La iluminación, ¿qué es eso?, Eckhart Tolle


Un mendigo había estado sentado más de treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. "Una monedita", murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su vieja gorra de béisbol. "No tengo nada que darle", dijo el desconocido. Después preguntó: "¿Qué es eso en lo que está sentado?" "Nada", contestó el mendigo. "Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria". "¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?", preguntó el desconocido. "No" dijo el mendigo. "¿Para qué? No hay nada dentro". "Échele una ojeada", insistió el desconocido. El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.
Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo.
"¡Pero yo no soy un mendigo! ", le oigo decir.
Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan den­tro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.
La palabra iluminación evoca la idea de un logro sobrehumano y el ego quiere conservar las cosas así, pero es simplemente el estado natural de sentir la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, es esencialmente usted y sin embargo es mucho más grande que usted. Es encontrar su verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma. La incapacidad de sentir esta conexión da lugar a la ilusión de la separación, de usted mismo y del mundo que lo rodea. Entonces usted se percibe a sí mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento ais­lado. Surge el miedo y el conflicto interior y exterior se vuelve la norma.
Me encanta la sencilla definición de la iluminación dada por Buda como "el fin del sufrimiento". No hay nada sobrehumano en esto, ¿cierto? Por supuesto, como toda definición, es incompleta. Sólo dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento. ¿Pero qué queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda no habla sobre esto y su silencio implica que usted tiene que averiguarlo por sí mismo. Usa una definición negativa para que la mente no la convierta en algo que se deba creer o en un logro sobrehumano, una meta que es imposible de alcanzar. A pesar de esta precaución, la mayoría de los budistas aún cree que la iluminación es para el Buda, no para ellos, al menos no en esta vida.


Extraido del libro "El Poder del Ahora", de Eckhart Tolle

La hora del planeta



Hoy es el gran dia!! Click en la imagen para mas informacion, y no lo olvideis, esteis donde esteis, apagad todo a las 20:30

Diario de una mujer sencilla



Para Hoy Viernes 27 de Marzo de 2009


Afuera de mi ventanana...las sillas de mi terraza, bien colocaditas, esperando que salgamos a disfrutarlas


Estoy pensando...en los dias en que pueda disfrutar desayunando con mi madre


De los lugares donde aprendemos...internet puede llegar a ser una herramienta maravillosa para ampliar nuestros horizontes


Me siento agradecida por...la hija tan maravillosa que tengo


Desde la cocina...un monton de platos por fregar


Que traigo puesto...aun el pijama


Estoy leyendo...Laura Gutman y Eckhart Tolle


Lo que espero...a que mi amiga venga a comer, a que mi chico se levante, a que llegue mi hermano...hoy es dia de esperas!


Estoy creando...un fichero de apuntes para mis proximos examenes


Estoy escuchando...la tele de fondo (tengo que apagarla)


Por toda la casa...olor a verduritas frescas


Una de mis cosas favoritas...los besos mi niña por la mañana


Algunos planes para el fin de la semana...si hace bueno...otro pic-nic!


Aquí está una foto que pensé compartirles:


Mi pequeña es una adicta a los toboganes!!

El mismo miedo, Laura Gutman

Es muy extraño que actualmente sólo podamos imaginar los partos como si fueran “situaciones riesgosas”. Es por eso que recurrimos a “especialistas” en tecnología, poco entrenados para sostener un encuentro humano y sin conocimientos para hacer preguntas adecuadas e íntimas. El motor de las decisiones suele ser el miedo. En consecuencia cada parturienta queda al servicio de las rutinas hospitalarias, en lugar de que el personal asistente esté al servicio de la parturienta. Un verdadero despropósito.
Que los partos se produzcan en las clínicas y hospitales trae consigo una contradicción insoslayable: para tratar todas las enfermedades y accidentes se requiere que los médicos y paramédicos “hagamos algo, y rápido”. En cambio, para asistir a una parturienta, lo ideal sería “no hacer casi nada y esperar”. Por lo tanto, la lógica de parir y nacer en instituciones médicas es difícil de explicar.
Consideremos que hemos dejado de respetar el tiempo. El parto es una demostración más de que las mujeres necesitamos comprender la dinámica del tiempo, sin confrontarlo ni manipularlo, porque lo único que logramos es quedar “fuera de nuestro tiempo” interno. Sólo cuando comprendamos que el parto sucederá cuando tenga que suceder, las intervenciones innecesarias caerán en desuso.
Tomemos en cuenta que si la escena del nacimiento es hostil, si somos mal tratadas, si parimos enchufadas a cables y atragantadas de medicamentos, si nos desconectamos al punto de despersonalizarnos para no sufrir; recibiremos a nuestros hijos en pésimas condiciones físicas y emocionales. Las primeras experiencias de esos niños serán desgarradoras y el futuro, incierto. En cambio si pretendemos convertirnos en una sociedad más madura, más rica, más culta y más pacífica, comencemos por el inicio: hagamos la revolución en las salas de parto. Trasformemos cada nacimiento en una semilla de amor. Informémonos. Hablemos entre nosotras. Contemos la verdad. Pidamos ayuda. Organicémonos. Acerquémonos parturientas y profesionales para saber que compartimos el mismo miedo y la misma ignorancia. No nos hagamos las distraídas porque el cambio depende de cada una de nosotras, las mujeres.

Laura Gutman

Gran Secreto Metafisico de la Felicidad

Hoy os comparto un manifiesto que nos hara muy felices si lo ponemos en practica, extraido del blog Reiki de Luz

Pareceria que esta receta fuera dificil de`poner en práctica pero no es asi.Basta con ensayarla una sola vez para que no se vuelva a olvidar.
Tan solo antes de comenzar haremos el siguiente Decreto:
CON UNA SOLA VEZ QUE YO ENSAYE,LO QUE AQUÍ DIGONO SE ME VOLVERÁ A OLVIDAR JAMÁS.

YO no hablo ni permito que se me hable nada contrario a la Perfecta Salud,la Felicidad y la Prosperidad..
YO le hago sentir a todo Ser viviente que lo considero valioso..
YO le busco el lado bueno a todo lo que me ocurre y a todo lo que veo ocurrir a otros..
YO pienso en todo lo mejor.Espero todo lo mejor.Trabajo unicamente por lo mejor..
yO siento igual entusiasmo por lo bueno que le ocurre a otro que por lo que me ocurre a mi..
YO olvido mis errores del pasado y sigo adelante a mayores triunfos..
YO llevo una expresión agradable en todo momento y sonrio a todo ser que contacto..
YO no tengo tiempo para criticar a los demás ya que paso tanto tiempo mejorándome..
YO me hago tan fuerte que nada puede perturbar la paz de mi mente..
YO Soy demasiado grande para preocuparme.
Demasiado noble para enfurecerme.
Demasiado fuerte para temer.
Demasiado feliz para permitir la presencia de algo negativo.
( Metafísica 4 en 1 de Conny Mendez)

DIARIO DE UNA MUJER SENCILLA

Tomando esta idea del blog Creciendo Unidos me sumo a esta iniciativa, con la intencion de compartir un poco de nuestras vidas...dar un cariz mas intimo y personal a la red de las redes...y conocernos!!
La idea original es de http://thesimplewomansdaybook.blogspot.com/
Es para hacer cada viernes...en un principio...yo comienzo un sabado...pero en el fondo, que mas da??

Para Hoy sabado 21 de marzo de 2009
Afuera de mi ventanana...un cielo azul...solecito, gaviotas y brisa marina
Estoy pensando...en donde podriamos hacer un pic-nic para comer
De los lugares donde aprendemos... yo aprendo observando a mi hija descubriendo el mundo...hoy jugando con las pinzas de la ropa
Me siento agradecida por... tantas cosas...hoy...por el solecito
Desde la cocina... hamburguesas vegetales para el pic-nic
Que traigo puesto... ropita fresca y comoda para que el sol roce mi piel
Estoy leyendo... laura gutman
Lo que espero... al papi de mi niña, para el poic-nic
Estoy creando... una idea para vivir mas conscientemente
Estoy escuchando... coplas
Por toda la casa... corretea mi niña persiguiendo al gato
Una de mis cosas favoritas... el sol temprano en mi ventana
Algunos planes para el fin de la semana... pic-nic al sol y disfrutar juntos
Aquí está una foto que pensé compartirles:




Mi niña disfruta muchisimo del tobogan...es su juego favorito...y eso de que su mama no la suba y se ponga a sacar fotos...como que no!!!

Maternidad y trabajo por Laura Gutman

Extraido del blog alternativo

"Uno de las grandes asignaturas pendientes de las mujeres contemporáneas, y por tanto de toda la sociedad, es la conciliación laboral-familiar.

Existen países europeos donde las madres pueden decidir si se dedican por un tiempo (o más) exclusivamente a la crianza de sus hijos porque cuentan con largas bajas remuneradas de maternidad (44 semanas en Finlandia, 50 en Dinamarca, 52 en Noruega y 64 en Suecia), ayudas reales como el sueldo sustitutivo alemán, flexibilidad horaria, altas tasas de teletrabajo, …

En cambio en España, cuando se acaba la insuficiente baja de 16 semanas las madres que desean criar a tiempo completo o parcial a sus bebés deben renunciar a sueldo, a prestigio social y a un dominó de pérdidas externas.

La verdadera revolución la veremos cuando los países prioricen el bienestar de los bebés, la lactancia y el apego sean prioridad de salud pública y las madres puedan decidir en igualdad de condiciones donde centran su energía porque ambas opciones sean visibles, viables y valoradas.

En cualquier caso, lo importante es la fusión emocional con los hijos y Laura Gutman lo expresa muy bien en este breve texto" (Can-Men):

MATERNAR Y TRABAJAR

Solemos creer que maternidad y trabajo son incompatibles. Sin embargo no importa si trabajamos o no. Importa saber si logramos fundirnos en las necesidades de los niños pequeños en relación al contacto corporal, el cobijo, la lactancia, los brazos disponibles, la mirada, la quietud y la presencia durante las horas que sí estamos en casa, incluyendo la noche.

Siempre es posible seguir trabajando, si es nuestro deseo o nuestra necesidad, sin que el niño tenga que pagar los precios del abandono emocional. Con frecuencia utilizamos el trabajo como refugio y excusa perfecta para no someternos al vínculo fusional con los hijos. En cambio otras veces nos lanzamos a ese misterioso universo sin tiempo y sin bordes que es el contacto corporal permanente con los niños pequeños, sabiendo que esa hazaña es invisible a ojos de los demás, y que en ese territorio no recibiremos reconocimiento ni apoyo.

El problema no es el trabajo. El problema es la vuelta a casa. Pensemos cuántos minutos por día le dedicamos -de verdad- a la satisfacción pura de nuestros hijos traducida en piel, olor, leche, fluidos, abrazos y palabras llenas de sentido.

Cuando regresamos a casa, el niño que ya nos ha esperado con infinita paciencia siente que, ahora sí, ha llegado la hora de estar con mamá. A partir de ese momento merece ser resarcido, colmado de caricias, tiempo, abrazos y sonrisas y también merece recibir respuestas a sus reclamos legítimos ya que ha esperado estoicamente el regreso de su madre.

Si somos capaces de delegar todo lo demás una vez que hemos regresado a casa, si comprendemos que no hay nada urgente más que nutrir a nuestro bebe de caricias y leche, entonces el trabajo no será un obstáculo para el vínculo amoroso entre la madre y el niño.

Laura Gutman

Sitio oficial: Laura Gutman

Leche en desastres

No enviar leche artificial en caso de desastre humanitario

Posted: 20 Feb 2009 08:05 AM CST


Los máximos organismos internacionales en términos de salud hicieron un llamamiento hace un mes, relacionado con los problemas vividos en Gaza, para solicitar que no se enviaran muestras de leche artificial a este país (ni a aquellos que sufran grandes catástrofes).

En momentos de necesidad, cualquier persona pensará ¿Por qué? ¿Por qué no enviar leche artificial para todos esos niños que pueden necesitar alimento?

El Dr. Carlos González, pediatra, explica la razón:

Las donaciones de leche para el biberón en casos de catástrofe (guerra, terremoto, inundación...) son sumamente peligrosas. En realidad no son donaciones, sino muestras gratuitas: es el medio por el que las empresas lácteas compiten para hacerse con nuevos mercados.

Si estás atenta a las noticias, muchas veces habrás oído cómo ha salido un avión cargado de leche... raramente oirás de un avión cargado de macarrones o lentejas. Porque las empresas que venden macarrones o lentejas, fuera de que alguna en concreto tenga un director especialmente generoso o solidario, no tienen un interés comercial en hacer una donación.

Mientras el país en cuestión esté en ruinas, no pagarán por la comida; cuando superen la catástrofe, se comerán sus propias lentejas cultivadas en su país, o sus propios macarrones fabricados por empresas locales.

En cambio, si en un país del tercer mundo consigues cargarte la lactancia, consigues que millones de madres abandonen la lactancia y millones de médicos y enfermeras aprendan las ventajas del biberón, que sin duda es buenísimo porque la asociación X nos lo regalaba para ayudarnos, luego tendrás un mercado cautivo que valdrá millones, porque esa leche no se fabrica en el país y la tendrán que importar, y acostumbrados a la marca Z probablemente seguirán comprando la marca Z.

Hace años pidieron que los donativos fueran con una etiqueta blanca, "leche para bebés", sin marca, y los fabricantes, claro, no quisieron. Además, muchas veces la empresa fabricante se ahorra el transporte: se limita a entregarle las muestras gratuitas a una ONG (por suerte las ONG serias ya no las aceptan, pero a veces encuentras a un primo), o a un gobierno, y estos pagan los portes.

Y el mercado de la lactancia, no nos engañemos, está en el tercer mundo. En España sólo nacen menos de 500.000 niños al año; en Indonesia más de 5 millones, en la India más de 25 millones... Son muchos más clientes, aunque algunos se mueran por el camino, aunque sólo se compren una lata de leche por semana y la diluyan para que dure...

Hace unos años, acababa de terminar la guerra de Sarajevo, conocí a un pediatra bosnio en un congreso. Había pasado hambre, estaba delgadísimo, y en las comidas recogía hasta la más minúscula miga de pan que cayera en el mantel y se la comía. Nos explicó como al principio de la guerra la mortalidad infantil aumentó espectacularmente, porque fueron inundados con muestras gratuitas.

Claro, no todos los profesionales tienen buena formación sobre lactancia, igual que pasa aquí. Muchos empezaron a recomendar "ayuditas", pensaban que las madres, "estresadas" por la guerra, no tendrían leche, o que al quitarle a una madre mal alimentada la pesada "carga" de tener que dar el pecho le hacías un favor.

Sin agua potable ni gas para hervirla (lo mismo que ocurre ahora en Gaza), cuando las explosiones destruyen las alcantarillas y la mierda inunda las plantas bajas... la mortalidad fue enorme. Tuvieron que ser los pediatras más concienciados los que fueran a quejarse a UNICEF, que convocó una reunión de todas las ONG sobre el terreno, acordaron no distribuir más donaciones, realizaron cursos para el personal... en pocos meses, mientras la guerra continuaba, habían conseguido tasas de lactancia materna más altas y una mortalidad infantil más baja que antes de la guerra.

Por supuesto algunos niños necesitan leche artificial en las guerras; pero para esos pocos ya se consigue leche sin necesidad de espectaculares cargamentos de muestras. Y esos niños, en esas condiciones, tienen un riesgo de muerte tan alto que ya no vale aquello de "la madre es libre para decidir, y si ha elegido la lactancia artificial...". En esas condiciones hay que hacer todo lo posible para que la madre relacte, aunque lleve meses sin dar el pecho, o para encontrar una nodriza. Y tristemente eso no es muy difícil, porque los bebés son más frágiles que los adultos: en cualquier catástrofe hay más madres sin bebé que bebés sin madre.

Saludos

Carlos González

Boletin nº 2, Pestalozzi, Febrero 1990

EDUCACION: ¿CONDICIONAMIENTO O MADURACION?

Hemos llegado a la conclusion que preparar ambientes adecuados para niños y adultos es una tarea urgente, un desafio importante de nuestro tiempo y digno de nuestra atencion. Al hablar de ambientes favorables para las personas incluimos implicitamente todo lo que nos rodea, ya que hay una interdependencia estrecha entre todo lo que existe. Po esta razon nuestra responsabilidad es siempre hacia la Tierra con todo lo que hay en ella, lo natural y lo social.

Al referirnos a la educacion nos topamos entonces con toda la problematica humana, personal y su relacion con todo lo vivo. Es precisamente en los problemas personales donde nos enfrentamos mas inmediatamente con un cuestionamiento clave. ¿Es posible encontrar soluciones reales y duraderas acercandose al problema con tecnicas de condicionamiento? En nuestra sociedad el progreso y la posibilidad de salir adelante son generalmente concebidos como resultados de programas de toda clase. Asi tambien los padres de familia y profesores guardan un profundo respeto por los programas educativos como vehiculos del exito. Se refuerzan mutuamente para que los programas se cumplan paso por paso, materia por materia. Para lograr este objetivo se usan las mas variadas tecnicas: se estimula, se advierte, se orienta, se conduce y se controla; se hacen comparaciones y competiciones, se aplican premios y castigos. Detras de todos estos esfuerzos esta la conviccion que el otro (sea niño o adulto) debe seguir los lineamientos de lo que ya se sabe, debe asimilar las ideas vigentes y los cada vez mas vastos conocimientos a un ritmo prescrito y en porciones pre-establecidas.

En realidad -viendolo a corto plazo- estas tecnicas logran ciertos resultados -si no siempre positivos, por lo menos medibles. El niño humano puede ser condicionado con mucho mas exito que los animales. Si un animal nos impresiona con sus piruetas y gracias, cuanto mas un ser humano con su inteligencia superior, cuando se le entrena bien¡

Para cuestionar las tecnicas y metas del condicionamiento humano (y del mundo en general) es necesario un cambio de paradigma como lo habiamos visto antes al hablar de la no-directividad. Solo asi veremos que en realidad hay otra manera de percibir la vida; nos acercaremos a comprender el significado de los procesos de maduracion y podremos sustituir la idea del progreso con el concepto del desarrollo.

El desarrollo es parte de la maduracion. No se deja condicionar desde fuera. Mas bien es un proceso natural e inevitable cuando un organismo vivo interactua espontaneamente con un ambiente que satisface sus necesidades. El mismo cosmos, de acuerdo a la astronomia moderna, ha tenido un desarrollo observable y del mismo principio participa toda la vida en nuestro planeta. Cuando ya dejamos de condicionar a los niños interfiriendo continuamente en su modo natural de vivir como niños, ellos tambien se conectan automaticamente con este principio vital del desarrollo espontaneo y armonico.

Los procesos de maduracion permiten que los organismos incluyan en su repertorio vital los logros de las generaciones anteriores, pero lo hacen respetando siempre equilibrios internos y externos. Son siempre procesos lentos, porque se encargan de reestructurar lo anterior, conectando cuidadosamente cada nuevo logro con todos los sistemas vivos. Y dentro de todas estas consideraciones complejas, los procesos de maduracion abren siempre las posibilidades para interacciones y soluciones nuevas, sensibles a cualquier cambio en el ambiente y a nuevas exigencias de la vida.

Tanto en plantas y animales, como tambien en los humanos, se observa que los esfuerzos de acelerar los procesos de maduracion llevan finalmente a un fenomeno de Early ripe, early rot (maduracion prematura, podredumbre temprana) -fenomenos de decaimiento causados por desequilibrios internos y externos.

En los humanos los procesos de maduracion aspiran a la comprension de los problemas para contribuir a su solucion. La verdadera comprension se retracta siempre de las tecnicas de condicionamiento. Asi podemos por ejemplo enseñar a los niños las tablas de multiplicacion para que las sepan de memoria y las apliquen en casos determinados. Pero solo por multiples experiencias concretas, juegos espontaneos y el uso de materiales estructurados variados se dara la maduracion de las estructuras organicas que permiten la comprension de la multiplicacion, pero una vez memorizado cualquier contenido se hace mucho mas dificil su comprension oportuna.

El desarrollo intelectual se da en forma natural cuando un niño ha sido respetado en su necesidad basica de sentirse querido y su necesidad de interaccion autonoma con el mundo. Solo asi siente una verdadera seguridad emocional y fluyen los procesos de maduracion a traves de lso años de desarrollo.

Los metodos de condicionamiento juegan con esta interrelacion manteniendo y reforzando depèndencias. Cuando nosotros comprendemos a fondo que la capacidad de razonar es un proceso biologico que resulta espontaneamente en un ambiente de amor y libertad de interaccion, podremos resistir la presion que viene de toda la sociedad alrededor de nosotros para que aceleremos el desarrollo de nuestros hijos; la presion de estimularles si quiera un poquito para que se igualen con los niños condicionados tecnicamente.

En los siguientes boletines veremos mas puntualmente cuales son los procesos internos, neurologicos y psicologicos del condicionamiento y de la maduracion y cuales son las consecuencias de ambos a largo plazo.

Rebeca Wild

Cinco Razones para Dejar de Decir “¡Muy Bien!

YOUNG CHILDREN

Septiembre 2001

Por Alfie Kohn


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NOTA: Una versión abreviada de este artículo fue publicada en la revista Parents en mayo de 2000 con el título “Hooked on Praise" (“Enganchados a los Elogios”). Para una visión más detallada de los temas discutidos aquí, por favor refiérase a los libros Punished by Rewards y Unconditional Parenting.




Salga a un sitio de juegos, visite una escuela o aparézcase en la fiesta de cumpleaños de un niño, y hay una frase que de seguro va a escuchar: “¡Muy bien!”. Incluso los bebés pequeños son elogiados por juntar sus manos (“Bonito aplauso!). A algunos de nosotros se nos escapan estos juicios sobre nuestros niños al punto de que casi se convierte en un tic verbal.

Muchos libros y artículos advierten en contra de recurrir al castigo, desde pegar hasta el aislamiento forzado (“tiempo fuera”). Ocasionalmente alguien incluso nos pedirá que reconsideremos la práctica de sobornar a los niños con stickers o comida. Pero usted tendrá que buscar arduamente para encontrar una palabra que desaliente lo que es eufemísticamente llamado refuerzo positivo.

Para que no haya ningún malentendido, el punto aquí no es cuestionar la importancia de apoyar e incentivar a los niños, la necesidad de amarlos y abrazarlos y ayudarlos a sentirse bien con ellos mismos. Los elogios, sin embargo, son una historia completamente diferente. Aquí explico por qué.

1. Manipulando a los niños. Suponga que usted ofrece una recompensa verbal para reforzar el comportamiento de un niño de dos años que come sin regar, o de un niño de cinco años que limpia sus materiales de arte. ¿Quién se beneficia de esto? ¿Es posible que el decir a los niños que han hecho un buen trabajo tenga menos que ver con sus necesidades emocionales que con nuestra propia conveniencia?

Rheta DeVries, profesora de educación en la Universidad del Norte de Iowa, se refiere a esto como “control con cubierta de azúcar”. Muy parecido a las recompensas tangibles – o, para el propósito, castigos – es una forma de hacer algo a los niños para conseguir que ellos cumplan con nuestros deseos. Puede ser efectivo en producir estos resultados (al menos por un tiempo), pero es muy diferente a trabajar con los niños – por ejemplo, entablar una conversación con ellos a cerca de qué es lo que hace a una clase (o a una familia) funcionar sin problemas, o cómo otras personas son afectadas por lo que hemos hecho – o dejado de hacer. Este último enfoque no solo que es más respetuoso si no que no es efectivo para ayudar a los niños a convertirse en personas reflexivas.

La razón por la cual los elogios pueden funcionar a corto plazo es que los niños pequeños están hambrientos de aprobación. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de no aprovecharnos de esta dependencia para nuestra propia conveniencia. Un “¡Muy bien!” para reforzar algo que hace nuestras vidas un poco más fáciles puede ser un ejemplo de tomar ventaja de la dependencia de los niños. Los niños también pueden empezar a sentirse manipulados por esto, incluso si ellos no pueden explicar a ciencia cierta por qué.

2. Creando adictos a los elogios. De seguro, no todo uso de elogios es una táctica calculada para controlar el comportamiento de los niños. Algunas veces felicitamos a los niños solamente porque estamos genuinamente complacidos por lo que han hecho. Sin embargo, incluso en esos casos, vale la pena poner más atención. En lugar de aumentar la auto estima de un niño, los elogiados pueden incrementar su dependencia hacia nosotros. Mientras más decimos “Me gusta la forma en que tú....” o “Muy bien hecho...”, incrementa la dependencia de los niños hacia nuestras evaluaciones, nuestras decisiones acerca de lo que está bien y mal, en lugar de aprender de sus propios juicios. Esto los lleva a medir su valor en términos de lo que a nosotros nos hará sonreír y darles un poco más de aprobación.

Mary Budd Rowe, una investigadora de la Universidad de Florida, descubrió que los estudiantes que eran elogiados profusamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas, más proclives a responder en un tono de voz de pregunta (“mm, ¿siete?). Tendían a retractarse de una idea propuesta por ellos tan pronto como un adulto mostraba su desacuerdo. Además, tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes.

En resumen, “Buen trabajo!” no les da seguridad a los niños; en última instancia, los hace sentirse menos seguros. Este tipo de frases puede incluso crear un círculo vicioso en el que mientras más recurrimos a los elogios, más parecen los niños necesitarla, por lo que los elogiamos aún un poco más. Penosamente, algunos de estos niños se convertirán en adultos que continúan necesitando a alguien que les dé una palmada en la espalda y les diga si lo que hicieron estuvo bien. De seguro, esto no es lo que queremos para nuestros hijos e hijas.

3. Robando el placer de un niño. Aparte del problema de dependencia, un niño merece disfrutar de sus logros, sentirse orgulloso de lo que ha aprendido a hacer. También merece decidir cuándo sentirse de tal o cual forma. Pero, cada vez que decimos, “¡Muy bien!”, le estamos diciendo al niño cómo sentirse.

De seguro, hay momentos en los que nuestras evaluaciones son apropiadas y nuestra guía es necesaria – especialmente con niños que ya caminan y de edad pre-escolar. Pero una corriente constante de juicios de valor no es ni necesaria ni útil para el desarrollo de los niños. Desafortunadamente, seguramente no nos hemos dado cuenta de que “¡Muy bien!” es una evaluación tanto como lo es “¡Mal hecho!” La característica más notable de un juicio positivo no es que este sea positivo, si no que es un juicio. Y a la gente, incluyendo a los niños, no les gusta ser juzgados.

Yo disfruto y guardo las ocasiones en las que mi hija logra hacer algo por primera vez, o hace algo mejor de lo que lo había hecho hasta ahora. Pero trato de resistir al reflejo de decir “¡Muy bien!” porque no quiero diluir su alegría. Quiero que ella comparta su placer con migo, no que me mire buscando un veredicto. Quiero que ella exclame, “¡Lo hice!” (lo que ocurre regularmente) en lugar de preguntarme con incertidumbre, “¿Estuvo bien?”

4. Perdiendo el interés. "¡Muy bonita pintura!” puede hacer que los niños sigan pintando por el tiempo que nos mantengamos mirando y elogiándolos. Pero, advierte Lilian Katz, una de las principales autoridades nacionales de educación en la temprana infancia, “una vez que se quita la atención, muchos niños no volverán a esa actividad nuevamente.” Efectivamente, una cantidad impresionante de investigaciones científicas han mostrado que mientras más recompensamos a la gente por hacer algo, más tiende a perder el interés por cualquier cosa que deban hacer para obtener recompensas. Ahora el punto no es dibujar, leer, pensar, crear – el punto es tener el regalo, sea este un helado, un sticker o un “¡Muy bien!”.

En un estudio de problemas conducido por Joan Grusec de la Universidad de Toronto, los niños pequeños que fueron elogiados frecuentemente por muestras de generosidad, tendían a ser un poco menos generosos en el día a día, de lo que eran los otros niños. Cada vez que ellos han oído “¡Muy bien por compartir!” o “Estoy muy orgulloso de ti por ayudar”, ellos perdían el interés por compartir o ayudar. Estas acciones vinieron a verse no como algo valioso en su propio sentido de lo justo, si no como algo que deben hacer para obtener nuevamente esa reacción del adulto. La generosidad se convierte en el medio para un fin.

Motivan los elogios a los niños? Por supuesto. Los motivan a obtener elogios. Desgraciadamente, esto sucede frecuentemente a expensas del compromiso hacia cualquier cosa que ellos estaban haciendo y que provocó un elogio.

5. Disminuyendo el Desempeño. Como si no fuera suficientemente malo que un “¡Muy bien!” pueda menoscabar la independencia, el placer y el interés, puede también interferir con cuán bien los niños hacen una tarea. Los investigadores continúan hallando que los niños que son elogiados por hacer bien un trabajo creativo tienden a tropezar en la siguiente tarea- y no les va tan bien como a los niños que no fueron elogiados al principio.

¿Por qué sucede esto? En parte porque los elogios crean una presión de “continuar el buen trabajo”, llegando a interponerse en el camino de lograrlo. En parte porque su interés en lo que hacen puede disminuir. En parte porque ellos se vuelven menos propensos a tomar riesgos – un prerrequisito para la creatividad- una vez que comienzan a pensar sobre cómo hacer que esos comentarios positivos continúen viniendo.

En forma general, “¡Muy bien!” es un vestigio de un enfoque que reduce toda la vida humana a comportamientos que pueden ser vistos y medidos. Desafortunadamente, esta ignora los pensamientos, sentimientos y valores que yacen detrás de los comportamientos. Por ejemplo, un niño puede compartir un refrigerio con un amigo como una forma de atraer un elogio, o como una forma de asegurarse de que otro niño tenga suficiente para comer.. Los elogios por compartir ignoran estos diferentes motivos. Peor aún, estos de hecho promueven el motivo menos deseable, haciendo a los niños más proclives a tratar de pezcar elogios en el futuro.

Una vez que usted empieza a elogiarlo por lo que es – y lo que hace – estas pequeñas y constantes explosiones de evaluación de los adultos comienzan a producir los mismos efectos que unas uñas rasgadas lentamente sobre un pizarrón. Usted comienza a alentar a un niño a dar a sus maestros y padres un bocado de su propia melaza, volteándose a responderlos diciendo (en el mismo tono de voz dulzón), “¡Muy buen elogio!”



Sin embargo, no es un hábito fácil de romper. Dejar de elogiar, al menos al principio, puede parecer extraño,. Se puede sentir como si estuviese siendo frío o guardándose algo. Pero eso, (y pronto se vuelve evidente) sugiere que nosotros elogiamos más porque necesitamos decirlo que porque nuestros niños necesitan oírlo. Siendo esto así, es tiempo de reconsiderar lo que estamos haciendo.

Lo que los niños necesitan es apoyo incondicional, amor sin compromisos. Eso no solo que es diferente a un elogio – es lo opuesto al elogio. “¡Muy bien!” es condicional. Significa que estamos ofreciendo atención, reconocimiento y aprobación por saltar a través de nuestro aro, es decir, por hacer algo que nos place a nosotros.

Este punto, usted lo notará, es muy diferente a una crítica que mucha gente ofrece al hecho de dar a los niños mucha aprobación, o dársela muy fácil. Ellos recomiendan que nos hagamos más tacaños con nuestros elogios y demandemos que los niños “los ganen”. Pero el problema real no es que los niños de esta época esperen ser elogiados por todo lo que hacen. Lo que sucede es que nosotros estamos tentados a tomar atajos, a manipular a los niños con recompensas en lugar de explicar y ayudarlos a desarrollar las habilidades necesarias y los buenos valores.

Entonces, ¿cuál es la alternativa? Eso depende de la solución, pero cualquier cosa que decidamos decir tiene que ser en el contexto del afecto genuino y amor por lo que los niños son en vez de por lo que han hecho. Cuando está presente el apoyo incondicional, un “¡Muy bien!” no es necesario; cuando no está presente, un “¡Muy bien!” no ayudará.

Si estamos elogiando acciones positivas como una forma de desalentar un mal comportamiento, esto tiene poca probabilidad de ser efectivo por mucho tiempo. Incluso cuando esto funciona, no podemos afirmar que el niño ahora “se esté comportando”; sería más preciso decir que los elogios lo hacen comportarse. La alternativa es trabajar con el niño, para descubrir las razones por las que él está actuando de esa manera. Podríamos tener que reconsiderar nuestros propios requerimientos en vez de simplemente buscar una forma de que los niños obedezcan. (En lugar de usar “¡Muy bien!” para hacer que un niño de cuatro años se siente callado durante una larga clase o cena familiar, tal vez deberíamos preguntarnos si es razonable esperar que un niño haga esto).

También debemos encaminar a los niños hacia el proceso de tomar sus propias decisiones. Si un niño está haciendo algo que molesta a otros, entonces sentarse posteriormente con él y preguntarle, “¿Qué piensas que podemos hacer para solucionar este problema?” podría ser más efectivo que chantajes o amenazas. Esto también ayuda al niño a aprender cómo resolver problemas y le enseña que sus ideas y sentimientos son importantes. Por supuesto, este proceso toma tiempo y talento, cuidado y coraje. Lanzar un “¡Muy bien!” cuando el niño actúa en una forma que nosotros estimamos apropiada no toma ninguna de estas cosas, lo que explica por qué las estrategias de “hacer algo a” son más populares que las estrategias de “trabajar con”.

¿Y qué podemos decir cuando los niños hacen algo impresionante? Considere estas tres posibles respuestas:

* No diga nada. Algunas personas insisten en que un acto servicial debe ser “reforzado” porque, secreta o inconscientemente, ellos piensan que fue una casualidad. Si los niños son básicamente malos, entonces se les debe dar una razón artificial para ser buenos (a saber, recibir una recompensa verbal). Pero si este cinismo es infundado-y muchas investigaciones sugieren que lo es-entonces los elogios no serían necesarios.

* Diga lo que vio. Un enunciado simple, sin evaluación (“Te pusiste los zapatos por ti mismo” o incluso solamente “Lo hiciste”) dice a su hijo que usted se dio cuenta. También le permite a él sentirse orgulloso de lo que hizo. En otros casos, puede tener sentido hacer una descripción más elaborada. Si su hijo hace un dibujo, usted podría ofrecer unas observaciones –no un juicio-sobre lo que usted ve: “¡La montaña es inmensa!” “¡Hijo, de seguro usaste mucho color morado hoy día!”

Si un niño hace algo cariñoso o generoso, usted podría atraer su atención sutilmente hacia el efecto de esta acción en la otra persona: “¡Mira la cara de Abigail! Ella parece muy feliz ahora que le diste un poco de tu comida”. Esto es completamente diferente a un elogio, en el que el énfasis está en cómo usted se siente acerca de la acción hecha por su hijo.

* Hable menos, pregunte más. Incluso mejores que las descripciones son las preguntas. Por qué decirle a él qué parte de su dibujo le impresionó a usted cuando puede preguntarle qué es lo que a él le gusta más de su dibujo? El preguntar “Cual fue la parte más difícil de dibujar?” o “¿Cómo hiciste para hacer el pie del tamaño correcto?” es probable que alimente su interés por el dibujo. Decir “¡Muy bien!”, como lo hemos visto, puede tener exactamente el efecto contrario.

Esto no significa que todos los cumplidos, todos los agradecimientos, todas las expresiones de gusto sean dañinas. Debemos considerar los motivos por los que los decimos (una expresión genuina de entusiasmo es mejor que un deseo de manipular el futuro comportamiento del niño) así como los efectos verdaderos de decirlos.. ¿Están nuestras reacciones ayudando al niño a percibir un sentido de control sobre su vida—o de buscar constantemente nuestra aprobación? Están estas expresiones ayudándolo a volverse más entusiasta en lo que está haciendo por derecho propio, o convirtiendo en algo que él solo quiere hacer para recibir una palmada en la espalda.

No es cuestión de memorizar un nuevo guión, si no de tener presentes nuestros objetivos a largo plazo para nuestros hijos y estar alerta sobre los efectos de lo que decimos. La mala noticia es que el uso de refuerzos positivos no es realmente algo positivo. La buena noticia es que usted no tiene que evaluar para poder motivar

Firma para que se cumpla el compromiso con las madres

http://www.petitiononline.com/cuidados/

La revolución nuestra de cada día, Laura Gutman

La nuestra es una revolución silenciosa, amorosa y pacífica. Es una revolución doméstica, en el sentido más sublime del término. Es un cambio cotidiano, permanente, cariñoso, tierno y compartido.

Hacemos la revolución cada mañana cuando despertamos sudando envueltas en el cuerpo del niño pequeño. Cuando la divinidad femenina se hace presente a través del alimento que ofrecemos. Cuando organizamos los rituales familiares de comida, baño, limpieza, orden, palabras, explicaciones, verdades nombradas, diálogos abiertos, comprensiones compartidas y sueños soñados. Cuando somos anfitrionas de las celebraciones. Cuando cada día compartido y cada noche de descanso hacen parte de la nutrición afectiva. Cuando brindamos porque estamos vivos. Cuando el poder susurrante del agua nos adormece, y el poder hipnótico del fuego nos vitaliza.

Las madres hacemos la revolución cuando recuperamos nuestros rituales ancestrales, cuando defendemos los espacios íntimos, cuando hacemos silencio, cuando recordamos que somos la Tierra y que somos el Cosmos. Cambiamos el mundo cuando conservamos el valor sagrado que tienen los pequeños actos de intercambio humano.

La revolución de las madres acontece cuando nos dejamos fluir por la energía de las trece lunas de cada año. Cuando nutrimos, alimentamos, sanamos, atendemos, esperamos y estamos abiertas y receptivas para con los demás.

No importa que hayamos tenido vidas difíciles. Cada día es una nueva oportunidad para mirar a un niño, y saber que está deseoso de alimentarse con nuestra sustancia materna. Tampoco importa si se trata de un hijo propio o un hijo ajeno, porque ellos siempre permanecerán receptivos a los cuidados amorosos. Todos los niños saben que existe un ámbito generoso y caliente latiendo en el corazón de cada madre, potencialmente útil y nutritivo para ellos.

Laura Gutman - Fragmento de "La revolución de las madres"

Boletin nº 1, Pestalozzi

" El Rol de los Juegos"

"Tu no me quieres", dijo Oswaldito de 5 años a su mama. Ella se sintió absolutamente confundida. ¿No le había dado todo? ¿Todo su amor, tantas malas noches, la mejor comida, ropa, juguetes, betamax? ¿Que le pasaba a ese chico?
"Si no me dejan salir con mis amigos hasta la hora que yo quiera, me voy de casa" dijo María de 15 años a sus asustados padres. ¿Como podía haber cambiado tanto su adorada hija, siempre tan inteligente, formalita, obediente y cariñosa?
Ahora no solo los "padres con problemas" a quienes ya desde algún tiempo les ha faltado energía para dedicarse a sus hijos, sino también los padres bueno, que siempre les han dado la mejor atención que podían, de repente se asombran: "¿Quien comprende a este niño?" Entonces nos vienen muchas dudas: ¿Que es eso de "amar" a un niño? ¿Realmente podemos amar sin comprender? ¿O comprender sin amar?
Un enfoque para lograr una mejor comprensión sobre la vida de nuestros niños es indudablemente entender algo más sobre los juegos que son su expresión vital más natural y espontanea.
"¿Que hiciste hoy en la escuela?" preguntan los papas. Cuando el niño contesta honradamente "jugué", se da cuenta de la desilusión de sus padres y se siente incomodo en su condición de niño y se pregunta "¿Que esperan de mí? ¿Gramática, matemáticas?" Luego regresa donde los profesores del Pestalozzi "Quiero aprender el pluscuamperfecto, quiero aprender a dividir en papel" Y entonces juego y trabajo se ponen en contradicción y ya comienza el conflicto entre la "vida seria" del trabajo (que como él puede ver pocos adultos lo hacen con alegría) y los "sanviernes" tan esperados durante toda la semana.
Sin embargo, si supiéramos apreciar la íntima relación entre juego y trabajo y dar a los niños el apoyo para que no la pierdan, pudiéramos trabajar juntos con goce y creatividad, así como nuestro hijo de casi 16 años nos escribió desde Suiza en estos días "Ahora trabajo en una empresa que fabrica vehículos solares. Es superchevere. El trabajo es como un juego. Todo me interesa y no me canso, aunque duermo pocas horas"
En realidad, desde que nace, el niño comienza a "jugar y trabajar". Sus primeros contactos con el mundo los toma por sus reflejos innatos y simplemente para sobrevivir. Pero la satisfacción de sus necesidades le invita a variar esta interacción instintiva, a experimentar jocosamente con el mundo que le rodea. No se contenta con succionar solo la teta que le alimenta. Pronto lo succiona todo - los dedos, la cobija, todo lo que este a su alcance. Como habíamos visto antes, este comportamiento se debe a la presencia de la corteza cerebral, el órgano diseñado para "encontrar soluciones novedosas a situaciones imprevistas", y es ese tanteo que permite el desarrollo de la inteligencia humana.
A estos experimentos espontáneos les sigue en seguida el impulso de imitar movimientos y sonidos en una exploración continua que cultiva la capacidad de observación y concentración a muy temprana edad. Gracias a estas imitaciones el bebe capta e incorpora muchos detalles de la realidad que le rodea. Pero solo si otra persona re-imita sus gestos y expresiones, puede el lograr una primera percepción de sí mismo, se da cuenta que también el "es visto" con interés (no con critica, que es probablemente la experiencia más generalizada) Y así se satisface una de las más importantes necesidades humanas, la de sentirse querido.
Cada nuevo descubrimiento sensorial, cada nuevo movimiento es practicado con goce hasta llegar a ser dominado y refinado. El niño no interferido persiste en sus ejercicios que con frecuencia toman el carácter de rituales, y los varia, buscando cada vez nuevos niveles de dificultad hasta obtener un grado de maestría que le da seguridad. Ahora sus experiencias son "solamente sensorio-motrices". Le proporcionan placer por sentirse a sí mismo y sentir las múltiples cualidades del mundo. Pero al mismo tiempo son la base para su futuro razonamiento. Hoy el niño salta muchas veces de un muro para gozar, perfeccionar su coordinación, sentirse valiente. Pero este juego repetitivo, combinado con muchos otros, mieliniza su sistema nervioso, establece contactos cerebrales que a su tiempo permitirán la comprensión de leyes físicas cada vez más complejas - p.ej distancias, ángulos, peso, volumen, la gravedad y mucho más aun: esta es una actividad espontanea, autónoma, que conlleva su gratificación en sí misma. El niño que juega por placer no espera recompensas para su "trabajo bien hecho", no mira el reloj para ver si por fin se acerca el merecido descanso. Más bien se olvida hasta de su hambre y se reniega porque la noche le obliga a interrumpir su juego que "recién no mas" comenzó.
Desde pequeño el niño imita no solo las muecas graciosas y muchas palabras, sino también el trabajo de los adultos. Antes de caminar con destreza ya quiere barrer, cargar la loza, lavar platos. En esta época creemos que no le podemos confiar -una taza nos parece más valiosa que satisfacer el hambre de actividad de un niño. "Es que los trabajos hay que hacerlos rápido y bien (para luego comenzar a vivir), y el niño estorba cuando juega con la espuma, barre sin terminar, en fin, solo juega". Le mandamos a sus juguetes para que no moleste y que no toque nuestras cosas. Unos pocos años después nos quejamos de "estos niños inútiles, que solo quieren jugar para divertirse y se niegan a ayudar"
Al llegar al final de su segundo año un niño que ha podido interactuar a su ritmo con su entorno, ha adquirido estructuras mentales complejas que ahora le permiten imaginarse las cosas "dentro de su cabeza". Esta representación interna del mundo le capacita para comenzar a planificar sus acciones con cierta anticipación y de realizar sus primeras simbolizaciones. En esta edad el pequeño alza un pedazo de madera, lo hace "volar" y acompaña este acto de simbolización con sonidos de avión. En esta etapa inicia una verdadera explosión de lenguaje hablado, y terminando su sexto año el niño ha adquirido un enorme porcentaje de su potencial de expresión verbal. Piaget ha observado y ricamente comentado el juego simbólico de sus hijos y de otros niños. Pudiéramos resumir sus interpretaciones de la siguiente manera:
- El juego representativo es la base más importante para la capacidad de simbolización y abstracción
- Gracias a este juego, el niño incorpora espontáneamente grandes cantidades de realidades concretas en sus esquemas mentales
- Gracias a los juegos representativos los niños "digieren" experiencias difíciles de asimilar, sobre todo las de mucha carga emocional, y aprenden a bregar con sus miedos, iras, celos, tristezas y alegrías
- Por medio del juego representativo el niño puede experimentar libremente con los elementos de la adaptación y asimilación y encontrar su equilibrio entre ambos polos
- El juego representativo le empuja a tomar en cuenta a otros niños, a colaborar e intercambiar roles con ellos, a aprender a ver el punto de vista de otros niños, a salir de su egocentrismo infantil

El juego representativo de los programas de televisión carece de la mayoría de estos elementos. Aquí el niño elimina sobre todo imágenes y contenidos potentes absorbidos -no por su interacción con un mundo concreto- sino en forma pasiva. Mientras que el niño debería formar sus propias imágenes moviéndose, manipulando objetos y diciendo lo que hace, la televisión le sustituye su actividad personal, lo inmoviliza y lo llena de imágenes y palabras ajenas, tensionándole al mismo tiempo a causa de los efectos de la tecnología aplicada. Señalar todas las diferencias que hemos observado entre el juego representativo autentico y el de la tele, seria en realidad otro tema aparte.
Del "juego de práctica" y del "juego representativo" evoluciona paulatinamente el "juego con reglas". Hay ciertas reglas que son transmitidas y aceptadas y que confirman la autoridad de las personas mayores y de la tradición. Con el inicio de la etapa operativa, en cambio, los niños inventan sus propias reglas de juego, haciéndolas funcionar por convenios temporales y muchas veces modificando las reglas convencionales. Es una necesidad de desarrollo de esta etapa experimentar con el mundo para descubrir el sentido de las reglas, en un continuo vaivén de acomodación y asimilación. Esto no solo es importante para el desarrollo de la inteligencia creativa, sino igualmente para aprender a relativizar a las autoridades absolutas y poder cooperar con iguales por medio de códigos funcionales que respetan tanto al individuo como al grupo.
En nuestra experiencia educativa que se basa en la actividad autónoma vemos siempre confirmado que el acceso a los materiales estructurados diseñados para permitir la formación de estructuras de comprensión es sumamente difícil para todo niño que no ha tenido un real apoyo para vivir plenamente las diversas etapas de los juegos aquí descritas. Los efectos son múltiples y varían desde una falta de seguridad en la coordinación sensorio-motriz, inseguridad en el razonamiento concreto, agresividad, falta de concentración, dependencia, rechazo de reglas funcionales y limites y de la toma de responsabilidad, inclinación a abstracciones sin bases operativas y tendencia de sentirse feliz solo en grupo, de no encontrar actividad personal satisfactoria hasta evadir la realidad personal por medio de distracciones y consumismo.
¿Nos asusta esta lista? ¡Hagamos pues un sincero esfuerzo por conocer a fondo cuales son las necesidades autenticas de nuestros niños y haremos una contribución pequeña, pero real, para que el mundo de mañana sea un poquito mejor que el actual!

Rebeca Wild

Meditando

Llevo unos dias necesitando sentarme a meditar y dando vueltas al tema de las meditaciones, cómo hacerlo, cómo sacar tiempo... y en el blog alternativo he encontrado un texto que me va de maravilla, y por lo tanto quiero compartirlo...porque vivimos un momento en el que las ideas de luz han de ser esparcidas, y las semillas plantadas han de empezar a germinar.


El silencio del Alma. Por Neale Donald Walsch

Neale Donald Walsch, el autor de los 3 famosos libros “Conversaciones con Dios”, nos explica en estas palabras como la Vida es una meditación permanente si vivimos plenamente conscientes cada momento y estamos conectados a nuestro interior y al Todo.

Estas son sus palabras:

Recuerda, los silencios mantienen los secretos, por tanto, el sonido más dulce es el sonido del silencio.

Esa es la canción del alma, algunos escuchan el silencio en la oración, otros cantan la canción en su trabajo, algunos buscan los secretos en la contemplación tranquila.

Cuando se alcanza la maestría o se experimenta, los sonidos del mundo pueden apagarse, las distracciones aquietarse. Toda la vida se convierte en meditación.

Todo en la vida es una meditación, en la que contemplas lo Divino y experimentando de esta manera, todo en la vida está bendito. Ya no hay lucha ni dolor ni preocupación. Sólo hay experiencia.

Respira en cada flor, vuela con cada pájaro, encuentra belleza y sabiduría puesto que la sabiduría se encuentra en todos los sitios donde se forma la belleza. La belleza se forma en todas partes, no tienes que buscarla, sino que vendrá a ti.

Cuando actúas en este estado, conviertes todo lo que haces en una meditación y así, en un don, en un ofrecimiento de ti a tu alma y tu alma a El Todo.

Al lavar los platos, disfruta del calor del agua que acaricia tus manos, al preparar la cena, sientes el amor del universo que te trajo este alimento y como un regalo tuyo al preparar esta comida viertes todo el amor de tu ser.

Al respirar, respira largo y profundo, respira lenta y suavemente, respira la suave y dulce nadería de la vida, tan plena de energía, tan plena de amor. Es amor de Dios lo que estas respirando.

…Respira profundamente y podrás sentirlo. Respira muy, muy profundamente y el amor te hará llorar… de alegría. Porque conociste a tu Dios y tu Dios te presentó con tu alma.

Utiliza tu vida como una meditación y todos los eventos en ésta. Camina en la vigilia, no dormido.

Muévete con perfección, no sin ella y no te detengas en la duda ni el temor, tampoco en la culpa ni en la autorrecriminación, reside en el esplendor permanente con la seguridad de que eres muy amado.

Siempre eres Uno con Dios. Siempre eres bienvenido a casa. Porque tu hogar es Mi corazón y Mío es el tuyo.

Somos todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que será.

Sitio oficial: Neale Donald Walsch

La química del amor, Margot Sutherland

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. En cambio, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social.

La capacidad para amar es uno de los dones que la naturaleza nos ha concedido. El amor propicia que en nuestro cerebro se precipiten armoniosas cantidades de sustancias químicas, gracias a las cuales nos sentimos bien, abiertos, creativos, fuertes y muy contentos. Cuando amamos intensamente, vivimos con la misma intensidad. Si nuestro amor no es pleno, nuestra vida tampoco lo será.

Cuando permites a tu hijo que te ame en paz, se ponen en marcha en su cerebro una serie de maravillosas sustancias químicas. A pesar de que el amor sea un concepto difícil de explicar en términos neurocientíficos, los investigadores piensan que genera una gran cantidad de sustancias estimulantes positivas: ciertos opioides, oxitocina y prolactina, a las que llamaremos sustancias clave de la vinculación afectiva.

Al parecer, las relaciones cálidas nacen de ciertos procesos protagonizados por los opioides que tienen lugar en el cerebro. Se sabe que los mamíferos prefieren pasar más tiempo en compañía de aquellos en cuya presencia han experimentado secreciones cerebrales de oxitocina y opioides. Los opioides, en combinación con la oxitocina y otras sustancias producidas de manera natural por el cuerpo, son posiblemente los productos clave en los estados de bienestar o de satisfacción intensa. Su acumulación, cuando se activan en el cerebro, afecta a la percepción, de manera que te hacen sentir que todo va bien en el mundo.

Amar en paz también conlleva que tu flujo de conciencia, pensamientos y sentimientos te transporten a un mundo interior agradable, como consecuencia de la actuación de los opioides en el cerebro.

Asimismo, es también posible que las mejores cualidades humanas -generosidad, compasión y apertura hacia los demás- estén generadas por la acción de los opioides. Incluso, hay personas ennuestra vida que activan los opioides en nuestro cerebro o, por decirlo con una metáfora, provocan que salga el sol. La mera presencia o recuerdo de estas personas nos ayuda a recuperarnos en momentos de lucha y sufrimiento. El caudal de opioides y oxitocina liberado por el amor pacífico también contribuye a reducir en gran medida nuestros sentimientos negativos y, en especial, la soledad, el aislamiento, la negatividad y el enfado.

Fuerza psicológica

Cuando más cálidas, incondicionales, constantes y físicamente afectivas sean tus relaciones con tu hijo,´más abundantes serán las secreciones de opioides, oxitocina y prolactina en su cerebro. Y cuando recuerde tu cálida presencia se sentirá a salvo. Al poco tiempo, vuestro vínculo permitirá a tu hijo desarrollar fuerza psicológica. Los investigadores han descubierto que la fuerza psicológica está relacionada con la presencia de opioides en el cerebro.

Esto significará que tu hijo crecerá con la capacidad de:

* Pensar en situaciones de tensión y tranquilizarse-
* Tener confianza en sus capacidaes sociales, así como calidez y gentileza.
* Transformar la adversidad en oportunidad.
* Responder a los estímulos de los demás pensando en lo que se dice en lugar de enfadarse o marcharse.
* Tender a la resolución de los conflictos y no a la culpabilidad.

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. Cuando los investigadores dedicados al cerebro dieron a un grupo de animales pequeños pequeñas dosis de opioides y a otro una determinada sustancia inhibidora de opioides, resultó que los del primer grupo salieron victoriosos al competir con los del segundo.

En el mundo

La ciencia de las relaciones materno o paterno-filiales firmes y amables nos enseña mucho acerca de las atrocidades que tienen lugar en el mundo. A partir de diversas investigaciones con mamíferos, sabemos que los opioides y la oxitocina son sustancias que tienen mucho poder a la hora de anular la agresividad. "No tener deseos de luchar", ya sea en el entorno físico o en el del lenguaje, reviste una importancia capital no sólo en la esfera familiar, tiene también implicaciones en el modo en que nuestros hijos se comportarán cuando sean adultos y en los efectos que su conducta tendrá en el mundo que habiten.

En el mundo, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social. Si el niño no se siente querido o no confía en la constancia del amor que sus padres sienten por él, su salud psicológica se tornará vulnerable. El miedo a la pérdida del amor materno o paterno llegá a ser tan terrible que, a veces, dispara las reacciones de huida o lucha en el cerebro reptil del niño.

La investigación demuestra que la activación escasa del lóbulo frontal izquierdo del niño es consecuencia de haber tenido un padre irresponsable. El niño cuyos padres sean irresponsables en lo emocional y que, en consecuencia, posea un lóbulo frontal izquierdo que apenas se pone en marcha, tiene más posibilidades de albergar sentimientos negativos hacia sí mismos y hacia los demás, y, en ese caso, no querrá acercarse a sus padres para darles cariño ni tampoco a sus compañeros en busca de amistad, pues tendrá demasiado miedo al rechazo. Una actitud ante el mundo como ésta puede continuar durante la madurez.

El futuro

Si tu hijo aprende a amar en paz, en su madurez será capaz de:

* Elegir a sus parejas con fortuna, pues se acercará a las personas que le traten bien y se alejará de las que no.
* Desarrollar y mantener relaciones íntimas satisfactorias a largo plazo.
* Disponer de recursos para ser tierno, gentil, compasivo y apasionado.
* Escuchar, calmar, confortar y ayudar a los demás en lo relativo a las emociones.
* Ser espontáneo a la hora de darse a la persona que ama
* Ser amoroso y sexual al mismo tiempo.
* Alimentar sus relaciones íntimas con cumplidos, aprecio y sorpresas agradables, y compartir con generosidad sus pensaientos y sentimientos íntimos, aun cuando le parezca dificil hacerlo.

Margot Sutherland
Autora de La ciencia de ser padres

Carl Honoré, muy interesante

http://www.magazinedigital.com/reportajes/los_reportajes_de_la_semana/reportaje/cnt_id/2747/pageID/1

Presionamos tanto a nuestros hijos que nos les dejamos elegir su camino
Texto de Ima Sanchís

El inspirador de muchos de los movimientos slow, el escocés Carl Honoré, alerta ahora en su nuevo libro dedicado a la educación de los hijos sobre el exceso de exigencia y perfeccionismo. Bajo presión reclama calma, mucha calma, y el autor insiste en la necesidad de perder el miedo, confiar en uno mismo y en la propia capacidad para educar sin echar mano de mano.

Hace tres años, este curioso historiador escocés que ejercía de periodista para el The Globe and Mail, el National Post, The Guardian, The Observer y The Economist, sorprendió al mundo con su libro Elogio de la lentitud, traducido a treinta lenguas, que se inspiró e inspiró todo tipo de movimientos mundiales en contra de la rapidez, desde el Club de la Pereza en Japón, la Sociedad
de la Ralentización del Tiempo en toda Europa y el Movimiento por el Sexo Lento. Ya son 35 las poblaciones europeas que se han sumado a los principios de Petrini: “El placer antes que el beneficio, los seres humanos antes que la oficina central”.
Ahora lo vuelvo a tener frente a mí, tras recorrerse el mundo para analizar nuestro moderno enfoque de la infancia que esta dando como resultado niños hiperactivos, deprimidos, obesos, violentos e insatisfechos. Bajo presión nos muestra los estudios científicos más significativos sobre fracaso escolar, neurología, sociología y psicología, mezclándolos con tendencias educativas. Una mirada inteligente que nos advierte de los peligros de esta sociedad superexigente y mitificadora. De nuevo Honoré llama a la calma y al placer de la vida inteligente y emotiva, baluartes de lo humano, en contra del exceso de presión por hacer de nuestro hijos niños alfa, porque, tal como dijo Einstein, la educación es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo aprendido en la escuela.

Cuarenta años y dos hijos de siete y nueve años, ¿qué le preocupa?
Para mí, el desafío más complicado es dejarles salir a la calle solos. Pese a todas las estadísticas que demuestran que nunca los niños habían vivido tan seguros y mi denuncia de absurdas medidas que les coartan toda libertad, yo también soy presa de los temores.
En una escuela inglesa han sustituido las corbatas tradicionales por otras sujetas con ganchos a fin de reducir el riesgo de ahogarse.
Sí, las preocupaciones sobre la seguridad de los niños han llegado al paroxismo. Otra escuela de enseñanza primaria de Attleboro, Massachussets, concluyó que el corre que te pillo suponía un riesgo para la salud y lo prohibió, le imitaron varios colegios. En muchas escuelas de Canadá y Suecia se han prohibido las peleas con bolas de nieve por cuestiones de seguridad. Profesores de todo el mundo informan de que, cuando las clases se van de excursión al campo, algunos padres les siguen en coche para asegurarse de que el pequeño está bien.

¿Al niño del siglo XXI se le cría en cautividad?
Sí, se le encierra en espacios interiores y se le traslada de un sitio a otro en el asiento trasero de un coche. Muchas escuelas de Suecia ya no dejan que los niños de 11 años vayan y vuelvan a casa en bicicleta solos.

¿Qué pasa?
Que cuanto menos hijos se tienen, más preciosos son y más se rechazan los riesgos; que los apretados programas que todos llevamos nos mantienen separados: cuanto más tiempo pasan juntas las familias, más fácil les resulta a los padres confiar en la capacidad de sus hijos de enfrentar los riesgos.

¿Y qué dicen los psicólogos?
Que cuando los niños están sobreprotegidos, es decir, cuando cada instante de su día está reglamentado y supervisado, la probabilidad de que de mayores sufran ansiedad y temores sube, y también el riesgo de que se busquen estímulos en las drogas, el sexo o la violencia.

Si el miedo paterno no se corresponde con la realidad, entonces, ¿cuál es el problema de los padres?
La pérdida de confianza en la capacidad de educar a nuestros hijos sin recurrir a los manuales. En realidad, todos conocemos a nuestros hijos mejor que nadie, pero la cultura del perfeccionismo nos insiste en que en algún sitio hay una receta perfecta para educarlos, y eso es un mito, una mentira.

La ONU advierte de que uno de cada cinco niños sufre algún desorden psicológico, y en Gran Bretaña cada 28 minutos un adolescente trata de suicidarse.
Estas cifras subrayan que el modelo actual de la infancia está fracasando, pese a que estamos invirtiendo más dinero, más energía y más tiempo en nuestros hijos que jamás en la historia. Hemos profesionalizado la paternidad, todo muy bien intencionado, pero no funciona. Para mantener el ritmo de ese exceso de actividad y exigencias sociales, los niños acaban medicados. El famoso Ritalin, un psicotrópico para frenar la hiperactividad, ha llegado a niveles epidémicos (más de seis millones de niños lo consumen en EE.UU.). Y hay un dato relevante: la depresión, la ansiedad infantil, el abuso de drogas y el suicidio son fenómenos más comunes en las clases adineradas que en las clases más humildes.

¿La presión?
Sí, sobre todo en las clases sociales adineradas, la niñez se ha transformado en una carrera contra reloj, y la paternidad ha pasado a ser un cruce de desarrollo de un producto y deporte competitivo, eso implica una presión aplastante y sofocante. Es algo que parte de la cultura del consumo y de que tenemos muchos recursos financieros para invertir en nuestros pocos hijos, que queremos convertir en niños alfa.

¿Habrá un punto medio?
En nuestra cultura parece que sólo hay dos caminos: o nuestro hijo va a la mejor universidad, toca el piano y es seleccionado por el mejor club de deporte, o es un desgraciado. Es una filosofía que afecta a todo, el cuerpo tiene que ser perfecto, las vacaciones, los dientes…, es una presión feroz. A muchos niños se les diagnostica déficit de atención e hiperactividad por motivos equivocados: en la actualidad, antes que cambiar el entorno donde vivimos, preferimos alterar nuestros cerebros para que se adapten al entorno. Consideramos la timidez, la tristeza, la duda, la culpa o la ira como enfermedad en lugar de rasgos inherentes a la condición humana. De hecho, cada vez más padres llevan a sus hijos de uno o dos años al psicoterapeuta para que les curen las rabietas.

Una cultura de mitos que empieza en el vientre de la madre…
El mito central es que si una cosa es buena para el niño, más y más pronto es mejor. El famoso efecto Mozart (unos investigadores averiguaron en los años 90 que escuchar música de Mozart mejoraba el razonamiento espacial de los universitarios) inundó las guarderías de música de piano, incluso los hospitales del estado de Georgia enviaban a todos los bebés a casa con un CD con piezas de Bach y Mozart. Resulta que ese efecto no dura más de 20 minutos y no hay prueba alguna de que afine el cerebro de los bebés.Qué decepción.
Lo mismo ocurre con los idiomas. Un niño es una esponja para los idiomas, pero eso no significa que una o dos horas a la semana de chino tenga algún impacto; es robarle tiempo de juego a los niños, qué si tiene impacto. Todos los estudios demuestran que los niños necesitan que el 30% de su vida esté dedicada al idioma que se quiere aprender.

Más mitos.
Los juguetes educativos que prometen muchos beneficios cognitivos al coste de 50 o 90 euros. Se ha demostrado que el juego básico, puro, sencillo, que hace un niño con un lápiz y un papel o una caja de cartón es mucho más fértil, sano y útil para su desarrollo cerebral. Pero hemos comprado la idea de que para que las cosas sean buenas tienen que costar más dinero, ser sofisticadas y llevar una marca. Existe una cierta arrogancia en esta generación, creemos que el mundo ha cambiado y que tenemos que cambiar la infancia.

¿Mentira?
Sí, no se ha producido ningún salto evolutivo, de hecho la evolución humana prácticamente se ha detenido porque hemos eliminado la selección natural. Dentro de un millón de años tendremos el mismo cerebro que tenemos hoy.

Volvamos a los efectos del exceso de control por parte de los adultos.
Los niños están continuamente vigilados, supervisados y medidos, con metas, objetivos y plazos. Normalmente oscilamos entre dos polos, por un lado hacemos demasiado por ellos, los ocupamos en exceso con actividades extraescolares; y en el otro polo no hacemos suficiente, es decir: no los educamos, no les ponemos límites, somos incapaces de decirles no, en casa les damos rienda suelta y hemos tirado por la ventana cosas importantísimas como la disciplina y las reglas que los niños necesitan para desarrollarse.

Si tus hijos nunca te han detestado es que nunca has sido padre, decía Bette Davis.
La línea se ha borrado. En esta cultura Peter Pan, nadie quiere envejecer, llevamos la misma ropa que nuestros hijos y queremos que sean nuestros amigos, pero en el desarrollo del niño es natural en un momento cuestionar al padre y a la madre, es como se autodefine como persona. Pero los psicólogos aseguran que ven muchos casos en que padres con una buena formación están criando a niños que con 7 años llevan el mando del hogar. Se nos ha repetido hasta la saciedad que una autoestima elevada es el trampolín para el éxito.

¿Y no?
Un reciente examen de 15.000 expedientes escolares concluye que una autoestima elevada no mejora siempre las notas ni las perspectivas laborales, ni pone freno al comportamiento violento. Elogiar a un niño sólo por su capacidad puede resultar negativo a largo plazo ya que ante las dificultades es más probable que abandone convencido de que su talento ha llegado al límite. Mejor elogiarlo por su esfuerzo, así obtiene una herramienta fundamental: puede perseverar.

Escoger una escuela para los hijos tampoco resulta fácil.
En países como Gran Bretaña, la moda por valorar públicamente a las escuelas ha impulsado una carrera por entrar en los cabezas de serie, dejando al margen cuestiones esenciales como si tanto esfuerzo, exámenes y comparaciones tiene un efecto positivo; si hace que los niños crezcan más sanos e inteligentes o si unas notas mejores hacen que los niveles escolares estén mejorando. En todo el mundo la respuesta de los educadores es que no. La clave de educar, decía Platón, es conseguir que quieran saber lo que tienen que saber. Aprobar exámenes no los prepara para el futuro.

¿Hay datos sobre eso?
Ahora estamos viendo la vanguardia de esta generación educada en este caldo de presión y tienen problemas para vivir en la sociedad porque el cordón umbilical con los padres nunca se corta y cuando tienen su primera entrevista de trabajo, pese a su brillante currículo, acaban llamando a su madre por el móvil para que ella y el entrevistador se aclaren. Los padres helicópteros planean por las universidades a las que mandarán a sus hijos, inspeccionan su habitación y fiscalizan al compañero. La falta de capacidad para cuidarse a sí mismo va más allá de la universidad, las empresas tienen días abiertos para padres, para que vayan a la oficina y estén seguros de que aquello es perfecto para su hijo.

¿Por qué este fracaso estrepitoso de la educación a nivel global?
Hemos heredado el modelo de educación del siglo XIX, cuando se necesitaba una mano de obra obediente y eficiente. Un modelo rígido, un currículo impuesto desde fuera, todo hay que cuantificarlo, las notas cuentan para todo, los niños deben dar las respuestas correctas. Pero vivimos en un mundo distinto, se necesitan personas flexibles, que trabajen en equipo, creatividad, invención. Por fortuna hay, cada vez más, sistemas educativos alternativos que van en esa dirección.

El modelo finlandés parece el más equilibrado.
Posee uno de los mejores índices de licenciaturas universitarias del mundo y goza de una economía dinámica llena de compañías muy creativas. A la vez, según el informe de Unicef del 2007, los niños finlandeses son los terceros más felices entre los países desarrollados. El sistema finlandés antepone las necesidades de los niños a los ambiciosos deseos de padres y burócratas; tiene sus puntos débiles, pero demuestra que los niños que empiezan en el colegio formal con 7 años pueden ser muy exitosos, no hace falta que empiecen en párvulos.

Un modelo muy relajado.
Sí, pasan menos horas en el colegio que cualquier otro sistema en el mundo, tienen menos deberes, y otra forma de evaluar el aprendizaje, basada en la autoevaluación y los informes de los profesores, que son muy elaborados. Fuera del colegio no existe la industria de clases particulares, por tanto los chicos tienen mucho más tiempo para relajarse y también para procesar lo que han aprendido en el aula. Los maestros tienen una formación genial y los padres y los burócratas les tienen confianza, no tienen que estar pendientes de lo que dice el Ministerio de Educación en cada momento, tienen libertad para trabajar con sus alumnos. Está muy bien que los alumnos aprendan tecnología suficiente e idiomas para enfrentarse al mundo, pero lo más importante es crear niños y luego adultos con pasión por aprender, descubrir, seres humanos completos.

Explica usted que Asia oriental obtiene las mejores notas del mundo en matemáticas y ciencia, pero no tienen ni los mejores científicos ni los mejores matemáticos.
Porque falta pasión por aprender, porque obtienen esas notas para mejorar sus currículos. Lo mismo ocurre con los deportes, hemos profesionalizado a los jóvenes y lo hacemos con mucha presión; el resultado es que cuando cumplen 14 años ya no vuelven a jugar porque han pasado años jugando horas y horas a la semana en un clima altamente competitivo; y lo mismo ocurre con el piano y el violín.

Ocho horas diarias en el colegio y además deberes para casa. ¿Tiene sentido?
La reflexión es la siguiente: si media hora a la semana de deberes puede ser productiva, dos horas tiene que ser más productivo y dos horas al día, más todavía. La mayoría de los deberes está mal concebida, no llevan a los niños a buscar otra dimensión, simplemente les hacen aburrir el aprendizaje. En Cargilfield, una prestigiosa academia privada para niños en Edimburgo, se eliminó en el 2004 los deberes hasta los 13 años y hubo un momento de pánico entre los padres que pensaron que sería un fracaso a nivel académico para sus hijos. La medida se tomó para alentar a los niños a asumir personalmente el control de sus estudios. En un año, las notas de matemáticas y ciencias aumentaron un 20%. Otro ejemplo es el de Toronto, Canadá, que este año ha cambiado su sistema de deberes porque la gente estaba ya estrangulada con tantas tareas para casa. Han puesto límites muy rígidos a los deberes. Creo que Toronto va a ser pionero, pero que le seguirán muchas otras regiones y países.

¿Qué dicen los psicólogos?
Existe consenso entre psicólogos, sociólogos y académicos en que hay que poner límites a los deberes; que tienen un papel importante a partir de los 11 años, antes incluso pueden perjudicar porque les quita tiempo para las cosas más humanas como es el juego, la invención y la creación.

Pero a veces en lugar de juego es tele.
Todo tiene su medida. En un informe muy influyente publicado en Pediatrics en el 2004, científicos estadounidenses concluyeron que cada hora de televisión que se mira al día entre las edades de 1 y 3 años aumenta en casi un 10% la posibilidad de un diagnóstico de déficit de atención y desorden de hiperactividad, pero estos estudios siempre tienen su contraestudio, debemos investigar más. Pero lo que es obvio es que niños que pasan entre cinco y siete horas al día –la media en EE.UU.– frente a una pantalla, se acostumbran a que las cosas acontezcan de forma instantánea y eso explica por qué a los niños les cuesta estar sentados en un colegio escuchando. No es una experiencia multimedia y se aburren.

¿Qué opina del mundo del consumo y de la publicidad para niños?
Es el ejemplo más egoísta de cómo los adultos han secuestrado la niñez. Los niños crecen valorándose a través de lo que tienen y no de lo que son o lo que pueden aportar a la sociedad y eso en el fondo es el vacío más profundo que hay.

¿Cómo un progenitor puede contrarrestar ese mundo de consumo?
Vivimos en una sociedad altamente mediática y tenemos que generar una cultura de análisis de los medios de comunicación para que no sean víctimas tan fáciles de estos mensajes. Y lo que está claro es que tenemos que dar ejemplo: no valorarnos a nosotros mismos por lo que tenemos. Países como Suecia y Noruega ya han prohibido los anuncios de televisión para niños de menos de 12 años.

Otro tema aterrador, la conciencia sexual infantil, en especial la de las niñas.
La sexualización, sobre todo de las niñas, es terrorífica. Hay minoristas que venden medias de red, sujetadores acolchados y bragas con mensaje de tallas mínimas, y en las papelerías venden libretas y lápices para niñas con el conejito de Playboy. Cuando una sociedad venera la inocencia de la infancia y al mismo tiempo arroja a sus niños al crisol sexual de la cultura pop, lo probable es que haya confusión o consecuencias más dañinas. Eso explica trastornos como los de la alimentación. En un estudio realizado hace poco en Australia, más del 70% de las niñas de 7 y 8 años dijo que desearía un cuerpo más delgado, y la mayoría creía que el hecho de perder peso aumentaría su aceptación. Un estudio del 2007 realizado por la Asociación de Psicología Norteamericana concluyó que la representación sexual de las niñas favorece la insatisfacción con el propio cuerpo, la depresión y la baja autoestima.

¿La agresividad preadolescente es la válvula de escape ante tanta presión?
Eso creo. Los agentes de esa presión son los padres, los maestros, la publicidad, los políticos, la sociedad en general. Esa presión para que se conviertan en lo que nosotros queremos que sean no les deja espacio para conocerse a sí mismos. Presionamos tanto a nuestros hijos que no les dejamos elegir su camino. Les entregamos una receta, un sendero y les decimos: seguidlo. Se trata de un estado de hiperexigencia en el que los políticos, la escuela, la publicidad se han metido en cada casa y eso todavía lo hace más difícil.

¿Qué podemos hacer los padres?
Hay que recuperar la confianza, dejar de lado el ruido, el pánico de fuera y buscar nuestro propio equilibrio. Todos los padres tienen la sensación de que están en la locura, pero todos tenemos miedo de dar el primer paso: “Si yo reduzco la presión, mi hijo fracasará”, así que es bueno conversar con otros padres y sumar. Pero mi conclusión es optimista, nos estamos dando cuenta que hemos perdido el norte y de que ha llegado el momento de agarrar el péndulo y devolverlo al centro.°