Una reptílica manera de educar
Meditación durante el embarazo
Escuela de la Alegría
MAGICAL CHILD: Joseph Chilton Pearce
Visita al parque de los animales
Hoy quiero compartir unas fotos del lugar con vosotros...y sin un día venís a Cantabria...no dejéis de visitarlo!!
Toshiro Kanamori y la pedagogía para ser feliz
El trabajo puede esperar, mi hijo no
Son treintañeras que no quieren condenar a sus bebés a largas jornadas en las guarderías
Pedrosa, maestra y madre de dos hijos, niega que el mercado sea la medida de la realización personal
La socióloga Isabel Aler recuerda que el bebé humano nace inmaduro. Hay que prolongar la crianza
La abogada Marta Puchol defiende una baja maternal de 18 meses, como en Suecia y Finlandia
Nuria López, asesora fiscal por cuenta propia, tuvo que reincorporarse al mes de nacer su hijo
Una decisión extrema que hace cinco años, cuando nació su primer hijo, le hubiera resultado incomprensible a Lide Azkue, traductora de Markina (Bilbao). Su trabajo le gusta, y apenas terminada la baja maternal volvió a sus traducciones. Era lo mismo que había hecho su madre al nacer ella, hace 34 años. Pero algo cambió en su segundo embarazo. "Empecé a leer cosas sobre crianza natural, a contactar con foros en Internet, y me di cuenta de que lo que quería era estar con mi hijo mientras fuera pequeño. El tiempo se pasa volando".
Ahora se dedica en cuerpo y alma a su bebé de nueve meses. "Pedí una excedencia de un año, y la voy a prolongar". Como Eider y Lide, cada vez más mujeres que, enfrentadas a la difícil tarea de compaginar el cuidado de los hijos con la profesión, y siempre que se lo permita su situación económica, optan por pedir una excedencia, acogerse a jornadas reducidas y, en menor medida, renuncian a su puesto, convencidas de que el trabajo puede esperar. "Nos han vendido un falso feminismo de supermujeres. El trabajo en el mercado laboral no equivale tampoco a la realización personal", dice Aiona Pedrosa, de 30 años, maestra en el Maresme, cerca de Barcelona, y madre de dos hijos, de tres años y nueve meses, criados con excedencias y jornadas reducidas.
Elena Ferrer, diseñadora gráfica, de 40 años, opina, no obstante, que son decisiones muy personales. "Cada mujer tiene que escuchar su corazón y saber lo que quiere hacer". Ella escuchó el suyo y, al cerrar la agencia de publicidad donde trabajaba, optó por hacerse autónoma para atender mejor a su hijo pequeño, el cuarto, de dos años. "Un ser humano necesita apego para desapegarse después. Los niños son más independientes cuando han sido criados con más proximidad", dice.
¿Estamos ante un retroceso en la batalla por la equiparación de sexos defendida por el feminismo? ¿Están tirando las mujeres la toalla ante las dificultades de la conciliación? No exactamente, opina la socióloga Isabel Aler. "Las feministas teníamos que recuperar nuestra dignidad. Las mujeres de hoy ya no tienen que luchar por ella".
Por eso, Eider, Lide, Elena y Aiona representan una nueva tendencia que se abre paso entre las treintañeras, apasionadas defensoras de la lactancia materna, dispuestas a buscar alternativas al modelo productivo que condena a los bebés a largas jornadas en las guarderías.
Los casos enunciados pueden parecer excepcionales, pero lo son cada vez menos habida cuenta de que, según una reciente encuesta del CSIC, realizada sobre una muestra de casi 10.000 mujeres, más de la mitad confesaba que la maternidad es vista como un obstáculo en el ámbito laboral. Por eso, casi un tercio había optado por la excedencia al nacer su bebé, otro porcentaje similar tenía jornada reducida y un 17% había abandonado simple y llanamente su trabajo.
El péndulo de la historia que llevó a las españolas a optar por el mínimo de hijos, cuando no a renunciar a la maternidad para entregarse en cuerpo y alma a su profesión, parece desplazarse ahora en sentido contrario. Algo que empieza a reflejarse tenuemente en los índices de natalidad, que cayeron en picado entre 1975 y 2005, pasando de 3,2 hijos por mujer fértil a 1,3 hasta hace bien poco, cuando el empuje de las inmigrantes lo ha colocado en el 1,6. Las encuestas del INE reflejan, con todo, que las españolas querrían tener más hijos.
Ese deseo se ve frustrado por las dificultades de parir y criar a los hijos cuando se está inmersa en el mercado laboral. "La baja maternal es demasiado corta. Tendría que durar 18 meses como en Finlandia y Noruega", dice Marta Puchol, de 35 años y madre de un niño de cinco años y una niña de 10 meses. El descanso maternal nórdico, o las medidas que acaba de aprobar Alemania, que permiten a los padres interrumpir el trabajo durante 14 meses (12 meses la madre y dos meses el padre) cobrando un 67% de su salario, son un sueño imposible hoy por hoy en España, donde ni siquiera todas las mujeres pueden disfrutar de las 16 semanas de baja maternal legal.
Es una lista que encabezan profesionales autónomas como Nuria López, asesora fiscal, de 33 años, con un bebé de siete meses. Nuria tuvo que volver al trabajo al mes de nacer su pequeño Teo, todavía con muchas molestias posparto. "Si a un cliente no le hago la declaración de gastos cada trimestre, me quedo sin trabajo", argumenta. "Además, el sueldo que recibes durante la baja es ridículo, porque te pagan de acuerdo con la base de la cotización, y todo el mundo contribuye con el mínimo. Normal, porque incluso si se cotizara al máximo, el dinero que te dan es muy poco. En mi caso, unos 400 euros al mes".
También la abogada Marta Puchol, afiliada a la mutua de su colegio profesional, conoce la dura experiencia de regresar al despacho al poco de parir. "Somos cinco abogados en mi bufete y me necesitaban". Le ocurrió con su primer hijo, Diego, y con la pequeña Violeta, que no para de moverse en los brazos de su madre durante la entrevista. Al hijo mayor acabó por llevarlo a la guardería a los cinco meses. "Sólo por las mañanas. Pero fue muy duro". Con Violeta ha optado por contratar a una chica. En total, un gasto de unos 900 euros al mes. "A veces me pregunto si tiene sentido pagar a un extraño para que críe a mis hijos", dice.
La profesora de sociología de la Universidad de Sevilla Isabel Aler cree que no. Que esta sociedad es suicida en su tratamiento de un tema crucial: el cuidado de los bebés, los ciudadanos del mañana. No se cansa de recordar que la cría humana nace mucho más inmadura que la de otros mamíferos, porque la posición bípeda ocasionó un estrechamiento de la cavidad vaginal de las hembras que ha acortado el desarrollo intrauterino. "Por eso hay que prolongar la crianza, casi como una especie de gestación externa". Elena Ferrer y Aiona Pedrosa están completamente de acuerdo. Y lo proclaman en Internet, en la página www.criarconelcorazón.org. Consideran que la baja maternal debería ampliarse al menos hasta los seis meses, "periodo de lactancia materna exclusiva que recomiendan los especialistas", dice Elena, que vive cerca de Alicante.
Las restantes medidas, desde la reducción de jornada a la excedencia, plantean problemas para las mujeres que no quieren perder su independencia económica, y para muchas parejas que no pueden permitirse prescindir de un sueldo. "Se puede renunciar a los gastos superfluos. Muchas veces compramos cosas absurdas", opina la catalana Rosa Sorribas. Madre de dos niñas, decidió hace cuatro años, al perder su trabajo, aprovechar su experiencia como informática para montar una página web (www.crianzanatural.com), desde la que aboga por la lactancia materna. Sorribas anima a las mujeres a no dejarse presionar por la sociedad y las empresas, y a tomarse el tiempo necesario para criar a sus hijos. "Siempre cito a Madeleine Albright, que dejó su carrera para cuidar a sus hijos durante unos años, y luego ha sido secretaria de Estado norteamericana".
Elena Otaola no aspira a tanto, pero es consciente de compartir con Albright el raro privilegio de haber sido promocionada después de su maternidad. Otaola, de 42 años y madre de Elena, que no ha cumplido los tres, reconoce que para Iberdrola -la empresa para la que trabaja- estas medidas de conciliación "son estratégicas". Por eso las empleadas no pierden un céntimo de su sueldo al acogerse a la jornada reducida hasta que el bebé cumple un año.
No todas las compañías que se cuelgan medallas por favorecer la conciliación laboral y familiar las merecen. "Mi empresa tiene hasta una página web dedicada a la mujer y, sin embargo, la que pide una excedencia o una jornada reducida se arriesga a ver retrasada su promoción". Lo cuenta Cristina, nombre supuesto de una ejecutiva de 34 años que reclama anonimato. Ella pidió una excedencia tras nacer su hijo, hace tres años. Ahora, nuevamente embarazada, no ve probable repetir la experiencia. "Cuando me reincorporé, mis antiguos subordinados habían pasado a ser mis jefes. Nada de eso les ha ocurrido a mis compañeros cuando han sido padres. La verdadera conciliación llegará cuando ellos tengan nuestros problemas".
Eider Pacheco no lo ve factible. "Somos muy diferentes. No es igual el papel de madre que el de padre". ¿Y no habrá algo de fundamentalismo en esta revalorización de la crianza natural? "Como monitora de la Liga de la Leche, me limito a ayudar a las mujeres que quieren dar el pecho a sus hijos, ya sea un mes, tres meses o dos años. Pero no digo que las madres que no crían a sus hijos sean peores. No juzgo a nadie", puntualiza Eider. Al contrario. Desde que dejó su carrera para cuidar a su hija de tres años, a la que sigue amamantando, se siente perseguida por miradas inquisitoriales. "Son los demás los que me juzgan a mí".
La conciliación no es imposible
PESE A LOS MUCHOS PROBLEMAS que todavía plantea la conciliación de vida familiar y laboral, algo está cambiando. Y son cada vez más las empresas que se marcan objetivos ambiciosos, por delante de la legislación, incluso. Eso al menos ha detectado Roberto Martínez, director del área de empresas de la Fundación +Familia, que otorga desde 2005 un certificado de empresas familiarmente responsables. Hasta el momento lo han recibido 17 compañías, a las que se sumarán pronto otras 30. Obtener este certificado no es fácil, porque la fundación exige el cumplimiento de siete grupos de condiciones que van desde las que permiten la flexibilidad en los horarios hasta las que favorecen el cuidado de los hijos. Entre las firmas que representan la avanzadilla en esta materia figuran Mutua Madrileña, Iberdrola, Sanitas y un puñado de empresas más. Y por tímido que sea, el recientemente implantado permiso de paternidad, de dos semanas, que consagra la Ley de Igualdad, refleja una preocupación creciente por el tema. Este mismo temor es compartido en el Banco Santander, que ha optado por atacar el problema desde otro ángulo. "La política de conciliación es prioritaria para el grupo", comenta una portavoz, "porque si es buena, las mujeres no tienen que recurrir a la excedencia". Por eso el modelo Santander pasa por facilitar la vida de sus trabajadoras, con guardería, supermercado y todo tipo de tiendas junto al complejo bancario, además de una gestoría a domicilio, o mejor dicho, a pie de despacho.
Claudio Naranjo: “La escuela se usa para domesticar”
GASPAR HERNÀNDEZ “El Periódico”
Claudio Naranjo (Valparaíso, 1932) es un sabio de rostro algodonoso y polar. Tal vez se dejó barba para disimular su ojos de niño, y sus dientes. Lleva unos zapatos inquietantes, raro cruce de zueco agujereado y chancla. Afirma que los conflictos mundiales no se solucionan con conferencias internacionales de políticos, sino cambiando la educación. La esperanza: nuestros hijos. Para Naranjo, la felicidad es el equilibrio entre el pensar, el sentir y el querer. Y realizar el potencial de nuestro ser.
–Dice que el sistema educativo solo sirve para mantener la sociedad actual. ¿Cómo podemos cambiar el mundo con la educación?
–La educación tendría que pasar de ser un órgano reproductor de la sociedad que tenemos a ser un órgano de fomento de la evolución. Habría que dejar de usar la educación como sistema de adoctrinamiento o de reclutamiento para esa sociedad. Hay un elemento despótico: se usa la escuela para domesticar. Tendríamos que usar la educación para formar seres completos.
–¿Y qué es un ser completo?
–La educación actual solo se ocupa de la mente racional, práctica, instrumental, como si fuéramos solo eso. Se crean seres egoístas y prácticos que no tienen una dimensión del goce de la vida. No parece legítimo educar para la felicidad. Si se calculara el precio de la infelicidad que se crea, se vería lo antieconómica que es nuestra educación. Crea gente infeliz, que desarrolla neurosis y enfermedades psicosomáticas, que no funciona bien en el trabajo.
–Usted no está a favor de las notas.
–El sistema de aprendizaje basado en notas viene a decir que hay que aprender para comerse la zanahoria. Las cosas verdaderas se aprenden por amor a aprender, por amor a la verdad, por deseo de saber. Los niños tienen gran curiosidad, pero se les va matando esa curiosidad cuando se les obliga a repetir cosas aprendidas. Sobre su pregunta anterior, un ser completo no es solo un ser inteligente; también es amoroso y tiene una sabiduría instintiva. Esta sabiduría es sagrada para las culturas chamánicas, que tenían mucho contacto con el animal interior. El alma es como un animal.
–¿Los maestros tienen que estimular al animal interior?
–Sí. ¿Sabe cómo? Enseñando con una actitud amorosa. No siendo explotadores disfrazados de buenos maestros.
–¿Explotadores?
–Le roban al niño muchas horas de su vida durante muchos años de escuela. Lo mantienen en una incubadora, inmóvil en la clase aprendiendo estupideces que poco le van a servir para la vida. La verdad no se aprende en libros que hablan de lo que dicen otros libros. Eso es un conocimiento muerto. No hay prueba científica de que la educación de ahora sirva para el desarrollo de las personas. Por suerte, los niños tienen el buen instinto y sentido que les dice: “Esto no va conmigo, no responde a mi situación existencial”.
–Y, además, está el ego. Se nos educa para cultivar el ego.
–El ego es una prisión. Una mente chica. Un tejido de emociones destructivas y carenciales. Por eso, la envidia, el orgullo, son lo que mueve a la mayoría durante la mayor parte de su vida. Hay que conocer al ego para no ser su esclavo.
–¿Cómo es su ego?
–Es un buen burrito de carga. Lo uso para mis tareas.
–Según usted, ¿cuál es el mayor problema del mundo?
–El virus del lenguaje. Se mira todo a través de un exceso de juicios. No vivimos de forma natural, sino a tra- vés de conceptos intermedios, de lo que debería ser y cómo debería ser. Y el dinero. Hoy en día, lo único grande es el dinero. Es como si la gente estuviera loca por el dinero. Como decía Antonio Machado, solo un necio confunde valor y precio.
–¿Qué es lo real?
–La experiencia vivida. Pero la experiencia humana es como la cebolla. Hay cosas profundas y superficiales, incluso en el mundo emocional. Para un místico, lo real es el meollo de la conciencia. El ser es lo real. Y la gente no tiene esa experiencia del ser. La gente busca el ser generalmente donde no está: en el placer, en la intensidad, en tener. Casi toda su vida es un sentido de déficit, porque no saben que existen. Una persona que ha llegado a sí misma es la que ha llegado a saber que es.
–Usted lo descubrió en el desierto.
–Fue la sala de partos. El comienzo de una nueva vida. Yo era un buscador sediento, me había acercado a muchos maestros, pero no había metido la cabeza en el cielo, excepto con algunas experiencias psicodélicas. En el desierto empezó la posibilidad de encontrar una conciencia contemplativa, de entrar en contacto con lo divino, se le llame como se le llame, porque yo no simpatizo con los que hablan de Dios.
–Dios no está de moda.
–Y con razón, porque se ha usado su nombre más que en vano. El nombre de Dios lo han usado mucho los bandidos.
–Y usted ¿qué quiere ser cuando sea mayor?
–Yo ya llegué al cielo, y lo perdí. Me gustaría terminar de volver a la tierra. Sembrar aquí, en la tierra, lo que encontré en el cielo. Yo estoy creciendo, estoy en desarrollo. Por ejemplo, cada vez hablo con más fluidez. También me gustaría tener el corazón más grande, servir más a los otros y estar al servicio de lo que la vida me diga.
Vía: El Periódico
Foto: Danny Caminal
“MI MAMÁ Y YO A VECES NO NOS ENTENDEMOS”
Yolanda González
• ¿Cuántas veces sentimos ante un niño o una niña pequeña, que nos está tomando el pelo?
• ¿Cuántas veces hemos pensado, que están “sordos”?
• ¿Qué paciencia hay que tener en el difícil oficio de ser madre y padre!
• ¿Por qué les cuesta tanto escucharnos? ¿Por qué no colaboran?…
Estas reflexiones y sensaciones son bastante comunes en el mundo de los adultos. Pero ¿vaya sorpresa nos llevaríamos, si supiéramos lo que ellos sienten!
¿Por qué les cuesta tanto hacer lo que les pedimos?, ¿nos están probando?
Los adultos interpretamos la conducta de nuestros hijos o hijas con el cristal de nuestra experiencia vital adulta, donde todo está teñido de intencionalidad. Leemos en sus actos una “intención”, como ocurre en el mundo adulto. Además estamos convencidos que nosotros “sabemos” y ellos “no”. Y ahí comienza una batalla a veces desesperante por hacernos entender, que acaba en más de un llanto y pataleta cuando no en enfados e impotencia. Es decir, en desarmonía, que es precisamente lo que no deseamos.
Pero a veces da la sensación que no quieren aprender la experiencia. Por ejemplo, cuando todas las mañanas son un suplicio porque se entretienen con cualquier cosa y no les da tiempo ni a desayunar para ir al cole. Y no hay forma de que lo entiendan. Podríamos narrar cien mil experiencias similares y conocer tantas respuestas como personas, que a veces funcionan y otras no, con el objetivo de que nos hagan caso (amenazas, castigos…). Pero el problema seguiría sin solucionarse satisfactoriamente. Si queremos una relación positiva, basada en cierta armonía y no en batallas cotidianas donde hay ganadores y perdedores, tenemos que cambiar radicalmente el “chip” como adultos, viendo su conducta con los “ojos de niño”, para entender qué pasa en sus corazones y en sus cabecitas.
Entonces, ¿quizá somos nosotros quienes no les entendemos?
Ese es el punto de partida. Somos nosotros los que debemos de ponernos a su altura, y no ellos a la nuestra. Tenemos bastante desconocimiento sobre el mundo infantil: olvidamos demasiado a menudo que se están formando, que son inmaduros, y que están aprendiendo día a día. A veces les pedimos respuestas que ellos viven ajenos a su edad. Y los pequeños, a veces se sienten incomprendidos con nuestro enfado cuando no hacen lo que queremos. Es como pedirle a una niña de 6 meses que camine o hable como si tuviera 3 años. No corresponde a su edad madurativa.
Sin embargo, el mensaje de “desayuna que hay que ir al cole” o lávate los dientes para ir a la cama”, parece muy sencillo como para ser entendido.
¡Claro! Y es que antes de los 3 añitos entienden perfectamente el discurso verbal. Pero no la lógica que para los adultos tiene. Y comprender esto es crucial para que no interpretemos que nos desobedecen. Nos provocan y todas esas atribuciones que acostumbramos a adjudicarles.
¿Podrías ampliar este planteamiento?
El mundo adulto y el infantil son por naturaleza opuestos: los pequeños aprenden jugando, para ellos todo es posible, viven en la fantasía. Nosotros funcionamos desde la realidad y generalmente desde nuestros deberes. Esto es lo esencial: desde que nacen hasta los tres-cuatro años aproximadamente, están regidos por el denominado principio del placer. ¿Qué significa esto? Que para crecer sanos, sólo viven para jugar y para la expansión. Puede que recojan por imitación los juguetes, pero no lo integran como algo lógico en su vida. A partir de esas edad, y muy poco a poco, empiezan a asumir que además de jugar hay que hacer otras cosas que no gustan tanto. Pero lo hacen con ayuda del adulto. Eso es fundamental. Para ningún niño o niña el “deber” tiene el sentido que para el adulto. Se lo tenemos que recordar. No porque sean tontos, sino porque son pequeños. Porque sus necesidades y las nuestras no tienen nada que ver. Mucho más lentamente de lo que desearíamos, van asumiendo responsabilidades en su corta vida, pero esto es realmente difícil para ellos antes de los 6-7 años, edad que la que finaliza la formación de su carácter.
¿Cómo podemos llegar a entendernos?
Lo primero de todo, cambiando el “chip” y no leyendo en sus actos malas intenciones, sino inmadurez. Lo segundo, acompañándoles con mucho cariño y paciencia en las “labores” cotidianas que tengan que ver con el aseo, comidas, vestirse, etc. Porque para ellos no tienen el mismo valor que para nosotros. Lo tercero, recordando cómo nos sentíamos cuando nuestra madre o padre nos reñían, gritaban, pegaban o amenazaban por no “hacerles caso”, cuando nuestra única intención era seguir jugando. Y por último, y lo más importante pero difícil por falta de práctica, acostumbrándonos a relacionarnos en base a “acuerdos” y no tanto en “órdenes” de que sabe hacia el que “no sabe”, puesto que esa no es la mejor forma de acompañar en el crecimiento y en la exploración de la vida a lo que más queremos, nuestros hijos e hijas.
Entrevista a Carlos González
El reconocido pediatra Carlos González presenta su último libro Entre tu pediatra y tú. Lo que necesitas saber para cuidar a tu hijo de forma natural.
El autor de Bésame mucho presenta su último libro Entre tu pediatra y tú, un recopilatorio de preguntas y respuestas que trata de resolver las dudas de los papás de hoy. Carlos González ha hablado con www.mibebéyyo.com de la publicación de su nueva obra.
Entre tu pediatra y tú es un recopilatorio de más de 200 cartas de mamás. ¿Qué criterio se ha seguido a la hora de seleccionar las cartas que iban a ser publicadas y las que no?
Las más interesantes, las que aportaban suficientes datos para hacerse una idea más o menos cabal de la situación. Y, en la medida de lo posible, las más variadas (porque algunas preguntas, como “no come” o “no duerme”, aparecían cientos de veces).
¿Por qué un libro de preguntas y respuestas?
Porque las preguntas son más interesantes que las respuestas. La mayoría de las respuestas que doy en este libro se pueden encontrar, con palabras parecidas, en otros libros anteriores. Pero pensamos que para los padres puede ser útil leer de primera mano las experiencias de otros padres. Darse cuenta de que su hijo no es tan raro como pensaban.
En más de una ocasión ha tranquilizado a las mamás afirmando que no deben tener miedo, que tanto la madre como el hijo sabrán lo que tienen que hacer en cada momento. ¿Cree que las madres de hoy se sienten tan inseguras porque consideran que han perdido el instinto?
Algunas se sienten inseguras. Seguro que también hay muchas que se sienten muy seguras, y por eso no nos envían preguntas.
A veces, la desinformación contribuye a esa inseguridad. Los padres sienten deseos de consolar a su hijo que llora, de cogerlo en brazos, de metérselo en la cama cuando llora por la noche… pero encuentran libros y expertos que dicen que eso “es malo”, y les hacen dudar. Otras veces, la inseguridad parece estar relacionada con la falta de contacto. Los niños de ahora pasan menos tiempo con su madre que los de hace cuarenta años. Ahora, muchos empiezan a ir a la guardería con pocos meses, se quedan a comer, hacen horas de “acogida”… Son las “horas de vuelo”, el prolongado contacto con su hijo, lo que hace que la madre se sienta segura de sus propias decisiones, de su forma de cuidarlo.
Su libro está impregnado de un toque de humor. En algunas ocasiones ha comentado que utiliza el humor para desdramatizar la situación de cara a las mamás. ¿Cree que las madres le dan demasiada importancia a aspectos que no la tienen? ¿En qué cree que deberían cambiar?
A veces sí. Por supuesto hay niños con verdaderos problemas, con graves enfermedades, con problemas neurológicos… pero no hay mucho de eso en mi libro. Y sin embargo ves familias enteras muy preocupadas por si el niño se acaba la fruta.
En alguna entrevista ha mencionado que el objetivo de que el niño deje de dormir con los papás no es que duerma el bebé, sino los padres. ¿Qué es lo que quiere decir con esta afirmación?
Lo que yo suelo decir que el objetivo no es que duerma el bebé (él no tiene que trabajar, y si no duerme ahora, ya dormirá luego); el objetivo es que duerman los padres.
Por ejemplo, un bebé duerme en la cunita junto a la cama de su madre. Se despierta, la madre lo coge rápidamente sin salir de su propia cama y se lo pone al pecho. El bebé se tranquiliza enseguida. Normalmente, la madre se duerme antes que el bebé, por lo que éste se queda ya en su cama. A la mañana siguiente, la madre no puede decir si su hijo ha mamado dos veces o cinco, porque estaba medio dormida y apenas se acuerda. Pero a otras madres les han dicho que está prohibido dormir con el bebé. Se ven obligadas a hacer el esfuerzo de mantenerse despiertas esperando a que el bebé se duerma para poder volver a dejarlo en la cuna. Y como los bebés tardan 15 o 20 minutos en entrar en la fase de sueño profundo (si intentas dejarlo en la cuna antes, se pone a llorar), para cuando consigue dejar al bebé en la cuna, la madre ya está completamente desvelada y le cuesta mucho dormirse. No digamos la que tiene que levantarse porque el bebé está en otra habitación. Esas madres sí que recuerdan perfectamente las cinco veces que se despertó su hijo. Es lástima que algunas familias estén haciendo esos sacrificios, renunciando a dormir los padres con tal de hacer dormir a los bebés. Y ese es uno de los principales mensajes de mi libro: que tienen derecho a meterse al niño en la cama, si eso les resulta cómodo.
Es Presidente de la Asociación Catalana pro Lactancia Materna. Muchos de sus consejos están destinados a que la mamá pueda seguir dando el pecho a su bebé el máximo tiempo posible. ¿Qué les diría a todas esas mamás que han optado por la lactancia artificial?
Pues que me parece muy bien, cada madre toma su decisión en función de su situación personal, sus deseos, sus conocimientos y su circunstancia.
En sus libros señala que en el hecho de dar de mamar, la madre le está dando muchas cosas más además de leche al bebé. ¿A qué “cosas” se refiere?
Le está dando contacto físico, cariño, consuelo, calor, el latido de su corazón y el suave movimiento de su respiración… por supuesto, es perfectamente posible darle todo eso a un bebé sin darle el pecho. Pero lo que no es posible es darle el pecho sin darle al mismo tiempo todo lo otro. Y hay que tener en cuenta que los bebés no sólo piden pecho cuando necesitan leche; también lo piden cuando necesitan calor, brazos, afecto, contacto…
Es de la opinión de que si un niño llora es por algo, porque se siente mal por algún motivo y nos lo está intentando comunicar a su manera. ¿Qué límites deben establecer los padres para satisfacer los deseos de sus hijos?
El límite de lo posible. Como haríamos con cualquier otra persona. Si un amigo me llama por teléfono llorando, no le cuelgo. Le escucho, intento averiguar cuál es su problema, intento ayudarle en lo posible. Pues con más motivo si no es un simple amigo, sino un hijo.
EL CAMINO DE LA SOCIALIZACIÓN

Texto de Amparo Romero. Coordinadora de la Escuela Infantil OcaiveMomento de adaptación a la escuela infantil
Ese niño que llega al mundo, que recién despierta a vida, viene con todo su potencial como ser humano, pero para poder desarrollarse y realizarse como persona, necesitará de comunidad. La familia será la primera comunidad educativa con la que vivirá, para después ir agrandándose y abriéndose a otras comunidades más amplias.
Entre todas las opciones posibles con las que los padres se van a encontrar, os hablaré de aquella que queramos o no, es la más extendida y practicada por el conjunto de padres, dadas sus necesidades sociolaborales, y el escaso apoyo que los gobiernos en este país, ofrecen a la crianza de los hijos: la escuela infantil y de cómo podemos hacer que este momento sea lo menos doloroso posible para nuestros hijos.
El momento de adaptación a la escuela se va a caracterizar por el conjunto de emociones que el niño va a vivir, fruto la separación de lo más preciado para él, que es la figura de la madre. Dependerá mucho de cómo se produzca que el niño la supere con éxito, con resignación o con frustración.
Algunas investigaciones psicológicas sobre respuestas de los niños en la vida diaria, durante separaciones que duraban desde un par de horas hasta un día en los jardines de infancia dieron como resultado que:
1. Los niños rápidamente detectaban la ausencia de la madre y mostraban cierto desasosiego y preocupación que iba desde la ansiedad hasta la angustia intensa. Paralelamente dejaban de jugar completamente o casi completamente.
2. Los niños no se reponían rápidamente después del encuentro con la madre.
3. Muchos niños mostraban reacciones de enfado por haberlos dejado solos.
4. En general los niños mostraban mayores signos de estrés que los niños.
De aquí surgió la recomendación de que en la medida lo posible, los niños no ingresaran en el Jardín de Infancia antes de los tres años, o de que en caso de que esto sucediera, se prestara atención a los síntomas que pudieran surgir o, lo que es más importante aún, a la ausencia de síntomas.
Existe el prejuicio cada vez más extendido de que los niños y niñas de entre dos y tres años no deberían llorar, ni resistirse frente a la partida de su madre y que si lo hacen, esto indica que la madre los malcría o los sobreprotege. Contrariamente a lo que habitualmente se piensa, lo normal es que el niño/a proteste, llore, grite y se resista enérgicamente a cualquier tipo de separación durante los primeros tres años de vida,
y que la pronta aceptación por parte del niño de la partida de la madre puede hacernos sospechar que existe alguna patología en el vínculo.
Otras investigaciones médicas han desvelado en los últimos años, cómo el desarrollo de las sinapsis neuronales dependen de la calidad de las relaciones afectivas del bebé con su entorno, que éste desarrollo cerebral se produce en los primeros años de vida (sobre los 3 años debe haberse desarrollado en un 70- 80%), y que las graves carencias afectivas en estos primeros años producen alteraciones graves en el desarrollo biológico del cerebro del niño en manera parecida, a como las graves carencias dietéticas producen perturbaciones importantes e irreparables en el desarrollo somático,... que incluso una vez desarrollada la masa cerebral y establecidas las sinapsis neuronales la eficacia de la comunicación bioeléctrica y bioquímica entre ellas, fundamento de la actividad cerebral, está regulada por la producción hormonal que depende en buena medida de los estímulos y el ambiente afectivo. La alimentación y los cuidados higiénicos hacen posible e! desarrollo en lo corporal del bebé. El clima afectivo hace posible la aparición, desarrollo y funcionamiento de las estructuras biológicas que sostienen la estructura psíquica del individuo.
Con todo ello, tendría que estar claro que cualquier tipo de escolarización anterior a los tres años, debería darse solo en caso de necesidad, y que al mismo tiempo se tendrían que dar las condiciones en la escuela para que el niño encontrara un clima cálido y sereno en el que fundamentar su seguridad afectiva.
El cuidar cómo se va a dar este proceso de adaptación en la escuela es una tarea que no podemos, pues, dejar de lado tanto padres como educadores y en la que el trabajo conjunto familia-escuela se hace prioritario, debiéndose considerar como fundamental.
La familia en la medida de lo posible debería de buscar fórmulas que ayuden al niño a acoplarse a las exigencias de este periodo y no descargar todo el esfuerzo necesario en el niño y en los educadores. Esto puede conseguirse mediante la reducción en el tiempo de estancia en la escuela, así como con la presencia de los padres (al menos uno de ellos o algún familiar muy cercano) en la escuela, hasta que el niño/a diera
signos de confianza con la educadora. Las escuelas infantiles deberían ofrecer la posibilidad a los padres de acompañar a sus hijos en la formación de nuevos lazos afectivos, que le permitan vivir la separación cuando ya el niño haya estructurado nuevas relaciones con sus educadoras, que le sean satisfactorias. Este hecho es una de las estrategias más eficaces con las que los bebés de 0-3 años podrían contar si la
escuela fuera realmente la casa de los niños, ese lugar que los adultos creamos pensando sólo en ellos.
Todos deberíamos luchar porque este hecho fuera una realidad, el derecho lo tienen nuestros hijos, el deber nosotros, padres, educadores y sociedad en general.
Bowlby decía que: "Ser un padre exitoso implica un duro trabajo. Cuidar a un bebé o a un niño que empieza a caminar es un trabajo de veinticuatro horas diarias, durante los siete días de la semana. Actualmente para la gente esta es una verdad desagradable. Dedicarles tiempo y atención a los niños significa sacrificar otros
intereses y actividades... Diversos estudios indican que los adolescentes y adultos jóvenes, sanos, felices y seguros de sí mismos son el producto de hogares estables en los que ambos padres dedican gran cantidad de tiempo y atención a los hijos... Por razones políticas y económicas diversas la sociedad no les brinda a los padres esta posibilidad"