo, más joven que usted, y le dice: "Mira, Manolo, este es Luis, mi segundo marido. A partir de ahora viviremos los tres juntos, y seremos muy felices. Espero que sabrás compartir con él tu ordenador y tu máquina de afeitar. Como en la cama de matrimonio no cabemos los tres, tú, que eres el mayor, tendrás ahora una habitación para tí solito. Pero te seguiré queriendo igual". ¿No le parece que estaría "un poquito" celoso? Pues un niño depende de sus padres mucho más que un marido de su esposa, y por tanto la llegada de un competidor representa una amenaza mucho más grande. Amenaza que, aunque a veces abrazan tan fuerte a su hermanito que le dejan sin aire, hay que admitir que los niños se toman con notable ecuanimidad.

Tu hijo es sincero, Carlos González

Extraído del libro "Bésame Mucho" de Carlos González

¡Cómo nos gustaría tener un hijo mentiroso! Que nunca dijera en público "¿Por qué esa señora es calva?" o ¿Por qué ese señor es negro?" Que contestase "Sí" cuando le preguntamos si quiere irse a la cama, en vez de contestar "Sí" a nuestra retórica pregunta "¿Pero tú crees que se pueden dejar todos los juguetes tirados de esta manera?"

Pero no lo tenemos. A los niños pequeños les gusta decir la verdad. Cuesta años quitarles ese "feo vicio". Y, entre tanto, en este mundo de engaño y disimulo, es fácil confundir su sinceridad con desafío o tozudez.

Tu hijo sabe ceder, Carlos González

Extraído del libro “Bésame mucho” de Carlos González

Jordi duerme en la habitación que sus padres le han asignado, en la cama que sus padres le han comprado, con el pijama y las sábanas que sus padres han elegido. Se levanta cuando le llaman, se pone la ropa que le indican, desayuna lo que le dan (o no desayuna), se pone el abrigo, se deja abrochar y subir la capucha porque su madre tiene frío y se va al cole que sus padres han escogido, para llegar a la hora fijada por la dirección del centro.

Una vez allí, escucha cuando le hablan, habla cuando le preguntan, sale al patio cuando le indican, dibuja cuando se lo ordenan, canta cuando hay que cantar. Cuando sea la hora (es decir, cuando la maestra le diga que ya es la hora) vendrán a recogerle, para comer algo que otros han comprado y cocinado, sentado en una silla que ya estaba allí antes de que él naciera.

Por el camino, al pasar ante el quiosco, pide un “Tontanchante”, “la tontería que se engancha y es un poco repugnante”, y que todos los de su clase tienen ya. “Vamos, Jordi, que tenemos prisa. ¿No ves que eso es una birria?” “¡Yo quiero un Totanchante, yo quiero, yo quiero…!” Ya tenemos crisis.

Mamá está confusa. Lo de menos son los 20 duros que cuesta la porquería ésta. Pero ya ha dicho que no. ¿No será malo dar marcha atrás? ¿Puede permitir que Jordi se salga con la suya? ¿No dicen todos los libros, todos los expertos, que es necesario mantener la disciplina, que los niños han de aprender a tolerar las frustraciones, que tenemos que ponerles límites para que no se sientan perdidos e infelices? Claro, claro, que no se salga siempre con la suya. Si le compra ese Tontachante, señora, su hijo comenzará una carrera criminal que le llevará al reformatorio, a la droga y al suicidio.

Seamos serios, por favor. Los niños viven en un mundo hecho por los adultos a la medida de los adultos. Pasamos el día y parte de la noche tomando decisiones por ellos, moldeando sus vidas, imponiéndoles nuestros criterios. Y a casi todo obedecen sin rechistar, con una sonrisa en los labios, sin ni siquiera plantearse si existen alternativas. Somos nosotros los que nos “salimos con la nuestra” cien veces al día, son ellos los que ceden. Tan acostumbrados estamos a su sumisión que nos sorprende, y a veces nos asusta, el más mínimo gesto de independencia. Salirse de vez en cuando con la suya no sólo no les va hacer ningún daño, sino que probablemente es una experiencia imprescindible para su desarrollo.

Tu hijo saber perdonar, Carlos Gonzalez

Extraído del libro “Bésame mucho” de Carlos González

Silvia ha tenido una rabieta impresionante. No se quería bañar. Luchaba, se revolvía, era imposible sacarle el jersey por la cabeza (¿por qué harán esos cuellos tan estrechos?). Finalmente, su madre la deja por imposible. Ya la bañaremos mañana, que mi marido vuelve antes a casa; a ver si entre los dos…

Tan pronto como desaparece la amenaza del baño, tras sorber los últimos mocos y dar unos hipidos en brazos de mamá, Silvia está como nueva. Salta, corre, ríe, parece incluso que se esfuerce por caer simpática. El cambio es tan brusco que coge por sorpresa a su madre, que todavía estará enfadada durante unas horas. “¿Será posible?” “Mírala, no le pasa nada, era todo cuento”.

No, no era cuento. Silvia estaba mucho más enfadada que su madre; pero también sabe perdonar más rápidamente. Silvia no es rencorosa. Cuando Papá llegue a casa, ¿cuál de las dos se chivará? (”Mamá se ha estado portando mal…”). El perdón de los niños es amplio, profundo, inmediato, leal.

Tu hijo es valiente, Carlos González

Extraìdo del libro "Bèsame Mucho" de Carlos Gonzàlez

Está usted haciendo unas gestiones en el banco y entra un individuo con un pasamontañas y una pistola. "¡Silencio! ¡Al suelo! ¡Las manos en la nuca!" Y usted, sin rechistar, se tira al suelo y se pone las manos en la nuca. ¿Cree que un niño de tres años lo haría? Ninguna amenaza, ninguna violencia, pueden obligar a un niño a hacer lo que no quiere. Y mucho menos a dejar de llorar cuando está llorando. Todo lo contrario, a cada nuevo grito, a cada bofetón, el niño llorará más fuerte.

Miles de niños reciben cada año palizas y malos tratos en nuestro país. "Lloraba y lloraba, no había manera de hacerlo callar" es una explicación frecuente en estos casos. Es la consecuencia trágica e inesperada de un comportamiento normal: los niños no huyen cuando sus padres se enfadan, sino que se acercan más a ellos, les piden más brazos y más atención. Lo que hace que algunos padres se enfaden más todavía. Si que huyen los niños, en cambio, de un desconocido que les amenaza.

Los animales no se enfadan con sus hijos, ni les riñen. Todos los motivos para gritarles: sacar malas notas, no recoger la habitación, ensuciar las paredes, romper un cristal, decir mentiras... son exclusivos de nuestra especie, de nuestra civilización. Hace sólo 10.000 años había muy pocas posibilidades de reñir a los hijos. Por eso, en la naturaleza, los padres sólo gritan a sus hijos para advertirles de que hay un peligro. Y por eso la conducta instintiva e inmediata de los niños es correr hacia el padre o la madre que gritan, buscar refugio en sus brazos, con tanta mayor intensidad cuanto más enfadados están los progenitores.

Tu hijo es desinteresado, Carlos Gonzalez

Extraìdo del libro “Bèsame mucho” de Carlos González

Sergio acaba de mamar; no tiene frío, no tiene calor, no tiene sed, no le duele nada… pero sigue llorando. Y ahora, ¿qué más quiere?
La quiere a usted. No la quiere por la comida, ni por el calor, ni por el agua. La quiere por sí misma, como persona. ¿Preferiría acaso que su hijo la llamase sólo cuando necesitase algo, y luego “si te he visto no me acuerdo”? ¿Preferiría que su hijo la llamase sólo por interés?
El amor de un niño hacia sus padres es gratuito, incondicional, inquebrantable. No hace falta ganarlo, ni mantenerlo, ni merecerlo. No hay amor más puro. El doctor Bowlby, un eminente psiquiatra que estudió los problemas de los delincuentes juveniles y de los niños abandonados, observó que incluso los niños maltratados siguen queriendo a sus padres.

Un amor tan grande a veces nos asusta. Tememos involucrarnos. Nadie duda en acudir de inmediato cuando su hijo dice “hambre”, “agua”, “susto”, “pupa”; pero a veces nos creemos en el derecho, incluso en la obligación, de hacer oídos sordos cuando sólo dice “mamá”. Así, muchos niños se ven obligados a pedir cosas que no necesitan: infinitos vasos de agua, abrir la puerta, cerrar la puerta, bajar la persiana, subir la persiana, encender la luz, mirar debajo de la cama para comprobar que no hay ningún monstruo… Se ven obligados porque, si se limitan a decir la pura verdad: “papá, mamá, venid, os necesito”, no vamos. ¿Quién le toma el pelo a quién?

Tu hijo es generoso, Carlos Gonzalez

Extraido del libro "Besame mucho" de Carlos Gonzalez

Marta juega en la arena con su cubo verde, su pala roja y su caballito. Un niño un poco más pequeño se acerca vacilante, se sienta a su lado y, sin mediar palabra (no parece que sepa muchas) se apodera del caballito, momentáneamente desatendido. A los pocos minutos, Marta decide que en realidad el caballito es mucho más divertido que el cubo, y lo recupera de forma expeditiva. Ni corto ni perezoso, el otro niño se pone a jugar con el cubo y la pala. Marta le espía por el rabillo del ojo, y comienza a preguntarse si su decisión habrá sido la correcta. ¡El cubo parece ahora tan divertido!

Tal vez la mamá de Marta piense que su hija "no sabe compartir". Pero recuerde que el caballito y el cubo son las más preciadas posesiones de Marta, digamos como para usted el coche. Y unos minutos son para ella una eternidad. Imagine ahora que baja usted de su coche, y un desconocido, sin mediar palabra, sube y se lo lleva. ¿Cuántos segundos tardaría usted en empezar a gritar y a llamar a la policía? Nuestros hijos, no le quepa duda, son mucho más generosos con sus cosas que nosotros con las nuestras.

Entrevista Carlos Gonzalez

ENTREVISTA AL PEDIATRA CARLOS GONZÁLEZ, EXPERTO EN LACTANCIA

'La edad normal del destete debe de estar entre los dos años y medio y los siete'

  • 'Nuestra sociedad no lo admite, pero el destete es siempre una pérdida para la madre'
  • Advierte que el mayor problema de las madres lactantes es la presión social
  • 'Si salieran todas del armario nos daríamos cuenta de que son muchísimas'
YAIZA PERERA

MADRID.- Ser padre no es fácil, pero es, sin duda, una de las aventuras más gratificantes que te regala la vida. Por esa razón quizás, son tantos los que emprenden ese camino. Y la mayoría lo hace a ciegas porque el bebé, ya se sabe, no viene con manual. ¿Pero... hace falta? Carlos González, autor de 'Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor', asegura que no. Simplemente hay que dejarse guiar por el instinto, el respeto y el amor.

Con humor e ironía, este pediatra zaragozano ha ayudado a desdramatizar las situaciones que pueden resultar más complicadas durante la crianza (sueño, comida, la educación...añadan ustedes a la lista), pero, por encima de todo, ha tratado de combatir la cultura del biberón que comenzó a imponerse hace tres décadas contra la propia naturaleza humana. Es fundador de la Asociación Pro Lactancia Materna de Cataluña, donde ha desarrollado su vida profesional, imparte cursos a profesionales sanitarios, es miembro del Consejo de Asesores de Salud de La Leche League International y autor de numerosos artículos sobre la lactancia.

La leche materna es para él, como tituló un libro en 2006, 'un regalo para toda la vida'...y sin fecha de caducidad. Enemigo de las etiquetas, Carlos González rehuye del término 'lactancia prolongada". "No me gusta esa palabra porque da la sensación de que las madres se han pasado. Depende de lo que considere cada uno normal. Actualmente, más de un año o más de seis meses es prolongado, pero estudios antropológicos apuntan a que la edad normal del destete en el ser humano debe de estar entre los dos años y medio y los siete".

"Hace 25 años-recuerda- lo normal era dar el pecho tres semanas y llegar a los tres meses era una heroicidad". La realidad social entraba en contradicción con la científica, la que le mostraban los libros a ese entonces recién licenciado por la Universidad Autónoma de Barcelona. "Si la lactancia era magnífica, ¿por qué nadie lo hacía?", se preguntaba. Era la profunda huella que había dejado el "cambio sociológico que se había producido a principios del siglo XX, con la incorporación de la mujer al mundo laboral, por la fe en el progreso que hacía creer que la leche artificial era mejor que la de la madre y por la publicidad".

Su grata experiencia personal con la lactancia, el hecho de que su esposa le diera el pecho a sus tres hijos - hoy en día ya universitarios- le convenció aún más de la necesidad de "promocionar" esta práctica, de ayudar a madres y profesionales sanitarios a recordar lo que ya está escrito en los genes de los mamíferos. Comenzó su tarea con la confianza de que "se produciría un aumento gradual y general" en la lactancia materna, pero no ocurrió así: "un importante porcentaje de madres no logra pasar de unas semanas y una pequeña cantidad pasa de los dos años".

"Durante muchos años hubo una fuerte publicidad de que la leche de la madre era mala y la gente se convenció -explica este catalán de adopción. Y es un mito que se ha extendido mucho. "Las madres se dejan convencer de que sus hijos se pueden morir de hambre y encima ven en la etiqueta de la leche artificial que es parecida a la leche materna". El resultado de esta combinación suele ser el destete temprano.

Actualmente, "se ha roto la cadena de transmisión de la información porque ahora las madres se encuentran que sus madres no dieron el pecho porque no pudieron o no quisieron. Pensaban que era retrógado y no quieren que sus hijas caigan en eso. La madre que lacta no encuentra apoyo". De ahí, asegura, la importancia de la adecuada formación de los médicos y la existencia de grupos como La Liga de la Leche, que ofrecen ayuda práctica a las madres para que puedan dar el pecho. "El cambio se produce por la difusión de conocimientos y de experiencias". Y ese cambio, se felicita, comienza a vislumbrarse: hoy en día se está "volviendo a lo que hacían nuestras bisabuelas".

Pero este camino aún no resulta fácil de emprender. "Sin duda, el mayor problema al que se enfrentan las madres que desean prolongar la lactancia es la presión social. Si salieran todas del armario nos daríamos cuenta de que son muchísimas. Hay que respetarlas", reclama Carlos González. Y esta consideración hacia la mujer, pero también hacia los hijos parece ser la máxima que guía a este pediatra. Y desde esa capacidad para ponerse en la piel del otro, quizás el secreto que esconden las páginas de sus libros, deja en el aire una reflexión: "nuestra sociedad nunca lo admite, pero el destete es siempre una pérdida para la madre".


Fuente: El Mundo

Leche en desastres

No enviar leche artificial en caso de desastre humanitario

Posted: 20 Feb 2009 08:05 AM CST


Los máximos organismos internacionales en términos de salud hicieron un llamamiento hace un mes, relacionado con los problemas vividos en Gaza, para solicitar que no se enviaran muestras de leche artificial a este país (ni a aquellos que sufran grandes catástrofes).

En momentos de necesidad, cualquier persona pensará ¿Por qué? ¿Por qué no enviar leche artificial para todos esos niños que pueden necesitar alimento?

El Dr. Carlos González, pediatra, explica la razón:

Las donaciones de leche para el biberón en casos de catástrofe (guerra, terremoto, inundación...) son sumamente peligrosas. En realidad no son donaciones, sino muestras gratuitas: es el medio por el que las empresas lácteas compiten para hacerse con nuevos mercados.

Si estás atenta a las noticias, muchas veces habrás oído cómo ha salido un avión cargado de leche... raramente oirás de un avión cargado de macarrones o lentejas. Porque las empresas que venden macarrones o lentejas, fuera de que alguna en concreto tenga un director especialmente generoso o solidario, no tienen un interés comercial en hacer una donación.

Mientras el país en cuestión esté en ruinas, no pagarán por la comida; cuando superen la catástrofe, se comerán sus propias lentejas cultivadas en su país, o sus propios macarrones fabricados por empresas locales.

En cambio, si en un país del tercer mundo consigues cargarte la lactancia, consigues que millones de madres abandonen la lactancia y millones de médicos y enfermeras aprendan las ventajas del biberón, que sin duda es buenísimo porque la asociación X nos lo regalaba para ayudarnos, luego tendrás un mercado cautivo que valdrá millones, porque esa leche no se fabrica en el país y la tendrán que importar, y acostumbrados a la marca Z probablemente seguirán comprando la marca Z.

Hace años pidieron que los donativos fueran con una etiqueta blanca, "leche para bebés", sin marca, y los fabricantes, claro, no quisieron. Además, muchas veces la empresa fabricante se ahorra el transporte: se limita a entregarle las muestras gratuitas a una ONG (por suerte las ONG serias ya no las aceptan, pero a veces encuentras a un primo), o a un gobierno, y estos pagan los portes.

Y el mercado de la lactancia, no nos engañemos, está en el tercer mundo. En España sólo nacen menos de 500.000 niños al año; en Indonesia más de 5 millones, en la India más de 25 millones... Son muchos más clientes, aunque algunos se mueran por el camino, aunque sólo se compren una lata de leche por semana y la diluyan para que dure...

Hace unos años, acababa de terminar la guerra de Sarajevo, conocí a un pediatra bosnio en un congreso. Había pasado hambre, estaba delgadísimo, y en las comidas recogía hasta la más minúscula miga de pan que cayera en el mantel y se la comía. Nos explicó como al principio de la guerra la mortalidad infantil aumentó espectacularmente, porque fueron inundados con muestras gratuitas.

Claro, no todos los profesionales tienen buena formación sobre lactancia, igual que pasa aquí. Muchos empezaron a recomendar "ayuditas", pensaban que las madres, "estresadas" por la guerra, no tendrían leche, o que al quitarle a una madre mal alimentada la pesada "carga" de tener que dar el pecho le hacías un favor.

Sin agua potable ni gas para hervirla (lo mismo que ocurre ahora en Gaza), cuando las explosiones destruyen las alcantarillas y la mierda inunda las plantas bajas... la mortalidad fue enorme. Tuvieron que ser los pediatras más concienciados los que fueran a quejarse a UNICEF, que convocó una reunión de todas las ONG sobre el terreno, acordaron no distribuir más donaciones, realizaron cursos para el personal... en pocos meses, mientras la guerra continuaba, habían conseguido tasas de lactancia materna más altas y una mortalidad infantil más baja que antes de la guerra.

Por supuesto algunos niños necesitan leche artificial en las guerras; pero para esos pocos ya se consigue leche sin necesidad de espectaculares cargamentos de muestras. Y esos niños, en esas condiciones, tienen un riesgo de muerte tan alto que ya no vale aquello de "la madre es libre para decidir, y si ha elegido la lactancia artificial...". En esas condiciones hay que hacer todo lo posible para que la madre relacte, aunque lleve meses sin dar el pecho, o para encontrar una nodriza. Y tristemente eso no es muy difícil, porque los bebés son más frágiles que los adultos: en cualquier catástrofe hay más madres sin bebé que bebés sin madre.

Saludos

Carlos González

"Besame Mucho"- Carlos Gonzalez

Fragmento del libro...

El último tabú

Nuestra sociedad parece muy tolerante porque muchas cosas que hace cien años estaban prohibidas se consideran ahora completamente normales. Pero si nos fijamos mejor, también hay cosas que hace cien años eran normales y que ahora están prohibidas. Tan completamente prohibidas que hasta nos parece normal que sea así, tan normal como a nuestros bisabuelos les debía parecer su sistema de tabúes y prohibiciones.

Muchos de los antiguos tabúes se referían al sexo; muchos de los actuales se refieren a la relación madre-hijo, para desgracia de los niños y de sus madres.

Por ejemplo, la palabra «vicio»se usa ahora en una forma totalmente diferente a como la usaban nuestros abuelos. Casi todo lo que entonces era «vicio» ha dejado ahora de serlo. Beber, fumar o jugar son ahora enfermedades(alcoholismo, tabaquismo, ludopatía), con lo que el pecador se ha convertido en víctima inocente. La masturbación (el «vicio solitario» que tanto preocupaba a médicos y educadores)se considera normal. La homosexualidad es simplemente un estilo de vida. Hablar de vicio en cualquiera de esos casos se consideraría hoy un grave insulto.

Hoy en día, sólo se llama vicio a algunas inocentes actividades de los niños pequeños: «Tiene el vicio de morderse las uñas. » «Llora de vicio. » «Si lo coges en brazos, se va a enviciar. » «Lo que pasa es que está enviciado con el pecho, y por eso no se come la papilla. »

Si todavía tiene dudas sobre cuáles son los verdaderos tabúes de nuestra sociedad, imagine que va a su médico de cabecera y le explica una de las siguientes historias:

  1. "Tengo un niño de tres años y vengo a ver si me hace la prueba del sida, porque este verano he tenido relaciones sexuales con varios desconocidos."
  2. "Tengo un niño de tres años y fumo un paquete al día."
  3. "Tengo un niño de tres años; le doy el pecho y duerme en nuestra cama."


¿En cuál de los tres casos cree que su médico le echaría la bronca?

En el primer caso, le dirá «ah, bueno» y le pedirá la prueba del sida sin pestañear; todo lo más le recordará educadamente la conveniencia de usar el preservativo, lo mismo que en el segundo caso le explicará que el tabaco no es bueno para la salud (y si el médico también fuma, no le dirá nada de nada). Nadie la increpará: «¡Pero qué descaro, cómo se atreve, una mujer casada, una madre de familia!» 

¿Y en el tercer caso? Conozco una historia real. Cuando la psicóloga de la guardería se enteró de que Maribel estaba dando el pecho a su hijo de dieciséis meses, la citó para explicarle que si no lo destetaba inmediatamente su hijo sería homosexual(uno no sabe si asombrarse más de los prejuicios contra la lactancia o de los prejuicios contra la homosexualidad).Como Maribel persistió en su «peligrosa»actitud, la psicóloga llamó a su casa para hablar directamente con su marido y advertirle del daño que su esposa estaba haciendo al hijo de ambos.

Nuestra sociedad, tan comprensiva en otros aspectos, lo es muy poco con los niños y con las madres. Estos modernos tabúes podrían clasificarse en tres grandes grupos:

  • — Relacionados con el llanto: está prohibido hacer caso delos niños que lloran, tomarlos en brazos, darles lo que piden.
  • — Relacionados con el sueño: está prohibido dormir a losniños en brazos o dándoles pecho, cantarles o mecerles paraque duerman, dormir con ellos.
  • — Relacionados con la lactancia materna: está prohibido dar el pecho en cualquier momento o en cualquier lugar; o a un niño «demasiado» grande.

Casi todos ellos tienen una cosa en común: prohíben el contacto físico entre madre e hijo. Por el contrario, gozan de gran predicamento todas aquellas actividades que tiendan a disminuir dicho contacto físico y a aumentar la distancia entre madre e hijo:

  • — Dejarlo solo en su propia habitación.
  • — Llevarlo en un cochecito o en uno de esos incomodísimos capazos de plástico.
  • —Llevarlo a la guardería lo antes posible, o dejarlo con la abuela o mejor con la canguro (¡las abuelas los «malcrían»!).
  • —Enviarlo de colonias y campamentos lo antes posible durante el mayor tiempo posible.
  • —Tener «espacios de intimidad» para los padres, salir sin niños, hacer «vida de pareja».


Aunque algunos intentan justificar estas recomendaciones diciendo que es «para que la madre descanse», lo cierto es que nunca te prohíben nada cansado. Nadie te dice: «No friegues tanto, que se mal acostumbra a tener la casa limpia», o «Irá a la mili y tendrás que ir tú detrás para lavarle la ropa».

En realidad, lo prohibido suele ser la parte más agradable de la maternidad: dormirle en tus brazos, cantarle, disfrutar con él.Tal vez por eso, criar a los hijos se hace tan cuesta arriba para algunas madres. Hay menos trabajo que antes (agua corriente, lavadora automática, pañales desechables… ), pero también hay menos compensaciones. En una situación normal,cuando la madre disfruta de la libertad de cuidar a su hijo como cree conveniente, el bebé llora poco, y cuando lo hace su madre siente pena y compasión («Pobrecito, qué le pasará»). Pero cuando te han prohibido cogerlo en brazos, dormir con él, darle el pecho o consolarlo, el niño llora más, y la madre vive ese llanto con impotencia, y a la larga con rabia y hostilidad («¡Y ahora qué tripa se le ha roto!»).

Todos estos tabúes y prejuicios hacen llorar a los niños, pero tampoco hacen felices a los padres. ¿A quién satisfacen, entonces?
¿Tal vez a algunos pediatras, psicólogos, educadores y vecinos que los propugnan?
Ellos no tienen derecho a darle órdenes,a decirle cómo ha de vivir su vida y tratar a su hijo.
Demasiadas familias han sacrificado su propia felicidad y la de sus hijos en el altar de unos prejuicios sin fundamento